Festividades octubrinas
Guayaquil de antaño: Así recuerdan los adultos mayores a la ciudad que se transformó
La movilidad, los lugares para comer en familia, la forma en que se consume cine, son algunas cosas que cambiaron en la ciudad durante las últimas décadas

Francisco Bravo, de 70 años, llegó desde Loja a vivir al Guayaquil de los lagarteros, las estaciones de buses en los parques y los viajes a Durán en lancha.
Lo que se sabe
- Los adultos mayores añoran la tranquilidad con la que se vivía, sin tanta contaminación ni espacios públicos cerrados
- La tecnología fue uno de los factores que transformó la vida en las ciudades, incidiendo en los hábitos de sus habitantes
- Consultados por EXPRESO destacan que cada época es única y que hay que disfrutar el presente
En el Guayaquil de finales de la década de 1960, un plan para realizar en familia los domingos era ir al cine. La rutina comenzaba en los periódicos, en los que se consultaba la cartelera, los horarios y los precios de los boletos.
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"Como nosotros vivíamos al sur de la ciudad, por el parque Forestal, teníamos que caminar largo por la calle Quito. Íbamos al Cine Fénix, que quedaba en todo Gómez Rendón y avenida Quito, que hoy lo ocupa un local de supermercado", recuerda Gabriel Paredes, que hoy tiene 65 años.

El cine Fénix funcionó en Carlos Gómez Rendón y avenida Quito, en el sur de Guayaquil.
"No había aire acondicionado. El único cine que tenía aire acondicionado era el Presidente (ubicado en Luque entre 6 de Marzo y Pedro Moncayo) y los otros se ventilaban con grandes ventiladores que hacían bulla estruendosa, que poco dejaban escuchar la película, pero así la gente con calor y todo disfrutaba de ese domingo", asegura Paredes, quien es investigador de la historia social de la ciudad.
Los cines del centro eran más lujosos, más cómodos, tenían otro precio, y los cines de barrio, del sur de la ciudad o del suburbio de Guayaquil tenían un costo más económico para las familias".
En este lugar funcionó el cine Fénix
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Juan Pablo Pérez Tomalá
Disfrutar de un concierto de Julio Jaramillo
En la década de 1970, cuando Sara Figueroa fue adolescente, era un privilegio ir al auditorio de Radio Cristal, en Luque entre José de Antepara y García Moreno, para las presentaciones de Julio Jaramillo.
"Lo vi cantar. Cuando en la actualidad pasan las canciones de él, yo me pongo a cantar en la casa. Me gustan las canciones de Julio Jaramillo porque son ecuatorianísimas, del Guayaquil de mis amores", destaca.
Divertirse en el Guayaquil de antaño significaba ir a los juegos mecánicos que se instalaban en el parque Forestal. "Inclusive llegaban los artistas a dar conciertos gratuitos porque era una forma de contribuir con la ciudad", resalta Elena Estrada, quien trabajó en la docencia.
En este parque, según rememora Estrada, era común que las familias lleven a los niños a patinar, en una época en la que el espacio público no estaba enrejado.
"Hay que hablar del Guayaquil de los 80, donde las ciudadelas eran pocas y se escuchaba, por ejemplo, a Urdesa, La Atarazana, La Alborada y también las del sur. Era común llevar a los niños al parque, por ejemplo al España (Chile entre General Gómez y Portete) y al Malecón (Simón Bolívar), que no era como ahora. Se conocía al famoso Muelle 5, que era un restaurante que estaba hacia la ría. En los 80 nos cruzábamos a Durán a comer la famosa fritada en el Malecón", narra Estrada como si fuera ayer.

El restaurante Muelle 5 funcionó en uno de los antiguos muelles del Malecón Simón Bolívar, antes de la transformación urbana de fines de la década de 1990.
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Cuando el río conectaba a Guayaquil y Durán
Francisco Bravo, lojano de nacimiento y guayaquileño de corazón, cuenta emocionado esa experiencia que se hacía en lanchas y que incluso se convertía en una cita romántica para las parejas, que podía hasta terminar en matrimonio, asegura.
La movilidad, en el último tramo del siglo XX, era diferente en Guayaquil. Había escasas líneas de buses de transportación pública que iban sobre todo al centro, mientras los parques como el Chile (Cacique Álvarez y León de Febres Cordero) y Medardo Ángel Silva (Pedro Moncayo y Junín) se convertían en estaciones para los buses que llevaban a Nobol y Daule, respectivamente.
"En ese tiempo recién estaban invadiendo el Guasmo. La gente se iba para allá a coger terreno", cuenta Bravo sobre el proceso social que se vivió en lo que hoy es uno de los sectores más grandes del sur de la urbe.

