Xóchitl Cruz convierte el pulso de las plantas en música: así suenan con su invento MADI
Dos electrodos, un transductor y una planta permiten que se convierta variaciones eléctricas en sonidos. La investigadora explica el proceso y sus límites

Xóchitl Cruz, artista y científica mexicana que investiga la sonificación de las plantas.
Lo que debes saber
- MADI convierte las variaciones eléctricas de las plantas en datos musicales.
- Xóchitl Cruz registró plantas y hongos en Ecuador durante mayo de 2026.
- Su investigación busca promover el cuidado ambiental mediante otra forma de escuchar la naturaleza.
El sonido encontró a Laura Xóchitl Cruz Cárdenas antes de aparecer convertido en datos. Primero estuvo en las cuerdas de su guitarra clásica; después, en el movimiento eléctrico de una lechuga, una flor o un hongo. La música le enseñó a escuchar y la ciencia le dio herramientas para traducir aquello que la naturaleza expresa sin voz.
Esa búsqueda llegó a Ecuador. Durante diez días de mayo de 2026, Xóchitl Cruz recorrió Quito, Cumbayá, Mindo y zonas de viveros para registrar plantas y hongos que no había estudiado en México. Su paso por el país terminó con un concierto privado: mientras el público guardaba silencio, las señales captadas por dos electrodos se transformaban en notas.
El puente entre ambos mundos se llama MADI, el transductor de Madis Agromusic. El dispositivo mide cambios en la conductividad eléctrica y los convierte en datos MIDI, a los que Xóchitl Cruz asigna el timbre de un piano o sintetizador. No descubre una canción escondida en la planta: vuelve audible información que el oído no percibe por sí solo.
La artista y científica explica este proceso, que ayuda a las personas a acercarse a las plantas mediante el sonido y abre nuevas rutas para estudiar su crecimiento y productividad.
El pulso de las plantas convertido en música
¿Qué parte del sonido pertenece a la planta y cuál corresponde a su intervención?
La lectura determina la velocidad, los cambios de registro y la secuencia que escuchas. Yo elijo el instrumento y hago el diseño sonoro, pero no acelero ni ralentizo los impulsos. Tampoco agrego notas para que el resultado parezca una melodía. Mi intervención está en la orquestación de esos datos y en la mezcla de timbres, no en alterar su comportamiento original.
¿Cómo funciona MADI y por qué suele recurrir al piano o a los sintetizadores?
Tú conectas dos electrodos a la planta y el equipo registra cambios en su conductividad o resistencia eléctrica. El transductor convierte esa información en datos MIDI y, desde ahí, puedes asignarle un instrumento virtual. Prefiero el piano o los sintetizadores porque abarcan registros graves y agudos. Si la lectura genera notas muy bajas y tienes cargada una flauta, por ejemplo, quizá no escuches nada porque ese instrumento no alcanza esas frecuencias.
¿Qué descubrió durante su visita a Ecuador?
No puedo comparar directamente las plantas ecuatorianas con las mexicanas porque no medí las mismas especies en condiciones equivalentes. En Ecuador trabajé con ejemplares que no conocía y sí encontré mayor movimiento en las lecturas de varios hongos. Es una observación de la visita, no una conclusión general. Para afirmarlo habría que medir las mismas especies y controlar humedad, altura, temperatura y otras variables.
¿Cómo fue la experiencia de llevar este proyecto al público ecuatoriano?
Llegué por invitación de una empresa para desarrollar una investigación que reúne una parte artística y otra científica. Al final hicimos en Cumbayá un concierto privado para unas veinte personas. En estas experiencias el público escucha la sonificación en tiempo real y puede notar cómo cambia la lectura al acercarse o tocar una hoja. Eso genera una relación distinta con la planta.
Una guitarrista en la ciencia
¿Cómo pasó de estudiar guitarra clásica a investigar cultivos?
Durante la licenciatura buscaba una aplicación de la música que tuviera impacto. Me llegaron investigaciones sobre el efecto del sonido en las plantas y comencé a preguntarme en qué frecuencias se movían. Mientras estudiaba Música, los fines de semana cursaba un diplomado de agricultura orgánica. Años después entendí que también existía una memoria familiar: mis abuelos y otros parientes trabajaron la tierra, y esas parcelas todavía forman parte de nuestra historia.
¿Qué resultados obtuvo con la lechuga romana y el chile jalapeño?
En mi tesis registré las señales de la lechuga, identifiqué las frecuencias que más se repetían, compuse dos piezas y las reproduje a otro grupo mediante altavoces. Bajo las condiciones de ese experimento, el cultivo estimulado completó el proceso entre dos y tres semanas antes que el grupo de control. En la maestría trabajé con chile jalapeño: estudié el sonido de agua corriendo ante la falta de riego y los sonidos de vuelo y polinización de abejorros en el néctar floral.
¿Qué tuvo que aprender para pasar de la Facultad de Artes al doctorado en Biosistemas?
Cuando entré al posgrado, mis compañeras venían de química, nutrición o distintas ingenierías. Yo llegaba desde Música y las últimas matemáticas que había visto eran las de preparatoria. Tuve que tomar clases particulares para estudiar cálculo y ponerme al nivel. Fue difícil, pero la formación artística terminó convirtiéndose en una fortaleza: me permite acercarme a los problemas con otra sensibilidad y formular preguntas que quizá no surgen desde una sola disciplina.
¿Cómo defiende su investigación frente al escepticismo?
Con el trabajo. Las tesis, los artículos, el diseño experimental y los resultados deben hablar. También necesito escuchar a especialistas de otras áreas, aceptar críticas y corregir lo que sea necesario. Defender el proyecto no significa cerrarlo y decir que ya tengo todas las respuestas. Prefiero ponerlo sobre la mesa y preguntar: ‘¿Qué podemos descubrir juntos?’. Mientras más colaborativa sea la investigación, más sólida puede volverse.
¿Existe un género musical que beneficie a todas las plantas?
No. Hay investigaciones que han utilizado obras de Mozart, el Canon de Pachelbel, Rhapsody in Blue de Gershwin, cantos védicos, rock y pop, además de sonidos específicos de la naturaleza. Pero tú no puedes tomar una canción y asegurar que funcionará igual con todas las especies. Cada experimento tiene una planta, una intensidad y un tiempo de exposición determinados. La misma pieza puede provocar otra respuesta si cambias el volumen o la duración. Por eso prefiero hablar de estímulos acústicos bajo condiciones controladas.
¿Qué busca transmitir con su investigación?
Quiero crear conciencia sobre el cuidado del medioambiente. No soy musicoterapeuta ni afirmo que las plantas sientan como nosotros. Busco darles una voz audible para recordar que están vivas y responden a su entorno. Esa idea también atraviesa Entre Flores, mi álbum construido con flores vinculadas a recuerdos personales. Me interesa que el sonido cambie la forma en que las personas miran una planta y se relacionan con ella.