Un oficio inútil
En vano, porque a ellos ya nadie los admira, pocos los leen, contados los conocen
Una vocación muy apreciada en el pasado fue la de escribir sobre historia, poesía, filosofía, la cual, en los tiempos actuales, es un oficio inútil.
En estos días a muy pocos les interesan los sucesos trascendentales de la civilización; expresar con palabras las emociones y los sentimientos; hacer preguntas y responder a las interrogantes fundamentales de la humanidad.
Así, en este desierto intelectual en el que vivimos, apenas sobrevive un puñado de ilusos trasnochados, famélicos perros abandonados, aullando por las noches a la luna; solitarios ratones de biblioteca todavía escarbando en papiros y piedras milenarias los ignotos vestigios del ayer; iluminados ciegos balbuceando necios las respuestas a las eternas preguntas sobre la vida, la muerte y el destino.
En vano, porque a ellos ya nadie los admira, pocos los leen, contados los conocen.
El oficio que ejercen es, a todas luces, inútil y anacrónico en este caótico y desquiciado planeta del agonizante siglo XXI.
Teófilo Villón Barros