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Diario Expreso Ecuador

La reja que la cuadra de vecinos no quiere soltar en Guayaquil

Una reja cambió la dinámica de un soportal que era ocupado por las noches. Sus usuarios piden que no sea retirada; el Municipio revisa supermanencia

La reja fue instalada hace unas dos semanas en los soportales de un inmueble ubicado en las calles Esmeraldas y El Oro.

La reja fue instalada hace unas dos semanas en los soportales de un inmueble ubicado en las calles Esmeraldas y El Oro.Francisco Flores

Diana Sotomayor
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Los puntos claves

  • La reja fue instalada hace unas dos semanas en los soportales de un inmueble ubicado en Esmeraldas y El Oro.
  • En el inmueble funcionan tres negocios y existen al menos dos viviendas.
  • Los comerciantes aseguran que antes el soportal era ocupado por las noches para dormir, consumir drogas, dejar basura y hacer sus necesidades.

Durante el día, los soportales de una vivienda y varios negocios ubicados en la intersección de las calles Esmeraldas y El Oro sirven para esperar, conversar, entrar a un local o simplemente caminar. Por las noches, hasta hace unas dos semanas, el escenario era otro. Allí dormían personas en situación de calle, se consumía droga, se acumulaba basura y el espacio terminaba convertido en un baño público. “Todo olía mal. No había sitio más insalubre que este”, aseguran familias y vecinos.

Hoy, una reja separa ese espacio de la calle. Y si bien son varios quienes defienden que el soportal de ese inmueble, integrado por al menos dos viviendas y tres negocios, ahora permanezca cercado, también hay quienes temen que en esta zona de Guayaquil el espacio público se vea afectado.

Para quienes trabajan en estos negocios, la estructura ha significado recuperar un poco de tranquilidad, pero también cambiar la dinámica del lugar. Los clientes pueden esperar afuera de los locales, entrar y salir sin el temor que, según los comerciantes, tenían antes. El espacio que durante las noches era ocupado por personas ajenas a los negocios volvió, dicen, a ser utilizado por quienes trabajan y compran allí.

“Hemos recuperado el barrio, al menos en esta pequeña cuadra. Muchos dirán que la reja está reduciendo y matando el espacio público. Pero en una ciudad tan violenta como se ha vuelto Guayaquil, esta medida nos ha devuelto algo de tranquilidad. Por eso no queremos que la quiten. No queremos que jueguen con nuestra paz. Y es que en Guayaquil, ¿quién nos cuida si no somos nosotros mismos?”, dice a EXPRESO Antonio Zambrano, quien trabaja en uno de los negocios desde hace ocho meses.

Una reja que los comerciantes defienden

Para el Municipio de Guayaquil, la medida implica una intervención sobre el espacio público que debe ser revisada. Días atrás, una denuncia difundida en redes sociales alertó sobre una presunta obstrucción de la vereda. Personal de Justicia y Vigilancia y agentes de Segura EP acudieron al lugar y emitieron una boleta para abrir un expediente y determinar si las estructuras deben o no ser retiradas.

Pero los comerciantes no están de acuerdo.

Cómo se les ocurre intentar retirar una estructura que ha logrado blindarnos y mejorar las condiciones de convivencia. La gente al fin se queda aquí, al pie del negocio, a conversar. La gente ya no ahuyenta al otro. Si las autoridades nos van a dar y devolver eso, quítenla. De lo contrario, dejen que sintamos esa paz que añorábamos para trabajar, para hacerlo sin miedo”, sostiene Zambrano.

Según explica, ante los casos de violencia registrados en el sector, los propietarios de los inmuebles decidieron colocar la cerca y asumir el costo de la instalación. “Aquí todos estuvimos de acuerdo. Y es que nos habíamos cansando de trabajar con ese miedo que te embarga”.

Sondeo de EXPRESO

La discusión sobre las rejas también llegó a X. En el sondeo de EXPRESO, el 52,4 % de los participantes consideró que estas estructuras protegen a la ciudad. En cambio, el 33,3 % señaló que Guayaquil pierde espacio público. ​Para Melanie Cáceres, guayaquileña, la decisión responde hoy a una necesidad básica: sentirse segura. “Ahora no hay nada más importante que la seguridad. Nuestra vida peligra y por eso hay que buscar la forma de blindarse. Si las autoridades nos ignoran, nos toca ver la forma de escudarnos”, señaló.

Zambrano afirma que las rejas están dentro del perímetro de los soportales y que todavía quedan unos tres metros para el paso peatonal. Enrique Prado, propietario de una peluquería ubicada también en el inmueble, coincide e insiste en que el cerramiento no impide el tránsito. EXPRESO recorrió el lugar y constató que, entre la cerca de metal y la calle, queda un espacio de aproximadamente tres metros por el que se desplazan los peatones.

A Mariana Escandón, quien vive a dos cuadras de esta esquina y a diario se desplaza por esta ruta, no le molesta la colocación de las rejas.

“Mientras no se tomen el espacio público, no tengo ningún problema. Si usted recorre la calle Esmeraldas y El Oro verá cómo las familias cuyas casas tienen soportales los han cerrado por temor. Nuestros portales son los dormitorios de mucha gente y eso es lamentable, además de peligroso. Los niños ni pueden pisar las aceras. Por eso lo entiendo”, lamenta la residente que, como muchos, está cotizando cuánto le costaría cercar su vivienda.

El espacio entre la reja y la calle es utilizado por los peatones que recorren esta esquina del centro-sur de Guayaquil.

