Cómo hablarles a los hijos sobre la violencia del país sin quitarles la esperanza
Hablar con honestidad sobre la inseguridad ayuda a los niños a comprender la realidad, fortalecer su criterio y construir resiliencia

Es indispensable hablar de ciertos temas, como la violencia ciudadana, con los más pequeños
Lo que debes saber:
- Hablar con honestidad fortalece la confianza y les ayuda a comprender el entorno en el que viven.
- La realidad puede explicarse sin alarmar, adaptando el mensaje a la edad y madurez de cada hijo.
- Los niños deben reconocer que la realidad de hoy contribuye a formar su criterio responsable.
Los momentos de paz y calma son la excepción. Quizás en Sudamérica esto nos parezca raro, porque somos un continente joven, con una historia menos larga que la europea. Las guerras que nos han marcado son las de independencia, que son motivo de orgullo y celebración. No hemos tenido generaciones de niños que han crecido en medio de guerras, como los ingleses que tuvieron que desplazar a sus hijos fuera de Londres durante el bombardeo alemán.
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La violencia general en nuestro país ha sido política y por periodos cortos. Por primera vez, la violencia deja de ser la excepción y se ha vuelto un problema constante. ¿Qué hacer con los niños? ¿Cómo hablarles de lo que sucede? La pregunta debe hacerse porque, a diferencia de los ingleses, no podemos desplazarlos mientras el narcotráfico opere en Ecuador.
No es fácil decirle a un niño que vive en un país donde los criminales han logrado imponerse sobre la ley. Tampoco es sencillo responderle que no cuando pide una bicicleta, porque resulta demasiado peligroso salir a descubrir el mundo que lo rodea. Significa también privarlo de la ilusión de que el exterior es tan seguro como su hogar. Pero hay que hacerlo.
La verdad también es una forma de protección
Protegerlos de la verdad puede causarles un daño más grave que el miedo a la violencia en sí. Quizás la generación de los adultos de hoy fue demasiado protegida de realidades que nos han llevado a donde estamos. ¿Por qué cometer los mismos errores con la generación que viene? Los niños pueden escuchar la verdad tanto como un adulto. Se les pueden ahorrar los detalles morbosos, pero no el fondo: no viven en un país seguro.
Ser claros tampoco es fácil por lo que esto genera en los adultos. Los padres gozan de la posición de ser garantes de la realidad para sus hijos. Decir la verdad sobre la violencia es aceptar que hay partes del mundo sobre las que no se tiene control. Es admitir que no se tiene todo lo necesario para ofrecer la seguridad y la paz que se quisiera dar.
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Confiarles la verdad sobre nuestro país es, en parte, la admisión de una falta colectiva. Fuimos toda una generación la que eligió mal en las urnas durante tantos años. Quizás los que vienen elegirán mejor porque sus padres les hablaron con claridad y no les maquillaron la realidad.