samborondón
Isla Mocolí y Ciudad Celeste sufren la baja presión de un deficiente suministro de agua
Meses después del reportaje de EXPRESO, estos sectores de La Puntilla mantienen el problema de escasez de flujo. Tanqueros abundan ante la falta de soluciones

Ante el deficiente servicio de anastecimiento de agua, residentes de zonas exclusivas de Samborondón contratan tanqueros.
Samborondón registra el mayor crecimiento inmobiliario de Guayas, una expansión que rebasó la planificación de servicios básicos. Hoy, el agua potable escasea en los complejos residenciales más exclusivos.
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Ocurre en Mocolí. La entrada y salida de tanqueros por las garitas es diaria; las familias se ven obligadas a llenar sus cisternas privadas ante la deficiente presión de la red pública. David Abramowicz, residente de la ciudadela Isla del Río, advierte el deterioro progresivo del servicio. Aunque su vivienda sufre menor afectación por ser de las primeras construidas, la escasez ya golpea a sus vecinos. “El problema sigue y se agudizará a medida que lleguen más familias a la isla”, advierte.

Tanqueros ingresan a diario a ciudadelas de Isla Mocolí
Diario EXPRESO expuso este inconveniente a finales de 2025. En esa fecha, la concesionaria Amagua atribuyó los cortes a un “problema aislado” provocado por “días de calor” y el aumento de demanda. También justificó fallas en la tubería matriz. Nueve meses después, el escenario no ha mejorado. Ante la falta del líquido, los afectados recurren a la vía privada. Según las denuncias recibidas, abastecerse cuesta entre 50 y 60 dólares por cada tanquero.
Las quejas presionaron al Municipio de Samborondón a reaccionar. La institución inició medidas administrativas contra Amagua debido a estas constantes falencias en el servicio, solicitando también un plan de contingencia inmediato para la ciudadanía afectada.
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Ciudad Celeste, otro problema
Para otros abonados, la escasez es algo de años. En la vivienda de Guillermo Carrillo, en la etapa La Brisa de Ciudad Celeste, lo excepcional es tener servicio. “Me levanto a las 05:00 y la presión es bajísima. Regreso al mediodía y no sale nada. No tenemos bomba para la cisterna, pero es injusto que pagando 40 dólares al mes, siendo tres personas, el servicio sea tan malo”, cuestiona.
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Carrillo, estudiante universitario, asume el traslado manual de baldes, pero rechaza que sus padres enfrenten estas condiciones. Asegura que tras reiterar quejas formales por los cortes, la concesionaria optó por bloquear sus perfiles en redes sociales.
Un reportaje previo de EXPRESO documentó la situación de esta etapa a finales de 2024. Carrillo afirma que el suministro mejoró levemente tras la publicación, pero el alivio duró dos semanas y los cortes volvieron a la rutina diaria.
Ante la inacción, su familia documenta el déficit en una matriz de Excel. Los datos evidencian que la etapa recibe entre cuatro y seis horas de servicio al día, restringido a la madrugada (de 03:00 a 06:00). Quienes no poseen reservorios compran agua a precios inflados en el mercado informal. A este impacto económico se suman los gastos por limpiezas de cisternas y recargos facturados por “inspecciones técnicas” que no resuelven el problema.

Moradores reportan baja presión de agua en Ciudad Celeste
Catalina S., moradora de Ciudad Celeste desde 2022, confirma el declive de la red. En 2024, la presión comenzó a caer durante el día y se normalizaba en la noche. Para 2025, el flujo diurno desapareció totalmente. “Llegaba a las 10:00 y no tenía una gota en la llave; tocaba prender la bomba. Ahora los fines de semana la presión también es baja o cortan de tajo. Amagua justifica que hay daños en Daule o La Aurora, pero ya son recurrentes. Prolongan los cortes a diario”, detalla.
Al contactar a la operadora, la empresa envía cuadrillas domiciliarias argumentando fallas internas que los propietarios descartan. “No hay problemas en las casas. El problema es que ya no dan un buen servicio. Las planillas son altísimas porque te cobran por todo”, reclama Catalina.
Un asunto de urbanismo y planificación
La crisis del servicio expone una carencia estructural. El urbanista y académico Brick Reyes argumenta que el desabastecimiento crónico en sectores densamente poblados responde a una nula planificación urbana, responsabilidad directa de las autoridades municipales.
“No se debió permitir la construcción de ningún programa de vivienda si no tenía solucionada la dotación de infraestructura: agua, electricidad, alcantarillado y desalojo de aguas lluvias”, advierte Reyes, quien señala que la proliferación inmobiliaria en La Puntilla colapsó la capacidad técnica del sistema matriz.

Amagua es la empresa encargada de abastecer agua en La Puntilla y La Aurora.
Para el experto, la única salida técnica exige rediseñar el suministro mediante un plan maestro proyectado a 50 años. Además, precisa que la falta de agua es solo un eslabón del desorden territorial: “El problema grave también es la movilidad, la falta de transporte y de espacios públicos. La solución no debe verse como un problema aislado de Samborondón, Daule o Durán, sino bajo el concepto del Gran Guayaquil”.