El espacio entre la reja y la calle es utilizado por los peatones que recorren esta esquina del centro-sur de Guayaquil.Joffre Flores

“Me apena, eso sí, que estemos perdiendo parte de la identidad de la ciudad. Los soportales son parte de nuestro pasado y preservarlos ha sido una maravilla. Pero si las autoridades no solucionan el problema, lamentablemente pasará esto. Es la identidad o la vida. Y hoy estamos apostando, sin dudarlo, por la vida”, añade.

Seguridad frente a la identidad de Guayaquil

El cambio que más destacan las familias no está en los metros de acera, sino en lo que ocurre al caer la noche. “Con esta reja tenemos una seguridad bárbara”, dice Prado. Antes, relata, las personas que se quedaban a dormir en los soportales dejaban basura, cartones y colchonetas. Incluso hacían allí sus necesidades.

Era todos los días lo mismo. Olía mal, terrible. Apenas llegábamos, debíamos primero limpiar todo con desinfectante, para eliminar el mal olor”, menciona.

Ese cambio también ha repercutido, según los comerciantes, en la convivencia y actividad de los negocios.

Esta cuadra ya no es una guarida en la noche. Venían y se metían, pero esa escena no la tenemos más. Hay quienes rechazan la colocación de la reja porque aseguran que estamos reduciendo el espacio público, pero no es así. Quiten la reja del Malecón 2000 para ver lo que pasa. Al instante en que lo hagan, el lugar será un dormitorio de paso y guarida frente al río. Nuestra realidad es esta: toca blindarnos. Hacerlo sin afectar al peatón”, sentencia.

Santiago Carcelén, quien llegó al lugar en busca de mercadería, considera que lo ocurrido refleja una situación que se repite en otros puntos de Guayaquil. “No es este el primer sitio y tampoco será el último”, comenta.

Carcelén reconoce que una reja no resuelve la inseguridad. No obstante, plantea el dilema que enfrentan quienes viven y trabajan en estos sectores: “Si las autoridades no les dan las garantías para vivir ni trabajar, entonces les toca ver qué hacer para protegerse. No hay más”.

Para el residente Carlos Llerena, el problema va más allá de una sola reja. Le preocupa que la medida se replique y que los soportales terminen desapareciendo como espacios abiertos de la ciudad.

“Lo que yo rechazo es que de aquí a mañana todas las casas estén cercadas, cuando en estas calles lo que destaca son nuestros soportales: altísimos, antiguos. En Guayaquil no hemos sabido valorar estas estructuras, que dan cobijo en una ciudad tan caliente como la que vivimos y, de paso, sin sombra. Si las cercamos, perdemos eso. Por eso yo rechazo la colocación. No es personal, es por la historia de Guayaquil”, alega.

El Municipio aún no ha precisado cuándo decidirá qué pasará con este caso ni qué norma determinará si el cerramiento puede instalarse dentro del soportal y si los aproximadamente tres metros que, según los comerciantes, quedan para el paso cumplen con la normativa.

Sobre estas inquietudes, EXPRESO solicitó información al Municipio, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

El dueño que decidió cerrar el soportal: "Yo solo quiero proteger a los míos"

Gary Lazo Arias tiene casi seis décadas viviendo en esta esquina de Guayaquil. Llegó cuando tenía cuatro años, cuando el sector todavía tenía calles de tierra y la casa familiar era distinta a la que hoy ocupa el inmueble. Por eso, dice, conoce bien la dinámica del lugar y también cómo ha cambiado con los años.

La decisión de colocar la cerca no fue, según cuenta, algo que tomó de un día para otro. Su madre, quien falleció hace un año, ya había planteado cerrar el espacio por temor a la inseguridad.

Gary Lazo Arias, propietario del inmueble, respalda la instalación de la reja y recoge firmas para evitar que sea retirada.

Gary Lazo Arias, propietario del inmueble, respalda la instalación de la reja y recoge firmas para evitar que sea retirada.Francisco Flores

“Por la inseguridad”, explica Lazo. Y enseguida enumera algunas de las situaciones que han vivido. Cuenta que a su madre la encañonaron para intentar quitarle el carro. A su hermano, que vive en la vivienda contigua, se le subieron al balcón y le robaron dos sillas. En otra ocasión, colocaron una escalera para ingresar a la propiedad de su hermana.

A esos episodios se sumaba, según relata, el uso que algunas personas daban a los soportales. También menciona las motocicletas que circulaban por el espacio y otros inconvenientes que, asegura, se habían vuelto frecuentes. “Yo he tenido problemas”, resume.

Lazo sostiene que la cerca se colocó dentro del perímetro del soportal y que todavía queda espacio suficiente para el paso de peatones. Según su cálculo, son alrededor de tres metros.

Pero hay otra razón por la que defiende la intervención: asegura que quiere conservar el espacio y la vivienda que su familia ha mantenido durante generaciones.

“Siempre la mantenemos así”, dice al mostrar la casa recién pintada, los maceteros y el espacio que ha acondicionado con sombra. En Navidad, cuenta, suele decorar el frente de la vivienda. Para él, el soportal no es un espacio que quiera abandonar, sino una parte de la casa que ha cuidado durante años.

Por eso, Lazo respalda la cerca y desde ya recoge firmas para evitar que sea retirada, en caso de que el Municipio así lo decida. Al mismo tiempo, insiste en que su intención no es abandonar ni apropiarse del espacio público. “Este ha sido mi barrio, jamás voy a afectar a mi sector, a mi gente. Solo quiero protección”, asevera.

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