Elena Estrada recuerda que en la zona de la iglesia católica San Agustín, en Luis Urdaneta y Pedro Moncayo, se cogían los buses para ir a otros cantones.
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Los Lagarteros eran el alma de la fiesta en Guayaquil
Antes de la época de los parlantes con todos los avances tecnológicos y los DJ que animan las fiestas, en Guayaquil era común buscar a los músicos que con sus guitarras llevaban el alma urbano a las reuniones.
"Tu papá llegaba y decía '¿Qué le hacemos al cumpleañero? No hay plata. Vamos a ver unos lagarteros para tomarnos unas bielas con los manes'. Iban, contrataban y te llevaban la serenata ahí", explica Bravo sobre este ritual guayaquileño que concentraba a los músicos en puntos del centro, cercanos al Mercado Central (10 de Agosto y Lorenzo de Garaycoa).
Esta zona comercial dejó de reunir a los lagarteros, a partir de la pandemia, según asegura María Guacho, quien mantiene -desde hace 47 años- otra de las costumbres de antaño: ofrecer comida preparada para quienes salían de las fiestas o querían comer de noche o madrugada.
Ahora, que los tiempos han cambiado hasta la dinámica del centro, ella y su personal solo se quedan hasta la medianoche en el sector de Lorenzo de Garaycoa y Colón, donde ofrecen platos como papipollo, yapingacho y arroz con menestra, desde 1,50 dólares.

María Guacho tiene casi cinco décadas ofreciendo comida típica en el centro de Guayaquil.
El riesgo de la desinformación al contar la historia
Una forma de volver a ese pasado, aunque sea por unos minutos, son las fotografías y videos de la época, que se difunden por Internet y que despiertan la nostalgia de quienes comentan sus anécdotas.
Juan Ullauri empezó esa tarea hace 13 años en la red social Facebook, donde mantiene la página La Memoria de Guayaquil, que cuenta con cerca de 400.000 seguidores.
"Cuando yo empecé, muy pocas páginas hacían esto. Actualmente, para mi beneplácito, he visto que mucha gente no solo de aquí de Ecuador, hay cualquier cantidad de páginas en otros países que hacen exactamente lo mismo. Es decir, traer fotos antiguas o hacer algún tipo de dinámica con la gente. Por ejemplo, les piden que identifiquen un lugar o recuerden qué negocio no existe. Hasta yo aprendo de los comentarios de la gente", confiesa este diseñador gráfico, de 51 años.
Otra forma de reavivar la historia es encontrándose. Por eso, él organiza visitas a lugares y edificaciones históricas, pero también realiza encuentros donde se proyectan videos del Guayaquil antiguo.

Juan Ullauri comenta las costumbres de la ciudad de antaño a los asistentes de un conversatorio en el Centro Cultural Guayaquil, en Quisquís entre Lorenzo de Garaycoa y 6 de Marzo.
Ullauri destaca que antes de compartir la información se debe revisar con rigurosidad y precisión los datos, para evitar que se tergiverse la historia. Por eso, se cita incluso la bigliografía, para darle veracidad al tema.
Él advierte que, con el auge de la Inteligencia Artificial, han proliferado cuentas en redes sociales en las que también se desinforma sobre temas y personajes como Medardo Ángel Silva. "Dicen que él y (su novia) Rosa Amada Villegas pertenecían a clases sociales diferentes. Nos han creado una novela, nos han creado como un cuentito de hadas y eso no es cierto porque ellos vivían en el mismo barrio", insiste Ullauri.
Pero destaca que también se informe sobre otros aspectos de la historia como el deporte y el comercio. "Si a mí me gusta el fútbol, conocer un poco sobre la historia de Barcelona o Emelec; si me gusta el comercio, conocer cómo eran los negocios en determinada época. Es una forma también de conocer la historia".
Como una forma de fomentar estos eventos, su iniciativa se ha aliado a entidades como el Centro Cultural Guayaquil, pero Ullauri considera que aún falta más apoyo y alianzas para que se masifique la difusión histórica.
Mientras tanto, los amantes de la historia y los guayaquileños que vivieron esas épocas de antaño, recuerdan cómo era la rutina familiar y comercial en otras décadas, no como una forma de intentar volver al pasado sino para entender mejor los desafíos del presente.
"Cada época tiene su su forma de presentarse, de disfrutarse y de verse. No podemos decir que nuestra época fue mejor y la de ahora no, porque cada generación tiene la tecnología, los pasatiempos y todo lo que disfruten en esa época. Vandalismo, robo y todas esas cosas ha habido durante toda la vida", menciona Paredes.
Por eso, el investigador menciona: "Cada día que pasa, cada año que pasa, cada década que pasa, van dejando los testimonios para la gente que viene a futuro. Entonces, nosotros lo que podemos hacer es estudiar el pasado, conocer el presente y dejar un legado para el futuro".
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