TEATRO
‘Conjuro para cazar venados’: la violencia machista se cuenta desde el teatro en Ecuador
La obra de teatro ‘Conjuro para cazar venados’ llega a Quito con una historia que explora la violencia machista dentro de la familia

‘Conjuro para cazar venados’ aborda la violencia machista a través de la historia de una familia.
Una escopeta, una celebración familiar y una adolescente que cumple 15 años. Con esos elementos, ‘Conjuro para cazar venados’ construye una historia que poco tiene de celebración y mucho de las relaciones de poder que pueden esconderse dentro de una familia.
La obra, escrita por la dramaturga mexicana Ginna Álvarez, será presentada en Quito bajo la dirección de la ecuatoriana Isadora Fonseca. Se trata de un thriller psicológico con elementos de realismo fantástico que utiliza la cacería como una imagen para hablar de violencia machista y abuso. El montaje tiene previsto su estreno este viernes en el Teatro Malayerba.
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Una celebración de 15 años que cambia de rumbo
Irene está a punto de cumplir 15 años. Para celebrarlo, su familia se traslada al monte con la intención de cazar venados. El plan, sin embargo, no sale como esperaban. Los animales no aparecen y aquello que debía ser una jornada de cacería comienza a adquirir otro significado.
La atención de los personajes se dirige entonces hacia Irene. La adolescente pasa a ocupar el lugar de la presa, una transformación que permite a la obra construir su principal metáfora.
La cacería funciona como una representación de las relaciones de dominación que atraviesan la historia y que, en este caso, tienen como escenario el propio núcleo familiar.
La violencia también se hereda
Más que presentar únicamente a un agresor y una víctima, la obra pone el foco en los roles que cada integrante de la familia ocupa y en la manera en que determinadas conductas pueden reproducirse.
Uno de los contrastes aparece entre el padre de Irene, quien tiene Alzheimer, y Carlos, un personaje que representa una masculinidad distinta, más asociada al poder y la imposición.
La enfermedad del padre introduce además un elemento de memoria y olvido. En medio de sus lagunas mentales, intenta proteger a su hija del acoso y le entrega un rifle. El arma adquiere un sentido simbólico dentro de la historia, como una herramienta para que Irene pueda tomar decisiones sobre su propia vida.
La madre, en cambio, aparece atrapada en un esquema de sometimiento que termina trasladando a su hija. La obra plantea así cómo ciertos mandatos sobre lo que significa ser mujer pueden reproducirse dentro de una misma familia.
Una masculinidad que entiende a la mujer como una presa
Carlos es interpretado por el actor chilenouruguayo Ignacio de Vries. Su personaje representa la forma más extrema de una masculinidad basada en la dominación.
Desde esa perspectiva, la cacería deja de ser solamente el escenario de la historia. Se convierte en una manera de mostrar cómo el personaje entiende sus vínculos con las mujeres.
¿Por qué llevar la violencia machista al teatro?
Para Isadora Fonseca, hablar de violencia contra las mujeres desde distintos espacios sigue siendo necesario. El teatro se convierte así en otra vía para acercar al público a una problemática que no siempre resulta visible cuando ocurre dentro de los hogares.
La obra también llega en un contexto marcado por la circulación de discursos misóginos en redes sociales. De Vries menciona el crecimiento de comunidades vinculadas a la llamada "machosfera" y al movimiento TradWife, cuyos discursos sobre los roles de género han ganado presencia en distintos espacios de internet.
‘Conjuro para cazar venados’ se estrena en Quito
El montaje llegará este viernes al Teatro Malayerba, en Quito. La historia combina elementos de thriller psicológico y realismo fantástico para abordar la violencia machista desde las relaciones familiares.
La propuesta no busca entregar una única respuesta sobre el problema. Su punto de partida es una historia de abuso y dominación que permite mirar cómo determinadas conductas pueden mantenerse, reproducirse y transmitirse dentro del hogar.