Joaquín Hernández | La guerra sin fin
Trump había dicho que se hallaba en negociaciones con Teherán y que había mejores interlocutores para llegar a un acuerdo
El pasado jueves, horas antes de la conferencia de prensa del presidente Donald Trump, la situación de la guerra que se libra entre EE.UU., Israel e Irán, más los demás actores obligados a participar en dicha contienda, era indefinible. ¿Qué va a pasar en las próximas semanas? Era una pregunta imposible de responder con la información existente. Se hablaba, por una parte, de que en breve plazo EE.UU. daría por terminada la confrontación armada, sin preocuparse del cierre del estrecho de Ormuz, la posesión de los iraníes de los yacimientos de uranio enriquecido o la permanencia en el poder de la teocracia que gobierna el país; es decir, sin haber resuelto algunos de los principales objetivos que llevaron a la invasión. Por otra, en cambio, se aseguraba la preparación y próxima ofensiva terrestre, concretamente con el envío de tropas para atacar la isla de Jarg, principal terminal de exportación del 90 % del crudo iraní. Para ello se anunciaba la intervención de la trigésima primera unidad de marines (unos 2.500 soldados), más 2.000 paracaidistas de élite de la famosa 82. ª División Aerotransportada del Ejército, además de otras fuerzas que se irían añadiendo. En breves palabras, no sabíamos si nos encontramos en los días previos al fin de la guerra por el retiro de EE.UU. de la contienda, o más bien en su continuación en una escalada más fuerte. Irán ha negado que se encuentre en negociaciones y afirma que está preparado para enfrentar y hacer pagar caro a los estadounidenses una ofensiva terrestre. Todo depende de lo que cada uno entienda por victoria.
Anteriormente, el presidente Trump había dado dos días de plazo al gobierno iraní para abrir el estrecho de Ormuz a la navegación internacional. Posteriormente lo amplió a cuatro y finalmente abrió un nuevo plazo hasta el 6 de abril. Estamos en ese plazo. En este ínterin, Trump había manifestado que se hallaba en negociaciones con Teherán y que había ahora mejores interlocutores para llegar a un acuerdo. Pero simultáneamente dejaba también claro que si el gobierno iraní no cedía a las condiciones planteadas, vendrían ataques que harían retroceder a la edad de piedra a ese país.
El discurso de Trump volvió sobre lo mismo. Definió a la campaña como un éxito y que el conflicto estaba cerca de su fin. Pero a la vez amenazó con profundizar los ataques en las próximas dos o tres semanas. Seguimos en espera.