SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Airbnb, el silencioso inquilino que preocupa en el Puerto Santa Ana de Guayaquil

La zona más exclusiva de Guayaquil teme por irregularidades en sus edificios. Tensión creció tras la muerte de alias Frenillo. Residentes piden más controles

Cotidianidad. Los visitantes y residentes circulan por la zona de Puerto Santa Ana con cautela. Denuncian que hay irregularidades en todos lados.

Cotidianidad. Los visitantes y residentes circulan por la zona de Puerto Santa Ana con cautela. Denuncian que hay irregularidades en todos lados.MIGUEL CANALES

Freddy Josue Andrade Andrade

Creado:

Actualizado:

Lo que se sabe

  • Antecedente. El pasado 16 de abril, Alias Frenillo murió al caer del noveno piso de uno de los edificios ubicados en Puerto Santa Ana.
  • Esta situación ha impactado directamente en la percepción de seguridad. Varios moradores coinciden en que, aunque el sector mantiene infraestructura moderna y sistemas de vigilancia, la tranquilidad ya no es la misma.
  • Para muchos residentes, la preocupación ya no gira únicamente en torno a robos o hechos violentos puntuales. Sino se ha convertido en no saber quién habita el mismo edificio

Puerto Santa Ana, un sector que durante los últimos años ha sido símbolo de modernidad, desarrollo urbano y plusvalía en Guayaquil, hoy enfrenta una problemática que se reaviva por la inseguridad entre sus residentes y visitantes, tras la muerte de alias Frenillo, cabecilla de una organización criminal.

Tal como lo ha contado EXPRESO en reportajes anteriores, las constantes denuncias de irregularidades en esta zona han trastocado silenciosamente la convivencia en el sector. La alta rotación de inquilinos y el aumento de los alquileres temporales por medio de la plataforma digital Airbnb provocan incertidumbre.

El miedo se incrementa en Puerto Santa Ana

"Ya no sabemos quién vive al lado o quién nos visita. Antes uno conoció a sus vecinos; ahora cada semana hay gente distinta por la aplicación Airbnb", comenta Verónica Pedreros, residente de uno de los edificios del sector. Su preocupación no se centra únicamente en las molestias cotidianas, sino en la falta de control sobre quién ingresa y permanece en los departamentos. “No es solo el ruido o las fiestas, es no saber con quién estás compartiendo espacio”, explica.

Esta situación ha impactado directamente en la percepción de seguridad. Varios moradores coinciden en que, aunque el sector mantiene infraestructura moderna y sistemas de vigilancia, la tranquilidad ya no es la misma. "Sigo viviendo aquí porque me gusta el lugar, pero ya no me siento tan seguro como antes . Es una sensación constante de alerta", señala otro residente que prefirió no identificarse.

En este punto se cometió el crimen de Jonathan Damián Terán Bohórquez, el 17 de mayo pasado.

En este punto se cometió el crimen de Jonathan Damián Terán Bohórquez, el 17 de mayo pasado.archivo

Expertos en seguridad se refieren al tema

Expertos en seguridad y urbanismo advierten que lo que ocurre en Puerto Santa Ana no es un caso aislado, sino el resultado de cambios en la dinámica de ocupación de los espacios urbanos.

El criminólogo John Garaycoa comentó al respecto: “La seguridad nunca es absoluta… nada es 100 % seguro”. Y va más allá: “Si alguien se propone vulnerar un sistema, es cuestión de tiempo y estrategia”.

Garaycoa insiste en que muchas de las medidas que hoy generan sensación de seguridad (cámaras, accesorios electrónicos, guardias) funcionan tanto para quienes buscan protegerse como para quienes buscan ocultarse. “Los elementos de seguridad benefician al bueno y al malo… no hay que sorprenderse por eso”.

En la práctica, esto significa que incluso con videovigilancia, accesos electrónicos y personal de seguridad , resulta complejo verificar la identidad y antecedentes de quienes ingresan. "Los controles existen, pero tienen vacíos. Si alguien tiene acceso autorizado, puede (hacer) ingresar a terceros sin mayor verificación", sostiene.

Propietarios que alquilan dan su postura

A esta dinámica se suma otro actor clave: los propietarios que han invertido en el sector como parte de su patrimonio , pero que no residen en el país. Muchos de ellos ponen en alquiler sus departamentos como una fuente de ingresos, delegando la administración a familiares o terceros.

"Yo compré un departamento como inversión familiar , pero vivo fuera del país. Mi hermano es quien se encarga de administrarlo y alquilarlo con Airbnb", señala Andrés Mite. “Nosotros no tenemos ninguna relación con actividades ilícitas, simplemente es un negocio como cualquier otro”.

Otros propietarios coinciden en esta postura. "Es injusto que se generalice. Nosotros alquilamos de manera legal y transparente. No tenemos control total sobre lo que haga cada inquilino, pero tampoco somos responsables de los problemas de seguridad del sector", argumenta María Fernanda Roca, quien reside en Estados Unidos.

Ya no sabemos quién vive al lado o quién nos visita. Cada semana hay gente nueva y eso da miedo.
Verónica pedreros
Moradora

Por su parte, administradores de edificios en Puerto Santa Ana reconocen que, aunque existen protocolos de registro, estos no siempre son suficientes. “Pedimos datos, cédulas, información básica, pero si alguien compra o arrienda a nombre de otra persona por la aplicación, es difícil verificar quién vive realmente”, explica uno de ellos.

Además, hay un factor que condiciona la gestión: el miedo. "Muchas veces se detectan situaciones sospechosas, pero no todos quieren denunciar. No se sabe con quién se está tratando", admite.

Casos recientes han reforzado esta preocupación. Operativos policiales en zonas residenciales han evidenciado la presencia de personas vinculadas a actividades delictivas dentro de departamentos, lo que ha incrementado la percepción de vulnerabilidad. “Se han visto todos los allamientos, situaciones que antes parecían impensables en este sector”, agrega el administrador.

Residentes y especialistas sugieren soluciones

Los especialistas concuerdan en que la solución no depende únicamente de los residentes o administradores. La regulación del alquiler temporal, la verificación de la identidad de los ocupantes y el control sobre el uso de las propiedades requieren un marco legal más sólido.

“Se necesita una intervención coordinada entre el Estado, los municipios y el sector privado”, plantea un experto en seguridad. Sin este respaldo, los esfuerzos internos de los edificios resultan limitados.

Para muchos residentes, la preocupación ya no gira únicamente en torno a robos o hechos violentos puntuales. La inquietud es más profunda y cotidiana: no saber quién habita el mismo edificio, quién entra, quién sale ni con qué propósito. " Se deben realizar operativos y más controles. Hay pisos enteros dedicados a alquileres momentáneos . Eso debe investigarlo y ver qué ocurre adentro", pidió un residente de este sector, resumiendo la incomodidad ciudadana.

tracking