El arte de educar más allá de las aulas
El verdadero maestro trasciende el aula para convertirse en un motor de cambio social, combinando el rigor científico con el arte y la filosofía

El verdadero maestro pone alas a los alumnos: esas alas son las ideas generales y las emociones artísticas.
En el fecundo movimiento que agita a los pueblos latinos de América, anhelosos de conquistar un puesto digno entre las naciones, una de las profesiones más brillantes es la de ser maestro; pero un maestro de verdad, que no limita su acción a las aulas, cuya investigación científica lo impulsa a esparcir la buena nueva entre los pueblos que comparten su lengua y origen.
Él siempre será idea y corazón. Sabe que la gran palanca para mover los pueblos postrados es la educación y no quiere que entre las gentes de su raza existan pueblos postrados. Posee un don raro: un entusiasmo perseverante. No descansa, produce incesantemente para doctrinar. Es un hombre antiguo por su convicción y moderno por la amplitud de sus ideas. Ama su profesión en todas sus manifestaciones. Tiene un ideal de lo que debe ser la enseñanza del hombre actual, del ciudadano de las democracias modernas; un ideal sano y hermoso.
Sabe que la enseñanza debe ser científica, armónica y completa. No bastan cálculos, fórmulas, clasificaciones y hechos; todo ello es útil, pero no suficiente. También se necesitan ideas e ideales, junto con la ciencia, la filosofía y el arte.
El verdadero maestro pone alas a los alumnos: esas alas son las ideas generales y las emociones artísticas. Llegar a los educandos con el lenguaje de la poesía, que fija la memoria y despierta afectos, permite enseñar lo que el hombre debe amar y respetar, desde la naturaleza hasta el derecho que reúne nuestras ideas.
Carlos Alfredo Flor Vásquez