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Diario Expreso Ecuador

El Mundial de Infantino

Que la gente pague no significa que el precio sea justo: significa que el fútbol es… el fútbol. El Mundial sigue siendo la fiesta más hermosa del planeta

Los precios de los boletos han vuelto a este Mundial de Fútbol el más excluyente de su historia.

Los precios de los boletos han vuelto a este Mundial de Fútbol el más excluyente de su historia.CHATGPT

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El fútbol nació en la calle, pero el Mundial 2026 se juega detrás de un torniquete que cobra según cuánto estés dispuesto a sufrir. Cuando le preguntaron a Gianni por los precios de las entradas, los más altos en la historia, el presidente de la FIFA respondió que, si alguien pagaba esas cifras, él le invitaba el hotdog y la cola. O sea, el hincha pone 11.000 dólares por una entrada de Categoría 1 para la final e Infantino le pone la salchicha. Cada uno aporta lo que puede.

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Por primera vez la FIFA tomó el control directo de la boletería y estrenó los “precios dinámicos”. Un algoritmo que sube el costo en tiempo real según la demanda. En pocas palabras, te cobran por tu ansiedad. En Qatar 2022, una entrada de fase de grupos costaba entre 70 y 220 dólares. En 2026, partidos de esa misma fase superaron los 1.900 dólares en venta oficial. Para la final, la categoría más barata subió a 5.785 dólares. Cuando Estados Unidos, México y Canadá presentaron la candidatura, prometieron que la final costaría, máximo 1.550 dólares. Claro, se trataba de calificar.

Pero el algoritmo era solo el principio, la FIFA también montó su propia plataforma de reventa, esa práctica que durante décadas volvió infractores a los que merodeaban fuera de los estadios intentando la venta de última hora, a la baja o alta, dependiendo. Ahora la administra la misma FIFA y cobra 15% de comisión al que vende y 15% al que compra. 

Es decir, gana dos veces con el mismo asiento. El revendedor de antes era un delincuente, el de ahora es parte de un modelo de negocio. Según la estimación oficial más moderada, 2.900 millones de dólares solo en boletos, casi el triple que hace cuatro años en Qatar. 

Por eso, Fiscales de Nueva York, California y Texas investigan las estrategias de venta y congresistas le escribieron a Infantino advirtiendo que este podía ser el Mundial más excluyente de la historia moderna. Éste solo contestó: si vendemos mal, entonces todos en Norteamérica venden mal. El común “todos lo hacen”.

El globo de ensayo fue el Mundial de Clubes de 2025, también en Estados Unidos, donde el algoritmo debutó triplicando precios en horas para luego desplomarlos por debajo del parqueadero. A Infantino le pareció un éxito y decidió repetirlo a escala planetaria. En este Mundial hubo boletos de reventa que llegaron a venderse en 6,94 dólares para partidos de baja importancia, mientras la final rozó los 33.000 dólares en el mercado. El mismo torneo, la misma FIFA, solo cambia cuánta desesperación detecta el algoritmo a los hinchas.

Y, por si fuera poco, para miles de hinchas el obstáculo no fue el precio sino las oficinas de migración. Las restricciones de Estados Unidos dejaron en el aeropuerto a aficionados de medio mundo; se llegó a exigir fianzas de hasta 15.000 dólares para ingresar, medida suspendida recién a un mes del torneo. La propia FIFA admitió que tener boleto no garantiza visa, o sea, te vendo la entrada, pero no te garantizo la puerta. En el fútbol eso se llama “experiencia mundialista” pero merece otro término.

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Los estadios se llenaron. La gente pagó, viajó, sudó y volvió a pagar. Y él exhibirá esos llenos como prueba de éxito, confundiendo, a propósito, resignación con demanda. Que la gente pague no significa que el precio sea justo: significa que el fútbol es… el fútbol. El Mundial sigue siendo la fiesta más hermosa del planeta. Solo que ahora la organiza alguien que cobra la entrada, cobra la reventa de la entrada, cobra comisión por cobrar, y encima espera que le agradezcamos el hotdog. Es la experiencia que nos queda.

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