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Diario Expreso Ecuador

Intereses internacionales

Infantino: el Pharmakom del Fútbol

ANÁLISIS. El nexo Infantino-Trump, más el intento de abrir el Mundial al capital privado, revela hasta dónde lo político y económico buscan influir en el fútbol

El presidente Donald Trump, junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino (c), y el asesor del mandatario de la FIFA, Carlos Cordeiro (i), en la Casa Blanca en Washington.

El presidente Donald Trump, junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino (c), y el asesor del mandatario de la FIFA, Carlos Cordeiro (i), en la Casa Blanca en Washington.EFE

Fernando Insua Romero
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Lo que se debe saber

  • Bélgica elimina a EE.UU. UU. en el Mundial 2026 tras polémica intervención política de Trump en la FIFA.
  • La FIFA suspende el plan financiero de 20.000 millones tras amenaza de boicot de la UEFA a sus torneos.
  • UEFA y Concacaf frenan la venta de la FIFA a fondos privados impulsada por Infantino este julio.

Seattle, 6 de julio. Octavos de final del Mundial 2026. Bélgica 4, Estados Unidos 1. Faltaban tres minutos cuando Lukaku selló el resultado, y muchos sentimos algo raro: la venganza del fútbol de verdad sobre el negocio. Horas antes, a Folarin Balogun le habían anulado una expulsión —algo casi inédito en un Mundial— y la FIFA lo dejó jugar. 

Se supo después que Donald Trump había llamado personalmente a Gianni Infantino para pedirlo. Ese "vasallaje", como lo llamó cierta prensa, tendría después su recompensa: Trump impulsa hoy la candidatura de Infantino para suceder a Guterres como secretario general de la ONU. 

Dato curioso: en el primer Mundial de la historia, en 1930, Estados Unidos le había ganado 3-0 a Bélgica. Noventa y seis años después, los belgas cobraron la revancha con intereses, dentro y fuera de la cancha.

Aquel escándalo del árbitro-presidente me pareció, en su momento, la cúspide del papelón al que se podía llegar. Pero fue apenas la punta del iceberg de lo que vendría: un terremoto que sacudió a la FIFA con la amenaza real de que la UEFA se retire de sus torneos, y que tiene detrás algo más de fondo que una tarjeta roja: el gran escándalo de salir a levantar inversionistas para el negocio del Mundial.

Una oferta generosa

El 28 de julio de 2026, la FIFA presentó a sus 211 federaciones un proyecto para crear FIFA Forward Enterprise, filial valorada en 20.000 millones de dólares que vendería entre el 20% y el 30% de su capital a privados, buscando levantar hasta 4.200 millones. Detrás: Thrive Capital, del empresario Joshua Kushner, cuñado de Trump, con JP Morgan como asesor. 

Para conseguir respaldo, Infantino ofreció a cada federación hasta 86 millones de dólares, con 53 días de plazo. Llamarlo "incentivo" es generoso; comprar voluntades sería más honesto.

Uno ve la camiseta celeste de Uruguay del 30 o del 50 y recuerda un fútbol que era, sobre todo, deporte. Tuvo su primera gran revolución comercial en los setenta, con Havelange y la televisión. Infantino quiere ahora una segunda: convertirlo en activo financiero puro, con un Mundial de 48 equipos —afortunadamente frenado antes de llegar a 64—, sedes repartidas entre seis países y un calendario diseñado para la audiencia, no para el juego.

No hace falta caer en la teoría fácil de que Infantino "regaló" o quiso regalar el Mundial a Argentina —que, dicho sea de paso, perdió la final ante España—, acusación que además vino acompañada de una ola antisemita repugnante contra un equipo señalado por el origen de su presidente. 

El problema no es el favoritismo puntual; es el patrón: un presidente que administra la FIFA como si fuera empresa propia, con el arbitraje de Suiza bajo sospecha y el show pesando más que el balón.

La tormenta acaba de estallar

Y voy a poner un detalle interesante sobre la discusión: The Times reveló que el proyecto contemplaba un cargo de "comisionado" hecho a la medida de Infantino para cuando termine su presidencia. La FIFA lo negó con la boca chica —tampoco se había discutido nunca vender acciones del Mundial, hasta que un martes se discutió.

Pero eso nos trae a la tormenta que estalló está semana : el sistema respondió, y fuerte. La UEFA, con sus 55 federaciones, votó unánime amenazar con boicotear todos los torneos de la FIFA —incluido el Mundial— mientras el plan siguiera en pie, y lo calificó de un profundo fracaso de liderazgo. Cordeiro, mano derecha de Infantino, renunció en protesta. Concacaf se alineó con Europa. Y el 31 de julio, tres días después del anuncio, Infantino retrocedió: la propuesta "generó divisiones", dijo la FIFA en un comunicado que suena a rendición con maquillaje.

Ahí está la paradoja griega: los antiguos llamaban pharmakon tanto al remedio como al veneno, porque a veces son la misma sustancia en distinta dosis. Infantino llegó como la cura de Blatter y el FIFA Gate; hoy amenaza con ser la enfermedad de un fútbol que se vende, literalmente, al mejor postor. La buena noticia de esta semana es que el cuerpo del fútbol todavía tiene anticuerpos. La mala es que la próxima dosis ya viene en camino.

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