‘Tres turnos de noche’: un popurrí de icónicas obras teatrales convergen en un mismo escenario
Piezas de Karl Valentin, Tennessee Williams y Griselda Gambaro se integran en un universo donde prima lo absurdo. La obra se inauguró en Quito

La idea del barrio permitió construir una dramaturgia que conserva la estructura de las piezas originales, pero incorpora elementos que las conectan entre sí.
- Tres turnos de noche: Crónicas de barrio reúne textos de Karl Valentin, Tennessee Williams y Griselda Gambaro en un montaje dirigido por Mateo Yacelga.
- La obra ocurre en una misma calle quiteña, donde una farmacia, una cafetería y una peluquería conectan tres historias atravesadas por el humor y el absurdo.
La noche cae sobre un barrio capitalino. Pero, mientras la calle empieza a vaciarse, tres locales permanecen abiertos. En un bar, dos mujeres conversan a la espera de que la noche les depare alguna aventura. A pocos pasos, el dependiente de una farmacia intenta descifrar lo que necesita un cliente, pero una petición aparentemente sencilla deriva en un diálogo cada vez más enredado que termina por poner a prueba su paciencia. Más adelante, en una peluquería, el encuentro entre un hombre y el peluquero trastoca silenciosamente los papeles de quien atiende y quien espera ser atendido.
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Afuera, la calle sigue su curso. Alguien intenta detener un taxi, otro espera el bus y algunos aceleran el paso ante la sospecha de que algo pueda ocurrir. Los personajes entran y salen de los tres establecimientos mientras el ruido urbano acompaña sus desplazamientos y entrelaza sus historias.
Así transcurre Tres turnos de noche: Crónicas de barrio, montaje de Desborde Teatro estrenado en el Estudio de Actores, en el Centro Histórico de Quito, que reúne en una sola noche tres textos escritos en épocas y geografías distintas.
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La obra, dirigida por Mateo Yacelga, adapta y reúne En la farmacia, del alemán Karl Valentin; El análisis perfecto hecho por un loro, del estadounidense Tennessee Williams; y Decir sí, de la argentina Griselda Gambaro. El proyecto surgió durante un proceso de trabajo de Desborde Teatro, cuando sus integrantes comenzaron a ensayar por separado varias piezas breves de la dramaturgia del siglo XX.
En un principio, la intención era presentarlas como escenas independientes, separadas incluso por pequeños intervalos. Sin embargo, al definir los tres textos que integrarían el montaje, el colectivo encontró un punto de conexión: cada historia transcurría en uno de esos establecimientos que forman parte del paisaje cotidiano de un barrio. Esa coincidencia terminó por convertirse en el hilo conductor de la puesta en escena.

Daniela Armas, Felipe Cucalón, Guillermo Guerra, Juan Daniel Terán, Paulina López y Katherine Maldonado dan vida a los personajes de la obra.
Un popurrí de historias universales
La idea del barrio permitió construir una dramaturgia que conserva la estructura de las piezas originales, pero incorpora elementos que las conectan entre sí y las trasladan al contexto quiteño. Algunas referencias geográficas fueron reemplazadas por lugares reconocibles de la capital, mientras que las transiciones incorporaron situaciones asociadas a la experiencia cotidiana de recorrer y habitar la ciudad.
"Cuando tomamos la decisión de que serían estas tres obras, nos dimos cuenta de que ocurrían en tres lugares muy cliché de todo barrio: la farmacia, la peluquería y la cafetería. Y ahí vino esta idea de juntarlo todo en un mismo barrio y volver más cercanos textos que tienen muchos años de diferencia entre sí y que fueron escritos en contextos muy distintos. A través de esta idea del barrio, de la calle y de la noche, siento que todo se juntó de una forma bastante comprensible”, explica Yacelga.
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Pero la conexión no ocurre únicamente a través del texto. El montaje mantiene a sus seis intérpretes —Daniela Armas, Felipe Cucalón, Guillermo Guerra, Juan Daniel Terán, Paulina López y Katherine Maldonado— visibles durante buena parte del espectáculo. Mientras una historia termina y otra comienza, los actores reconstruyen el movimiento de la calle: esperan el transporte, se cruzan con desconocidos o reaccionan a los sonidos y situaciones del exterior. Los tres establecimientos se convierten así en distintos puntos de una misma geografía escénica.
La construcción de esa calle tomó cerca de un año de trabajo y encontró uno de sus ejes en la idea de la "jungla de cemento”, con la música popular como banda sonora e hilo conductor. La cumbia marca el desplazamiento de los personajes y se mezcla con sonidos reconocibles del paisaje urbano.
"Quisimos crear un ambiente muy típico de un barrio, muy colorido. Así fue cómo surgió la cumbia como ritmo musical, junto con el pitido del bus y el sonido de las sirenas de las ambulancias, sonidos muy, muy cotidianos. Es un montaje muy expresionista, con colores muy vivos que transforman la escena en este viaje por un barrio a mitad de la noche”, explica el director.

La construcción de la apuesta teatral tomó apróximadamente de un año de trabajo
Entre el absurdo y la comedia
En ese recorrido, las situaciones planteadas por Valentin, Williams y Gambaro conservan sus mecanismos de humor, tensión y absurdo. Para Yacelga, el cruce entre lo extraordinario y la rutina urbana es precisamente uno de los puntos que articula la historia.
“La obra gira en torno a las lógicas del absurdo, pero la verdad es que, a veces, lo que pasa en el día a día puede resultar absurdo y hasta inverosímil, sobre todo en una ciudad como Quito, donde de repente pasan cosas muy locas”, comenta entre risas.
Tres turnos de noche: Crónicas de barrio permanecerá en temporada hasta el 13 de septiembre en el Estudio de Actores, ubicado en las calles Manabí y Benalcázar, en el Centro Histórico de Quito.
Las funciones se realizan los viernes a las 19:00 y los sábados y domingos a las 18:00. La adhesión es de $15.