Cartas de lectores

El infierno del tránsito

Se ha precipitado la Municipalidad de Guayaquil, otra vez luego de la Aerovía, al decidir contratar 100 km de ciclovías, cuya primera etapa se entregaría el 25 de julio. “…debe partirse de un plan integral de movilidad basado en estudios realizados a profundidad. Requiere definir si el uso de la ciclovía será turístico, recreativo/deportivo o una alternativa para transporte público ciudadano. El plan deberá desarrollarse conjuntamente con la ATM, pues los carriles destinados a la Metrovía, áreas exclusivas para la Aerovía y otras para las ciclovías terminarán angostando calles y avenidas, caotizando más el tránsito vehicular” (Diario Expreso). En la ciclovía la Municipalidad ha supuesto clientelas. ¿Cuántas bicicletas existen en Guayaquil que justifiquen la millonaria inversión que tiene alternativas urgentes? Debe ser fácil contestar: las bicicletas requieren matrícula y placa. No sabe. ¿Dónde estacionarán los pedalistas cuando lleguen al centro? Se ha proyectado ajustes en la av. Malecón; que la primera fase de ciclovías se inicie en vía a la Costa y que por la av. 9 de Octubre llegue al Malecón. Pasa por alto que este es para que los transeúntes contemplen la ría; así volvería la Municipalidad a infringir la ley como cuando despojó del derecho de vista a quienes compraron departamentos, construyendo entre el río y sus viviendas comedores de hormigón armado. No fue suficiente muestra la ciclovía de cemento paralela a la carretera a la playa que costó $ 5 millones y que rara vez es usada por ciclistas. Los desfiles por la av. 9 de Octubre dividen por un día a Guayaquil, impidiendo tránsito y tráfico, y se dispone a introducir en ella la columna permanente de ciclistas. Expreso advierte: “la medida afectará a familias y negocios; que Guayaquil tiene un déficit de parqueadero muy grave”. Los negocios ¿podrán seguir descargando sus productos? Y debiendo reparar o ampliar kilómetros de veredas en el centro, “con la ciclovía a un costado, ¿cómo caminarán los peatones?” No se justifica invertir a ciegas en este proyecto que incrementará el riesgo que hoy conllevan los motociclistas.

Jaime Damerval