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Diario Expreso Ecuador

Los laboratorios de la próxima guerra

#ANÁLISIS | ¿Alguna vez les llamó la atención la insistencia de Donald Trump con Groenlandia?Para muchos fue una ocurrencia más

Las grandes potencias observaban cómo el deshielo del Ártico comenzaba a abrir nuevas rutas marítimas.

Las grandes potencias observaban cómo el deshielo del Ártico comenzaba a abrir nuevas rutas marítimas.EXPRESO

Fernando Insua Romero
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¿Alguna vez les llamó la atención la insistencia de Donald Trump con Groenlandia? Para muchos fue una ocurrencia más. Sin embargo, detrás de aquella idea existía una lógica que iba mucho más allá de la anécdota reducida a un “arrebato de locura”. Mientras la mayoría del mundo discutía otros asuntos, las grandes potencias observaban cómo el deshielo del Ártico comenzaba a abrir nuevas rutas marítimas, facilitar el acceso a recursos naturales y transformar una región congelada en uno de los espacios estratégicos más importantes del siglo XXI.

Las noticias tienen una curiosa capacidad para hacernos creer que el mundo gira alrededor de los temas que ocupan las portadas. Hoy pareciera que la geopolítica se resume a Ucrania, Gaza o Taiwán. Son conflictos importantes, pero quizá el tablero es mucho más grande de lo que creemos.

No sería la primera vez. En los años noventa, Afganistán parecía una tragedia lejana. El mundo estaba pendiente de la caída de la Unión Soviética, de la reunificación alemana y de las guerras de Yugoslavia. Sin embargo, mientras la atención internacional se concentraba en otros lugares, la guerra civil afgana permitía el ascenso del Talibán y convertía aquel territorio en refugio de organizaciones que pocos años después cambiarían la política mundial con el 11 de septiembre.

Invasiones generalizadas

Algo parecido ocurrió durante la pandemia. Mientras la humanidad contaba contagios y confinamientos, Armenia y Azerbaiyán libraban una guerra por Nagorno Karabaj. Para muchos fue apenas una disputa regional. Sin embargo, numerosos ejércitos siguieron aquel conflicto con enorme atención. Allí aparecieron drones destruyendo blindados, vigilancia permanente sobre el campo de batalla e inteligencia en tiempo real. Pero quizá la lección más importante fue otra. Azerbaiyán logró modificar una realidad territorial por la fuerza sin provocar una reacción decisiva de las grandes potencias, fue cuestión de poco tiempo para que el mundo se llene de invasiones generalizadas porque se sabía que la capacidad de disuasión de los organismos fue pulverizada.

Hoy en el cuerno de África, Etiopía busca una salida al mar mientras Somalia intenta consolidar su posición internacional. Detrás aparecen puertos, corredores comerciales y una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Lo que hoy parece una disputa local podría terminar alterando el equilibrio de una región por donde circula una parte significativa del comercio mundial. Tal vez estamos viendo la construcción de un nuevo Ormuz sin darnos cuenta.

En Sudán, una devastadora guerra civil se libra alrededor del control del Estado, pero también de puertos sobre el Mar Rojo, minas de oro y posiciones estratégicas que atraen el interés de actores externos, tan extraño es el escenario que hay milicianos de Ucrania y Rusia peleando recursos en esa guerra. Más al sur, en el este del Congo, milicias y gobiernos vecinos disputan territorios ricos en coltán, cobalto y otros minerales indispensables para baterías, teléfonos móviles y buena parte de la economía tecnológica moderna.

Organizaciones vinculadas a Al Qaeda

En el Sahel, desde Mali hasta Níger y Burkina Faso, organizaciones vinculadas a Al Qaeda y al Estado Islámico desafían a gobiernos militares mientras distintas potencias intentan mantener o ampliar su influencia. Lo que durante décadas fue considerado un espacio de influencia francesa atraviesa una transformación acelerada. Bases militares han cerrado, gobiernos aliados han caído y amplias zonas escapan al control efectivo de los Estados. Algunos analistas ya se preguntan si partes de esta región podrían convertirse en uno de los principales refugios del yihadismo internacional durante las próximas décadas.

Y en Myanmar se desarrolla una guerra civil que rara vez ocupa titulares, pero que ha redefinido la forma de “hacer” una guerra civil, están ensayando drones, guerra electrónica, inteligencia descentralizada y nuevas formas de combate a bajo costo que probablemente volveremos a ver en otros escenarios y tal vez en el nuestro. Myanmar se ha convertido en uno de los laboratorios militares más importantes del mundo contemporáneo.

Tal vez la próxima gran sorpresa geopolítica no nazca donde están las cámaras. Después de todo, tampoco nacieron allí el Afganistán Talibán del 96, Nagorno Karabaj o el conflicto Kurdo, ni muchas de las crisis que terminaron cambiando el mundo, les invitó a explorar esta época trascendental que estamos viviendo con nuevos y curiosos ojos.

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