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Diario Expreso Ecuador

 

Una prueba o evaluación necesaria

El síndrome se caracteriza por la inmadurez en aspectos psicológicos y sociales

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El respeto al pensamiento de los demás debe ser norma indiscutible en una sociedad que se dice democrática. Sin embargo, cuando las señales de tal pensamiento se traducen en palabras y acciones no compadecidas con las normas establecidas deben causar sincero rechazo, aunque sin tosquedad aunque ello lo amerite.

Todos conocimos a Peter Pan, personaje ficticio creado por James Matthew Barrie, de la obra estrenada en Londres en 1904 llamada ‘Peter Pan y Wendy’. Amena e instructiva, ha dado paso en la actualidad al llamado ‘síndrome de Peter Pan’, aceptado en la psicología desde la publicación del libro ‘El síndrome de Peter Pan: (los hombres que nunca crecieron)’, cuyo autor fue Dan Kiley. Este particular síndrome hace que los sujetos nunca crezcan mentalmente, aunque su crecimiento físico sigue, lo cual ya es un problema extenso en la sociedad moderna posindustrial.

El síndrome se caracteriza por la inmadurez en aspectos psicológicos y sociales. La personalidad es inmadura y narcisista. El sujeto dependiente crece, mas no madura. Su representación internalizada es el paradigma de su infancia, que se mantiene. Las características de los afectados incluyen algunos rasgos de negación de la realidad, irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, arrogancia, dependencia, negación del envejecimiento y la creencia de que se está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas, lo que se reconoce como una armadura defensiva para protegerse de su inseguridad, miedo a no ser queridos y aceptados.

Se dice que este padecimiento se da por no haber vivido una infancia normal, por haber trabajado desde edades demasiado tempranas o por otros motivos. Se afirma que existen cuatro variantes: intelectual, narcisista, seductor y servicial.

Sin ánimo de molestar a nadie, y menos a varios ‘honorables’, opino que es perfectamente ineludible la valoración de la personalidad de quienes, en ocasiones de manera atrevida, se presenten a dirigir los destinos patrios cuando ni siquiera se conocen a sí mismos, como expresara el sabio griego Sócrates.

Ricardo López González

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