Prefectura del guayas
La navegabilidad del río Guayas y su draga, en el limbo por la política
El prefecto Carlos Encalada negó que el islote El Palmar sea prioridad este año. Expertos sostienen que intervención en la cuenca alta debe ser integral

El islote El Palmar se ha convertido, con el paso de los años, en refugio de aves.
La draga del río Guayas es un cuento de nunca acabar. Aunque expertos, en anteriores reportajes de este Diario, ya lamentaban lo tarde que se intervino el islote El Palmar, y existía la esperanza de por lo menos haber dado un punto de partida en la retirada de los sedimentos cuando Susana González fue prefecta, la realidad es que progresivamente el dragado acumuló más dudas que resultados.
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El contratista responsable de la obra asumió multas por 1,6 millones de dólares debido a los continuos incumplimientos en el cronograma establecido. Para destrabar la obra, a mediados de 2025, la entonces prefecta Marcela Aguiñaga canceló el contrato suscrito por su antecesora y replanteó su modelo de gestión: anunció un nuevo proceso, detalló las diferencias técnicas respecto a la obra fallida y el lanzamiento de una licitación internacional.

Sedimentación en el islote El Palmar frente a Guayaquil
Pero la política tuvo otros planes para el dragado del río Guayas, tras la repentina salida de Aguiñaga y la llegada de Carlos Encalada como su reemplazo.
La visión de Encalada
Según explicó el nuevo prefecto a EXPRESO en una entrevista, el traslado logístico de una draga extranjera representa un egreso de 4 millones de dólares, cifra que equivale a la totalidad del presupuesto disponible asignado a esta competencia.
En lugar de concentrar la operatividad únicamente en el islote El Palmar, la nueva hoja de ruta prioriza el desazolve en afluentes críticos. El objetivo es disminuir la carga directa de material que baja hacia el río Guayas desde cantones históricamente vulnerables a las inundaciones agrícolas y urbanas.
“¿Qué es lo que queremos? Alquilar dragas pequeñas que ya están en el país, justamente para ponerlas en lugares específicos, llámense ríos, para poder ir bajando la carga”, detalló Encalada. Los frentes ya contemplados para la instalación de estos equipos incluyen los caudales de Jujan, Balao y Milagro. También se analiza la adquisición de dos máquinas pequeñas para integrarlas a los activos fijos de la entidad.
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Visiones técnicas frente al cambio de estrategia
Ante esta eventual postergación, expertos opinan. Alejandro Chanabá, docente investigador de la Espol, advierte que el dragado debe ser una labor perenne y no una medida paliativa de alquiler temporal. “Estamos 50 años atrasados. El dragado es para siempre. Hay capacidad para construir dragas localmente, pero primero se necesita un estudio técnico bien hecho de toda la cuenca, que determine la tasa de sedimentación y los puntos críticos”, precisa. Añade que dicho análisis revelará qué tipo de equipo usar.

Las operaciones de la draga en el río Guayas fueron suspendidas el 15 de abril del 2025.
Chanabá desmitifica que dragar El Palmar evitará de tajo las inundaciones en Guayaquil, pues la urbe posee zonas por debajo del nivel del mar. El verdadero riesgo, sostiene, es la pérdida de navegabilidad. “El río ya no podrá ser navegable más allá de pequeños tramos. El islote está bastante consolidado. En marea baja se puede cruzar caminando a la otra orilla. Aparecerán más islotes y se cubrirá la ribera”, explica, enfatizando que el mantenimiento de la ría debe fijarse como una agenda inamovible de la provincia, ajena a las banderas políticas de turno.
Por su parte, la ingeniera Malena Marín concuerda en que dragar la cuenca baja sin detener el azolvamiento de los ríos aguas arriba resulta un desperdicio financiero. “Haces una inversión súper elevada y el efecto dura un par de años. No es simplemente coger, aspirar y listo. Hay islotes ya consolidados, lo que vuelve compleja y peligrosa su remoción para la vida marina, además de elevar los costos”.
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Marín proyecta la solución integral hacia una reactivación de la movilidad fluvial, un recurso histórico de la urbe. No debe limitarse al ámbito turístico, sino constituir una necesidad logística para descongestionar el tráfico terrestre pesado. “Se deben generar líneas de circulación para movilizar personas y mercancías. Tenemos un potencial que no estamos utilizando, y eso conlleva planificar buenos puertos, infraestructura adecuada y un canal sin obstáculos”.
El impacto ambiental
Mientras se debate la operatividad de los equipos, el islote El Palmar sigue su consolidación natural, añadiendo una nueva variable al conflicto. Jaime Salas, docente investigador de la Universidad de Guayaquil, puntualiza que esta masiva formación de sedimentos funciona hoy como un refugio de biodiversidad para cientos de aves playeras, acuáticas y migratorias. La nueva masa de tierra y su ecosistema interfieren de manera directa con la ruta de descenso de las aeronaves hacia el aeropuerto.
Pese a este obstáculo, Salas insiste en que el problema es integral y las causas estructurales están en el manejo de la cuenca alta. Frente al desarrollo natural del área, su postura técnica abre otro flanco de debate: “Si yo tuviera el poder, lo declararía área protegida o lo anexaría a la ya existente isla Santay”.

Islote el Palmar, visible desde el Malecón.
Lo único certero, confirmado por la Prefectura actual, que solo estará en funciones hasta mayo de 2027, es que, en paralelo a la extracción mecánica, se ejecutará el levantamiento de información de la cuenca gracias a un crédito de la CAF. La evaluación determinará las verdaderas necesidades de reforestación estructural que deberá asumir la Mancomunidad para la conservación de la cuenca del Guayas en los próximos años.