encuesta 'guayaquil cómo vamos'
El 61% de los guayaquileños miran con preocupación el futuro de la ciudad
La desazón triplica al optimismo, según los datos de 'Guayaquil Cómo Vamos'. Especialistas y ciudadanos exigen planes integrales y continuidad en obras

Los guayaquileños están preocupados por el futuro de la ciudad.
Ernesto Sábato escribió alguna vez: “La magnitud de la ciudad nos supera”. La frase sintetiza hoy el ánimo local. Según la encuesta Guayaquil Cómo Vamos, el 61,3 % de los ciudadanos encara el porvenir con preocupación. La cifra triplica al optimismo (17,9 %) y margina a la indiferencia (7,8 %), la frustración (7,7 %) y la tristeza.
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El pulso ciudadano
Para el doctor en Filosofía, Carlos Tutivén, este índice revela escepticismo frente a problemas estructurales (inseguridad, insalubridad y decadencia urbanística) que no hallan soluciones a largo plazo debido al clientelismo. “Debemos recuperar la ciudadanía y lograr que retorne la crítica reflexiva. La educación debe reencantar la habitabilidad, para no arrinconarnos en las malas noticias”, analiza.

El ánimo frente al futuro de la ciudad también tiene tinte político
Esta desconexión institucional también la advierte la exgobernadora Eliana Molineros. Le preocupa la falta de una propuesta integral de ciudad. “Los problemas ambientales, sociales y económicos se atienden por separado. Somos una urbe de estero y manglar. Necesitamos una ciudad que reconozca su naturaleza y se construya con los ciudadanos”, argumenta.
Desde la dirigencia comunitaria, Gorky Veintimilla suma su reclamo: el desarrollo urbano se ralentizó por trabas políticas. Él demanda autoridades sin sesgos partidistas, enfocadas netamente en seguridad, salud e infraestructura.
Pese al escenario crítico, el gestor cultural Luis Alberto Illescas se declara optimista. Sostiene que los proyectos deben trascender a las administraciones de turno. “Guayaquil necesita continuidad operativa, visión a largo plazo y una gestión democrática. La ciudad nos pertenece a todos”, señala.
El historiador Víctor Gamboa añade otra arista: el impacto de la inseguridad en la rutina y la pérdida de la memoria histórica, marcada por el inminente fin de la edición impresa de EXPRESO tras 53 años. “No es solo el cierre de un formato de papel; representa el final de una época del periodismo ecuatoriano. Cuando una nación pierde sus voces críticas, pierde automáticamente su memoria, su conciencia y su libertad”, reflexiona.
Hoy, frente a las rotativas que cesan su labor, los ciudadanos continúan exigiendo respuestas. Sin embargo, como sentenció el propio Sábato: “A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”.