Ecuador y la pérdida de valores: inseguridad, caos y una sociedad que necesita cambiar
La falta de educación, valores, respeto y responsabilidad ciudadana también contribuye a un país donde el caos cotidiano se ha vuelto parte de la normalidad

Referencial. Las plataformas digitales fallan constantemente.
Se dice que la gente tiene el país que se merece. Al parecer, este dicho popular guarda una verdad que no siempre queremos aceptar. Qué maravilla sería vivir en un paraíso terrenal, pero la realidad es otra. El país tranquilo de paz andina, verdes tesoros, amabilidad y riqueza infinita se evaporó en los últimos años y quedó solo en la memoria colectiva.
Cuando la falta de respeto se vuelve normal
El descenso al caos, la delincuencia, la inseguridad, la corrupción y la falta de respeto hacia la colectividad no nace únicamente de la economía, sino también de la ausencia de valores y educación, de familias disfuncionales y de una juventud abandonada a las calles, sin horizonte.
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No hay mejor manera de palpar la realidad de una ciudad que caminar por sus calles, eso sí, con la suerte en la boca. En el recorrido diario encontramos basura en las aceras, excremento de mascotas y botellas de licor abandonadas. Nos disgusta, pero poco hacemos para cambiarlo. Lo asumimos como parte de nuestra idiosincrasia, igual que no respetar las normas de tránsito: motos que cruzan semáforos en rojo, escapes ruidosos y conductores que ignoran pasos cebra y aceleran ante los peatones.
Vivir así es convivir con un caos constante. Y ¿qué decir de nuestra mediocre sociedad tecnológica? Sistemas que deberían facilitar la vida terminan convirtiéndose en barreras. Plataformas estatales, de salud, Registro Civil, IESS, ANT y otras instituciones fallan constantemente. Si no dominas la tecnología, te vuelves invisible: para todo necesitas un turno, un código o un QR.
La delincuencia es otra dimensión de la crisis
La tecnología es buena cuando facilita la vida; cuando la complica, se convierte en una forma de control. Muchas de estas situaciones pueden cambiar con educación, respeto y sentido común, reemplazando la viveza criolla por responsabilidad y consideración hacia los demás. No hablo aquí de la delincuencia extrema, extorsiones, secuestros, matanzas, drogas, lavado de dinero y corrupción. Esa es otra realidad que exige análisis y responsabilidad nacional.
El Estado no puede fallar en la defensa de la paz, la soberanía y el desarrollo colectivo. De lo contrario, el barco se hunde con todos adentro, como el Titanic, que también creyeron indestructible. La historia demuestra que ningún imperio, reino o gobierno es eterno.
Lorena Burey Cevallos