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Diario Expreso Ecuador

Entre pozos y sombras: la leyenda de ‘La Mujer Grandota’ en Santa Elena

Una inquietante leyenda de la tradición oral de Santa Elena revive el temor infantil a través de la figura de ‘La Mujer Grandota'

La figura de “La Mujer Grandota” acecha la noche en una recreación visual de la leyenda de Santa Elena.

La figura de “La Mujer Grandota” acecha la noche en una recreación visual de la leyenda de Santa Elena.Imagen generada con IA

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Al ocaso de la tarde solían verla sentada junto a los bordes de los pozos que cavaron sus antecesores en los perímetros de Santa Elena, jugando con pequeños niños con agua y lodo o confeccionando coronas con flores de muyuyo que se colocaba en su pecho y cabeza. Muy bonita, de cabellera corta, nariz aguileña, cejas espesas, ojos achinados. La contextura alta de su cuerpo causaba temor en los pequeños. Ella vestía piezas de cueros de venados para cubrir partes de su cuerpo, solía desplazarse en oscuras noches por las principales calles de la ciudad.

El acecho nocturno

En busca de niños llorones, se avistaba la presencia de ‘La mujer grandota’ cuando se escuchaba el trinar de un perico ligero o el paso escurridizo de un venado de pocas semanas de nacido. El sonar del canto de una caracola también era señal de que había iniciado su recorrido en busca de niños mañosos a quienes sí los alcanzaba los colocaba en una franja o saco de yute que llevaba en su espalda. Los niños tenían que dormir pronto para evitar ser asustados por ‘La mujer grandota’; muchos aseguraban que ella miraba por las ventanas con un solo ojo. Sus manos solo cabían por puertas y ventanas. Ella descansaba en su recorrido en el árbol de tamarindo, jugando con su perico y venado, cantando sones alegres. La población oscura al amanecer brisando, descubría el paso de la descomunal mujer, que dejaba las huellas de sus pies grandes, y en las paredes de las casas de caña las marcas de sus enormes manos. Las luces de las casas se apagaban temprano y las calles se quedaban vacías. En las habitaciones se solicitaba a los infantes un completo silencio, para no llamar la atención de la alta mujer. E ladrar de los perros o el maullido de los gatos en pelea alteraban la calma, sin dejar de escuchar el cantar de la lechuza o el paso y de la Chiriquima, anunciando mal presagio.

En cierta ocasión fue perseguida por un grupo de bohemios que se apostaban a beber bajo el ceibo. La persiguieron por varias calles sin ser alcanzada.

El misterio de los pozos

‘La mujer grandota’ se esfumó entre los pozos de agua dulce, dejando un fuerte aroma a palo santo. Al apostarse los borrachos al borde de un pozo solo descubrieron peces brillantes y ojos de agua emanando vapor de cálido aroma, asegurando que ‘la mujer grandota’ sale cada noche de los pozos que están al borde de la cuidad. 

Evelio Patricio Reyes Tipán

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