Veneno en las redes

  Columnas

Veneno en las redes

Cuánta violencia generan titulares como “se filtra video con tres en la cama en plena masacre”

No es novedad que algunos espacios (mal llamados programas) en internet se hayan vuelto un nido de calumnias. Con la excusa de que no hay regulación en redes sociales, pseudoperiodistas utilizan el sensacionalismo y el amarillismo para construir historias que dañan la imagen de las personas. Claro, están aupados por el impávido sistema judicial que hace oídos sordos a las denuncias, y deja que estos seres digan lo que sea con tal de ganar seguidores, recibir ‘likes’ y lograr auspicios.

Cuánta violencia generan titulares como “se filtra video con tres en la cama en plena masacre”, que más allá de ser retorcido y asqueroso, es profundamente misógino… y es que si hay un video de una mujer con otras tres personas en la cama, ¿por qué no se habla de los hombres que también están ahí? ¿Cuántas mujeres más serán víctimas de esta violencia machista?

La historia de Érika Vélez es solo una de las cientos que estos medios digitales han disparado. No ha sido la primera y seguramente tampoco la última, porque cuando se denuncia este tipo de violencia de género se quedan estancadas en los escritorios de la Fiscalía. Y pasan desapercibidas, porque siempre hay cosas más urgentes, provocando que nos acostumbremos a estos ataques cibernéticos. Estamos olvidando que la violencia que vivimos en las calles también está presente en las palabras que escribimos y leemos en las redes. No vemos el daño que pueden causar no solo en Érika, sino en las miles de mujeres que son víctimas de mentiras creadas alrededor de su nombre, y que por miedo guardan silencio. El poder judicial -nuevamente- nos está fallando.

Deberíamos tener un sistema que nos proteja a todas por igual. No nos olvidemos de Gisella Bayona, de Connie Garcés, de María Luisa o Verónica, y todas las que también fueron víctimas de miserables, de esos que son famosos en las redes, pero en la vida real se esconden.

Ojalá no les rebote en la cara la consecuencia de esta violencia sin límites. Esta clase de ‘bullying’ puede orillar a cualquiera a graves problemas de salud e, incluso, a la muerte.