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Diario Expreso Ecuador

Sociedad indolente

Si los mafiosos matan a sus denunciantes durante un gobierno, el problema está en la política; si lo hacen en varios regímenes, el problema está en la sociedad

Los casos del general Gabela,Fernando Villavicencio y Mónika Silva develan una realidad alarmante en Ecuador: denunciar a las mafias se paga con la vida, mientras que la sociedad no reacciona.

Los casos del general Gabela,Fernando Villavicencio y Mónika Silva develan una realidad alarmante en Ecuador: denunciar a las mafias se paga con la vida, mientras que la sociedad no reacciona.Generada con IA

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Ha corrido mucha tinta sobre la tragedia de Mónika Silva, pero todo lo que se diga seguirá siendo insuficiente ante la indolencia colectiva. El escándalo del día desplaza al grito de ayer y la sociedad parece habituarse a mirar como parte del paisaje sucesos que revelan una podredumbre extrema. ¿Qué debe suceder para que la conciencia nacional salga por sus fueros? ¿Cuántas más voces incómodas deben ser silenciadas para que se admita que no hay país cuando la justicia no funciona?

Voces denunciantes que han sido silenciadas

Estamos ante un patrón espeluznante: el general Gabela se opuso a la compra de helicópteros Dhruv y fue asesinado durante el gobierno de Correa, cuyo relato, atribuyendo el crimen a la delincuencia común, marcó la condena a los ejecutores y dejó intocados a los urdidores. Era la época del fiscal bobalicón y servil, del contralor de lujo, de las sentencias prefabricadas, como aquella marca Chucky7 que le encajaron a El Universo. ¿Ha cambiado el sistema?

Fueron secuestrados y asesinados en 2018 Ortega, Rivas y Segarra, periodistas de El Comercio, y se les juntaron en el panteón sus colegas Gerardo Delgado, Mike Cabrera, Henry Vivanco en 2022 por destapar las cloacas de la mafia. Al periodista Robinson del Pezo, que incomodó a los traficantes de tierras en Santa Elena, le acribillaron a plena luz del día el año pasado y hace pocos días se encontró el cadáver de Monika Silva en su casa, en lo que parece ser el burdo montaje de un suicidio. Armada tan solo con su voz creíble y una voluntad inquebrantable, la activista polaca de pasaporte y ecuatoriana de corazón sacó a la luz los trapos sucios de las mafias, que la amenazaron y, por lo visto, cumplieron. Y la causa por el asesinato de Fernando Villavicencio, quien expuso los vínculos del crimen organizado con la política, no logra todavía sentar en el banquillo al núcleo intelectualmente responsable. La lista sigue.

Si los mafiosos gozan de impunidad y matan a sus denunciantes durante un gobierno, el problema está en la política. Si lo hacen durante varios regímenes diversos y hasta antagónicos, el problema está en la sociedad, está en todos y cada uno de los que eligen callar, de los que eligen vender y cobrar sin importar la oscura fuente del dinero, de quienes contemporizan con los advenedizos enfangados, de quienes votan anteponiendo, miopes y suicidas, su mezquina necesidad antes que sus principios, si los tienen.

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