El país que todavía podemos elegir
La independencia política no es suficiente. Ecuador necesita reglas estables, instituciones sólidas, educación e inversión para construir prosperidad

Ecuador conmemora un nuevo aniversario del Primer Grito de Independencia mientras enfrenta el reto de construir mayor prosperidad.
Existen países que parecen haber tenido suerte. La evidencia histórica sugiere otra explicación: lo que llamamos suerte suele ser el resultado de elegir bien y mantener el rumbo el tiempo suficiente para que esas decisiones den resultados.
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En vísperas de un nuevo aniversario del Primer Grito de Independencia, vale la pena preguntarnos qué significa hoy ser independientes. La soberanía política sigue siendo irrenunciable, pero no basta por sí sola. También depende de nuestra capacidad de crear oportunidades para las próximas generaciones.
El potencial de Ecuador sigue esperando
Esa idea la respalda A Century of Plenty, del McKinsey Global Institute. Sus autores sostienen que el siglo XXI podría convertirse en la etapa más próspera de la historia, siempre que las sociedades tomen las decisiones correctas. En el último siglo, el ingreso por habitante se sextuplicó y la pobreza extrema mundial cayó del 60 % a menos del 10 %. Ese progreso no fue un accidente: respondió a mejores instituciones, innovación, apertura económica y aumentos continuos de la productividad.
La pregunta no es si ese escenario llegará. La pregunta es si sabremos aprovecharlo. Dispone de abundantes recursos naturales y de una reconocida capacidad emprendedora. El desafío ha sido convertir ese potencial en inversión, productividad y crecimiento.
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Incluso en 2025, cuando la inversión extranjera directa alcanzó USD 1.299 millones (la mayor en seis años), Ecuador apenas captó una fracción de lo que recibieron Perú y Colombia. No obedece a una fatalidad geográfica ni a la escasez de recursos naturales, sino a las condiciones que ofrecemos para invertir.
Revertir esa realidad exige mucho más que buenos diagnósticos: reglas estables que generen confianza, instituciones que las hagan cumplir, una educación a la altura de las nuevas tecnologías y una visión nacional que trascienda los ciclos políticos.
El Primer Grito de Independencia nos recuerda que las grandes transformaciones toman tiempo. La prosperidad también. Dependerá de nuestra capacidad para pensar más allá de la próxima urgencia y construir desde hoy el país que todavía podemos elegir.