Pocos albergues para muchos indigentes

  Guayaquil

Pocos albergues para muchos indigentes

Las personas sin hogar se adueñan de puentes, portales y diversos puntos de la ciudad. Se desconoce el número de hombres, mujeres y niños en esta situación

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Algunos indigentes viven bajo los puentesJIMMY NEGRETE

Llegan con cartones, periódicos y colchones viejos. Se ubican debajo de los puentes, pasos peatonales, portales de casas, parques, solares vacíos, veredas, algunas esquinas y otros puntos de la ciudad.

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Estas personas (niños, mujeres y hombres) duermen en las calles y han convertido estos espacios en sus viviendas, donde permanecen a lo largo del día y la noche.

Muchos de ellos son extranjeros, quienes afirman estar en esta situación por la problemática social en sus países de origen. Pero también hay ecuatorianos que abandonaron las ciudades donde nacieron para buscar en Guayaquil una oportunidad de trabajo que nunca encontraron.

Algunos aseguran que se ganan la vida honradamente limpiando carros, reciclando o lustrando zapatos; otros están bajo los efectos de alguna droga o son consumidores; también hay personas con problemas mentales, desorientadas y sin rumbo.

A ellos se los conoce como indigentes; una población cuya cifra exacta se desconoce, pero que refleja la falta de albergue que hay en la ciudad para atender a personas en situación vulnerable.

La Empresa Pública de Desarrollo, Acción Social y Educación (DASE), que atiende estos temas en representación del Municipio de Guayaquil, reconoce que no hay un estimado actual de la cantidad de personas que mendigan y pernoctan en las calles. Sin embargo, hasta antes de la pandemia se manejaba una cifra de 3.000, proporcionada por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), institución que tiene la competencia en este campo.

La indigencia es palpable en muchas zonas de la urbe y hay pocos refugios que acojan a personas en esta situación.

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Solo existen dos albergues municipales: el Sofía Ratinoff, para adultos mayores; y el Volver a Soñar, que recibe a personas en situación de calle y trabaja en la reinserción familiar y laboral de los beneficiarios.

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Ellos cuentan la historia de cómo viven en la indigenciaJIMMY NEGRETE

También está el Refugio Espíritu Santo (RESA), a cargo de la Arquidiócesis de Guayaquil, que recibe a personas en situación de calle y movilidad humana; y la casa hogar Un Techo para el Camino, de la Fundación Hogar de Cristo, que acoge a personas en situación de movilidad humana. Pero estos son insuficientes.

En 2020, durante los meses más duros de la pandemia por la COVID-19, el MIES en coordinación con el COE (Comité de Operaciones de Emergencia), Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), instituciones públicas, privadas y organizaciones no gubernamentales implementaron albergues emergentes temporales para atender a personas en situación de calle. Ahí se les dio alimentación, vestuario, alojamiento, material de aseo y protección.

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Pero estos sitios han ido desapareciendo con el paso de los meses, evidenciando nuevamente la falta de albergues para personas indigentes.

Desde hace ocho años, Patricio García vive en el paso a desnivel ubicado en la avenida 25 de Julio y Pío Jaramillo, sur de la ciudad. Tras abandonar su hogar en la ciudad de Esmeraldas, por problemas familiares, este hombre de 33 años se refugió dentro de esta estructura que utiliza como dormitorio, cocina y urinario.

Un hueco realizado a punta de combo y martillo le sirve para entrar y salir de aquella guarida donde acumula gran cantidad de basura.

Según cuenta, se dedica a reciclar, lustrar zapatos y a limpiar carros dos veces a la semana donde gana hasta 10 dólares que le sirven para comer durante siete días. Le gustaría trabajar toda la semana, pero debe dar paso para que otros indigentes también ganen algo de dinero en estos menesteres. “He sido desalojado por policías y agentes metropolitanos muchas veces, pero siempre regreso porque no tengo a dónde ir, tampoco hay lugares que acojan a personas como yo”, se lamenta.

Una situación similar vive su vecino Carlos Medina (48), quien desde hace seis años también habita dentro del paso a desnivel donde a diario pasan miles de vehículos livianos y pesados.

Este hombre se ha acostumbrado al ruido de los automotores, a la oscuridad que invade a este sitio, a la humedad y a los malos olores que emanan la basura y desperdicios sobre las cuales come y duerme sin reparos. “No tengo una vivienda, esto es lo más parecido que he encontrado. Me gustaría que alguien me ayude para conseguir un trabajo fijo para poder ganar dinero y alquilar un cuartito”, relata Medina, mientras saborea un almuerzo que le ha costado un dólar y lo tiene que compartir con ‘Michi’, un gato mestizo que tampoco tiene hogar y que hace ocho meses le hace compañía.

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Algunos duermen en los portales de camas y negociosJIMMY NEGRETE
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A pocos metros, un paso peatonal ubicado junto al parque de la ciudadela Coviem ha sido invadido por vagabundos y drogadictos. Muchas personas tienen miedo cruzar por esta estructura por el miedo a ser asaltados.

Algo similar ocurre en los portales de las casas colectivas, en las calles Venezuela, avenida Quito y Bolivia. Estos parecen dormitorios al aire libre, ya que decenas de personas con harapos y colchones viejos se han adueñado del sitio, causando el temor de los residentes.

“Duermen en el día y salen a delinquir en las noches, aprovechando la poca iluminación del sector”, denuncia una moradora, quien prefiere el anonimato. Mientras que otra dice que estos portales se han convertido en urinarios y letrinas. “No se puede vivir con tranquilidad”, reclama sin dar nombre.