El futuro inmediato de Guayaquil
El abandono municipal y las malas decisiones operativas deterioran la ciudad y hunden el turismo y el comercio en Guayaquil, víctimas de la mala administración

En cada cierre vial mal pensado, se le quita el parqueo al cliente fijo de un domingo, reemplazándolo por un público flotante que no consume igual en los locales de la zona.
Vivo en Guayaquil y camino su Malecón lo suficiente como para saber que la ciudad no se explica desde un despacho de administradores que ven la ciudad solo como oficina. Por eso me da una risa amarga cuando la autoridad, casi siempre ausente del barrio que administra, explica el cierre de negocios con el acostumbrado eufemismo de: “no hay público”, “es peligroso”. Es la respuesta fácil de quien no conoce lo que administra. Ciertas zonas de cantones vecinos con una incidencia delictiva mayor que muchas zonas turísticas de Guayaquil, sostienen sin embargo una activa vida nocturna. Y hay zonas de esta propia ciudad que, pese al abandono municipal, funcionan bastante bien por su propia cuenta, porque el problema no es la gente. A veces ni siquiera es el sector: es la administración. Es dejar a medias la limpieza, a medias la atención prioritaria de las personas sin hogar. Todos esos frentes quedaron mal parados, dando la sensación general de abandono.
Cuando la autoridad ignora la realidad del espacio público
A pocas calles del Malecón hay restaurantes que por cuenta propia funcionan bien, curiosamente donde ningún funcionario metió mano hasta, que el error se repite en cada cierre vial mal pensado: activaciones que bloquean calles sin entender a quién le conviene, que le quitan el parqueo al cliente fijo de un domingo y lo reemplazan por un público flotante que no consume igual en los locales de la zona. En la Panamá, ese mismo desconocimiento metió conciertos masivos sin planificación y control: el propio Municipio admitió que hubo vendedores informales adulterando bebidas sin control. El resultado: ventas caídas hasta un 70 % .
Guayaquil
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Y en esas mismas zonas uno nota las farolas a medio encender, los agentes municipales que ya no se ven como antes. Nadie elige autoridades para que le echen la culpa al “destino”: la culpa es de la mala administración, y ahí están, como prueba, los dos malecones con signos de descuido y deterioro.
El futuro de nuestra ciudad, amigos, es apenas un mesero pasándote la cuenta del pasado. Y nuestro pasado inmediato nos está cobrando factura en el abandono y el descuido de nuestros espacios públicos.