La edad invisible
El cuidado del adulto mayor es equiparable al de la infancia, pero con costos mucho más altos, y además exige proporcionarles compañía y estímulos

Los centros de estimulación para el adulto mayor son cada vez más frecuentes. Se ha visto que uno de los mayores factores de deterioro a partir de los 70 es la soledad.
Siempre pensamos que la población más vulnerable son los niños: indefensos, sin voz y necesitados de nuestro cuidado. Pero quizás hay otra población que requiere igual atención: el adulto mayor. Esta población demanda casi el mismo tiempo de cuidado que dedicamos a los bebés en su infancia, pero con gastos significativamente más altos. Se concentran en medicinas, asistencia médica, enfermería y personal de cuidado. A diferencia de los bebés, que principalmente son cuidados por sus padres, el adulto mayor carece de una sola figura de cuidado, y el abandono en esta edad obliga a costear cuidado profesional.
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Lina Zambrano
Otra similitud entre el adulto mayor y la infancia es la dinámica del cuidado. La alimentación, el control de esfínteres, dormir y vestirse son tareas que se vuelven titánicas tanto para un bebé de dos años como para un adulto mayor con independencia limitada.
El adulto mayor requiere más que solo cuidados básicos
En una revisión de 52 estudios en 28 países se estimó que una de cada seis personas de 60 años o más sufrió alguna forma de maltrato en el último año, y con frecuencia ese maltrato proviene de quienes deberían cuidarlos. Es un maltrato silencioso, menos llamativo, que no se atiende con la misma seriedad que cuando se trata de un niño.
Los centros de estimulación para el adulto mayor son cada vez más frecuentes. Se ha visto que uno de los mayores factores de deterioro a partir de los 70 es la soledad. Con movilidad reducida y menos energía, las personas mayores tienden a ser muy sedentarias y a quedarse en casa, irónicamente cuando lo que más necesitan es salir, conversar, ver gente y mantener una mente activa. El adulto mayor no solo necesita cubrir sus cuidados básicos: necesita compañía, estimulación, conversaciones; necesita tener ilusión de vida. La soledad es un riesgo clínico medible, no solo un estado de ánimo. Estos centros sociales, educativos y de recreación, más que un lujo, deberían ser una inversión de salud pública que proteja a la creciente población mayor de nuestra sociedad.