El milagro del río Han
El milagro económico de Corea del Sur ofrece lecciones clave para Ecuador: planificación estatal, continuidad de políticas y fin de la improvisación

En pocas décadas Corea del Sur se convirtió en una economía de altos ingresos y potencia tecnológica. Esa transformación se conoce como el “milagro coreano” o “el milagro del río Han”.
Visité Corea del Sur hace poco. El viaje me dejó dos cuestionamientos: cómo logró semejante transformación económica en tan poco tiempo y hacia dónde se dirige una juventud sometida a una exigencia despiadada. Me concentro en lo primero.
La guerra de 1950-1953 devastó la península y consolidó su división en dos países. Corea del Sur quedó empobrecida, sin grandes recursos naturales y dependiente de ayuda internacional.
En pocas décadas se convirtió en una economía de altos ingresos y potencia tecnológica. Esa transformación se conoce como el “milagro coreano” o “el milagro del río Han”. Hoy, su ingreso PIB por habitante supera USD 36.000 anuales, cinco veces el de Ecuador; las exportaciones representan el 44 % de su economía y destina el 5,1 % del PIB a investigación y desarrollo, casi el doble del promedio de países desarrollados.
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Pero no fue un milagro. Fue el resultado de decisiones sostenidas. Inversión en educación y capacitación; planificación estatal de largo plazo; industrialización orientada a exportaciones; financiamiento y apoyo a empresas condicionado a resultados; infraestructura; adopción de tecnología extranjera y reinversión en innovación.
Empezó exportando textiles y manufacturas sencillas. Luego produjo acero, barcos, automóviles y electrodomésticos. Finalmente llegó a semiconductores, baterías y telecomunicaciones. Fabricó, mejoró e innovó.
Lo excepcional fue la continuidad. Los gobiernos cambiaron, pero el país mantuvo por generaciones una dirección estratégica. El modelo tuvo sus costos. Autoritarismo, largas jornadas laborales, enorme presión educativa y concentración de poder económico en conglomerados como Samsung, Hyundai y LG.
Ecuador tiene recursos y talento, pero vuelve a comenzar con cada gobierno. Cambia las reglas, desmonta lo anterior y promete otra refundación. Habla de educación, producción, exportaciones y tecnología como políticas separadas. Corea las convirtió en eslabones de una misma cadena que sostuvo durante generaciones.
Necesitamos acordar prioridades nacionales, exigir resultados y sostenerlas más allá de gobiernos e ideologías. Los países no cambian por milagros, sino cuando dejan de improvisar su futuro.