La necesidad de políticos profesionales
La antipolítica en Ecuador debilita a los partidos y favorece la improvisación en elecciones seccionales y gestión pública.

Prefecturas y alcaldías administran servicios clave, donde la falta de experiencia puede impactar directamente en la calidad de vida ciudadana.
En Ecuador se ha instalado una idea: la experiencia política es un defecto y no una cualidad. Es verdad que la desconfianza hacia los partidos y los políticos no nació de la nada. Durante años, muchos se alejaron de la ciudadanía, priorizaron intereses internos, repartieron cuotas de poder y terminaron asociados a corrupción, clientelismo o ineficiencia. El desprestigio es real. Y la reacción social también. El problema es que la antipolítica no elimina la política. Solo reemplaza estructuras imperfectas por improvisación.
Política
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Redacción Digital
Elecciones seccionales y gestión pública sin experiencia
Este debate adquiere especial importancia en un año de elecciones seccionales. Prefecturas, alcaldías y concejos municipales administran competencias esenciales para la vida cotidiana. Sin embargo, con frecuencia esas responsabilidades terminan convertidas en plataformas de popularidad o marketing electoral.
Se ha consolidado la idea de que “no haber estado nunca en política” es un mérito. Como si administrar el Estado fuera una tarea intuitiva. Como si dirigir ciudades, provincias o instituciones complejas no exigiera preparación, experiencia y conocimiento de cómo funciona el sector público.
Gobernar requiere competencias específicas: capacidad de negociación, manejo presupuestario, conocimiento institucional, construcción de consensos y experiencia en la toma de decisiones. En cualquier otra actividad valoramos el aprendizaje acumulado. En política, en cambio, la experiencia suele despertar sospechas y la inexperiencia aparece como virtud.
Debilidad de partidos y auge de liderazgos improvisados
Las democracias más estables no se construyeron sobre la desaparición de los partidos políticos, sino sobre su fortalecimiento. Los partidos cumplen una función esencial: forman dirigentes, generan debates, elaboran programas, crean relevos. Cuando se debilitan, el espacio suele ser ocupado por liderazgos personalistas, movimientos efímeros o personas que actúan guiados únicamente por la coyuntura.
La profesionalización no garantiza buenos gobiernos. Tampoco un médico titulado garantiza un diagnóstico correcto. Pero la ausencia de preparación aumenta la probabilidad de errores y limita la capacidad de gestión.
La solución no es resignarse a partidos mediocres ni defender a ciegas a la clase política. La tarea democrática consiste en exigir mejores organizaciones, dirigentes más preparados y una política entendida como una función pública que requiere formación, experiencia y responsabilidad.