Libertad y ética: por qué elegir también implica asumir responsabilidades
La libertad de expresión y la protesta pacífica son derechos esenciales para una democracia que escucha a sus ciudadanos

La libertad implica la capacidad de elegir y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
El ser humano, desde el momento de su llegada al mundo, está dotado de una serie de facultades únicas que nadie puede quitarle, que puede desarrollar permanentemente y que fundamentan su dignidad humana.
Hay ciencias que se estudian por interés, otras para aprender una destreza, utilizar algo o conseguir un trabajo. Abundan los conocimientos que, aunque útiles, no son indispensables para vivir. Como nadie puede saberlo todo, debemos elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos. Sin embargo, entre todos los saberes posibles existe uno imprescindible: distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo que nos conviene y lo que no.
Política
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Por ejemplo, la mentira es algo malo porque destruye la confianza en la palabra, y todos necesitamos comunicarnos para vivir en sociedad. El valor de la palabra dada es uno de los pilares de la confianza en cualquier relación. Cumplir lo que se dice define la integridad y fortalece la confianza en la sociedad.
Ese poder de decisión para escoger el camino correcto existe porque somos libres. Soy libre de vestirme a la moda o disfrazarme de oso; de obedecer o rebelarme; de leer o no leer. Todo depende de mi voluntad.
Protestar también es ejercer un derecho
Sin embargo, muchas personas dicen que no son libres porque los gobernantes engañan y manipulan, los terroristas amenazan, los delincuentes obligan a permanecer encerrados, las drogas esclavizan o la falta de dinero limita sus posibilidades.
Pero ser libre no significa poder hacerlo todo, sino tener la capacidad de elegir y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. A este saber vivir se le llama ética.
En el mundo de hoy, la libertad de expresión es uno de los pilares centrales de la democracia. Por ello, las voces que defienden la humanidad y la justicia deben ser escuchadas, no silenciadas.
La protesta pacífica no es una amenaza, sino un derecho democrático.
La verdadera fortaleza de una nación radica en su capacidad de escuchar, reflexionar y responder a su gente.
La vida del hombre no puede ser vivida repitiendo los mismos patrones, sino construyéndose desde la libertad, la responsabilidad y la ética.
Sara María Garaicoa Granizo