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Diario Expreso Ecuador

Nuestra democracia se ha convertido, silenciosamente, en una nueva forma de dominación

La carta cuestiona una democracia en la que el ciudadano participa cada cuatro años, pero pierde influencia sobre las decisiones del poder político

La participación ciudadana en Ecuador se concentra principalmente en los procesos electorales, plantea la carta.

La participación ciudadana en Ecuador se concentra principalmente en los procesos electorales, plantea la carta.CANVA

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Apreciados lectores, ¿será posible llamar ‘democracia’ a un sistema donde la ley cambia según el interés de los políticos y se aleja de las necesidades reales del soberano? Repetimos como loros que ‘la democracia es el mejor sistema dentro de los peores’, pero no advertimos cómo se ha desvirtuado para favorecer los intereses y fanatismos de partidos y caudillos, prioridades que poco tienen que ver con las necesidades de la gente y mucho con las de sus propios clanes.

Ciudadanos protagonistas solo en elecciones

Pienso que nos han anestesiado con la ficción de que somos soberanos y decidimos algo por el solo hecho de votar cada cuatro años o cuando se convocan consultas. Después desaparecemos. Siempre nos hemos creído el cuento de nuestra clase política y pensamos ingenuamente que tenemos injerencia. ¿En qué? ¿Soberanos en serio? ¿Qué decidimos?

Tal vez ha llegado el momento de reflexionar y revisar ese idilio casi incuestionado con nuestra democracia. Se nos hace creer que participamos activamente y que tenemos influencia real en el rumbo del país o de la ciudad donde vivimos. Sin embargo, más allá del acto electoral, la injerencia del ciudadano común parece diluirse hasta volverse prácticamente inexistente.

Nuestra democracia parece necesitarnos intensamente… pero solo en cada elección. Allí somos convocados, persuadidos y seducidos por promesas, discursos y demagogia. Por un breve momento nos hacen sentir protagonistas. Nos identificamos con un color, nos alineamos con un candidato, celebramos su victoria o sufrimos la derrota casi como si se tratara de un deporte. Pasado ese momento, volvemos al ostracismo y nos hacemos invisibles hasta la próxima elección.

La ley y el poder político

La democracia ecuatoriana, tal como funciona hoy, ha permitido que la ley deje de ser un límite al poder, como fue concebida originalmente, para convertirse cada vez más en un instrumento al servicio de quienes lo ejercen, sometida a la voluntad cambiante del poder político y muchas veces desconectada de la realidad del pueblo.

La verdadera democracia no es la que se activa para pedirnos el voto y luego nos hace a un lado, sino aquella que reconoce al ciudadano como protagonista permanente. Una democracia donde participar no sea un episodio, sino una condición constante.

¡Es hora de decir: ¡basta ya!

Mario Vargas Ochoa

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