Flores de veranera: entre la nostalgia y la necesidad de más áreas verdes
Las veraneras evocan memoria, color y conexión con la naturaleza en entornos urbanos. Su presencia invita a reflexionar sobre la importancia de sembrar

Las veraneras destacan por sus colores intensos y su belleza natural.
Desde mi infancia los colores me atraían por sus flores, que parecían de papel laminado. Son intensamente bellas las flores de veraneras, que recién me entero pertenecen a la familia de las buganvilias.
El patio de caña de la casa de madera, ubicado en una calle de Santa Elena, siempre estuvo acompañado de una veranera de flores de color naranja, que caía despeinada de un patio a otro. Los cucuves, chocototrín y los colibríes danzaban en su copa siempre florecida.
Un llamado a sembrar más vida en la ciudad
También era sombra para los transeúntes. Bella entre las plantas de colores tiernos: naranjas, fucsias, blancas, rojas, rosadas y lilas. Ahora han fusionado los colores en una sola planta. Los dolientes a su paso al cementerio cercano recogían las flores para llevar a las tumbas.
La veranera fue el árbol preferido que se tomó la vereda y fue talado para dar paso a la urbanización. Cada vez que vuelvo por el lugar de mi infancia la recuerdo eterna y florecida.
Buenavida
22 de abril: Día de la Tierra, por qué se celebra y qué busca recordarnos
Danielle Marcillo
La pérdida de espacios verdes
Con sus ramas tupidas de flores se pueden armar arcos, corazones y engalanar figuras de aves o animales para embellecer los jardines. Brindan paz espiritual, renuevan el alma y son fuente de energía; sus hojas medicinales son usadas por las abuelas.
Aspiro llenar los linderos de un patio con platas de veraneras de variados colores que alegren la visión de los caminantes. Campos, avenidas y calles deben llenarse de plantas que purifiquen el aire. Es necesario sembrar más árboles, pulmones del mundo.
Evelio Patricio Reyes Tipán