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Diario Expreso Ecuador

El dato que leemos al revés

Quito solo trata el 2,84 % de sus aguas residuales, por eso urge un plan de saneamiento con metas claras e inversión fija para frenar la crisis ambiental

Una meta sencilla para 2030: pasar del 2,84 % al 20 % de aguas tratadas. Un solo número, público, verificable, que no se puede maquillar con el clima.

Una meta sencilla para 2030: pasar del 2,84 % al 20 % de aguas tratadas. Un solo número, público, verificable, que no se puede maquillar con el clima.Archivo Expreso

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¿Cuánta del agua sucia que produce Quito recibe tratamiento antes de volver al río? Menos de tres litros de cada 100. En 2025 tratamos el 2,84 %, menos que el 3,44 % de 2023. Es el único indicador ambiental que va en reversa de forma sostenida. Ahora bien, hay un error de lectura que nos cuesta caro. En 2024 los incendios bajaron de 873 a 412 y lo celebramos; sin embargo, las hectáreas quemadas subieron de 1.743 a más de 2.500. Las inundaciones bajaron de 295 a 207, pero ese año llovió 25 % menos: no bajaron porque hicimos algo, bajaron porque no llovió. En 2025 volvieron a 288. Estamos leyendo como gestión lo que es variabilidad climática, y la suerte no es política pública. Otro ejemplo: el 42 % de los quiteños cree que el transporte público es la principal fuente de contaminación del aire y apenas el 21,4 % señala a los autos privados. Los datos dicen otra cosa. El Trolebús y la Ecovía perdieron 6 % de pasajeros en un año, mientras el parque automotor crece 4,2 % anual frente a una población que crece 0,6 %: siete veces más rápido. Le echamos la culpa del aire sucio al sistema que podría limpiarlo. Cabe decir que tampoco falta cultura ciudadana. El 56,7 % de los hogares ya separa su basura y el aprovechamiento sigue en 1,3 %: la gente separa y el sistema lo vuelve a mezclar. Y no es incapacidad municipal: Ambiente ejecutó el 94,7 % de su presupuesto. El tema es que recibió $ 8,7 por habitante y Movilidad $ 92,6.

Soluciones para contrarrestar la contaminación

¿Soluciones? Tres, concretas. Primero, un plan de saneamiento con meta en ordenanza -no en plan de gobierno- y plata en fideicomiso, como el Fonag, que lleva 20 años justamente porque no depende del presupuesto anual. Segundo, medir daño y no eventos: reportar hectáreas quemadas, no número de incendios. Tercero, cerrar el círculo de lo orgánico: el 50,5 % de lo que enterramos es comida, y pagamos USD 63 por tonelada para enterrarla. Una meta sencilla para 2030: pasar del 2,84 % al 20 % de aguas tratadas. Un solo número, público, verificable, que no se puede maquillar con el clima. Si lo logramos, será el mayor cambio ambiental de la década.

veronica@ariascabanilla.com

Fuentes: Quito Cómo Vamos, Informe de Calidad de Vida 2025 (datos 2024); paquete de datos TANDEM/QCV eje Medio Ambiente, serie 2019–2025 (Epmaps, Secretaría de Ambiente, Sgscgr, Bomberos Quito); Encuesta de Percepción Ciudadana 2026.

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