Impunidad

  Columnas

Impunidad

De ser el caso, parece que se han claudicado principios y se ha apostado al corto plazo, permitiendo que a lo lejos retumben los tambores desde el ático

Finalmente, lo impresentable se presentó. Los acuerdos bajo la mesa empiezan a resurgir, se destapan las cloacas. A lo lejos, los techos del ático retumban con la música que se escucha hasta los páramos más recónditos, todo es fiesta. El descaro ha triunfado, la impunidad se ha institucionalizado y la Asamblea da nuevamente muestras de podredumbre. Entre gallos y medianoche 99 voluntades hicieron "tabula rasa" de los sucesos de octubre de 2019, arrancando 268 almas del purgatorio político, lavándoles la cara y permitiéndoles distorsionar la narrativa, y liberando de toda culpa a los miembros de la FaRC (Familia Revolución Ciudadana) y los Pachakutik.

Así, siguiendo el libreto diseñado desde lo más profundo de la ALBA, que en Bolivia busca devolver al poder a Evo y en Brasil a Lula, se va delineando el camino para el retorno desde el ático.

¿Qué es lo que se ha jugado en la Asamblea con esta amnistía? Hasta los más acérrimos detractores del gobierno de la infamia, con aires de perplejidad, solo atinaban a decir "nos acorralaron", "estaba en juego la estabilidad de la Asamblea Nacional". ¿De qué se habla, a qué se refieren exactamente? ¿Cómo pudo el bloque de Gobierno junto a sus aliados independientes poner 19 votos para permitir que se perpetre semejante barbarie? Y por último, ¿qué se recibió a cambio?

Toda la atención se centraba en salvar la cabeza de la presidente de la Asamblea Nacional, Guadalupe Llori, para así evitar perder el manejo, no solo en la Asamblea, sino en el CPCCS y otros órganos de control; y no puede ser coincidencia que horas antes la oposición no haya logrado los votos para semejante fin. Parece ser esta otra victoria pírrica, como aquella que se logró en noviembre del año pasado al aprobar la Ley para el Desarrollo Económico y Sostenibilidad Fiscal tras la Pandemia COVID-19 y que se aprobó por el ministerio de la ley, con la abstención cantinflesca de los UNES. ¿Existirá alguna relación entre esto y aquello? ¿Fueron estos 19 votos el precio a pagar por la estabilidad y la gobernabilidad?

De ser el caso, parece que se han claudicado principios y se ha apostado al corto plazo, permitiendo que a lo lejos retumben los tambores desde el ático.

La amnistía otorgada libra de toda culpa y responsabilidad a quienes incendiaron Quito, a quienes secuestraron policías y agredieron a periodistas, a quienes caminaban por las calles propagando el miedo a su paso, a quienes de forma expresa quisieron desestabilizar y tumbar al gobierno a cualquier costo, ocultos bajo el estandarte de la protesta social. Ahora ellos pueden caminar por las calles como si nada hubieran hecho, sin grilletes, sin procesos investigativos y exigiendo el perdón que otorga la amnistía, y muy pronto reeditando la narrativa de los hechos, buscando victimizarse y seguramente hasta reclamando un resarcimiento por la represión sufrida, por haber sido vejados y estigmatizados, con un cinismo absoluto.

Sin embargo, la amnistía no los convertirá en no violentos y como criminales comunes, volverán a cometer los mismos crímenes. Y mientras el presidente critica la gestión de la Asamblea, la reacción del Gobierno resulta extemporánea.