Entretenimiento
Jean Paul Olhaberry, “El Mago del Fin del Mundo”, llega a Guayaquil
El ilusionista chileno llega con su espectáculo “Soy Magia’”. Antes de sus shows conversó con EXPRESIONES sobre escapismo y sus desafíos extremos.

Ilusionismo, mentalismo y escapismo forman parte del universo que el chileno lleva a escena.
Lo que debes saber
- “Soy Magia” propone una experiencia participativa en la que el público también realiza magia con sus propias manos.
- Olhaberry asegura que, pese al auge de la IA, la magia está más viva que nunca por la necesidad de volver a vivir experiencias reales.
- A los ocho años de edad descubrió la magia gracias a un truco con una moneda; a los 18 decidió convertir aquella fascinación en su profesión.
El chileno Jean Paul Olhaberry, más conocido como “El Mago del Fin del Mundo” prepara su llegada a Ecuador.
“Soy Magia” es el espectáculo que presentará el 14 y 15 de agosto en el Teatro Sánchez Aguilar y con el que propone mucho más que descubrir qué hay detrás de un truco. Durante 90 minutos habrá ilusionismo, mentalismo, escapismo y participación del público.
Cómo adelanto, hizo para esta humilde servidora un acto de magia con las reinas del naipe, convirtiendo la entrevista en un inesperado adelanto de su show. ¿Revelar cómo terminó? Jamás. Romperíamos el código del mago. Mejor quedarse con una de sus frases: “La magia más poderosa de todas es la vida”.
En diálogo con EXPRESIONES cuenta cómo que empezó como fascinación infantil terminó convirtiéndose en una carrera de más de dos décadas y que ha convocado a más de 50 mil espectadores en sus shows.
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La magia comenzó temprano
Su relación con la magia comenzó a los ocho años de edad, cuando un mago hizo aparecer una moneda detrás de su oreja. “Sentí que era posible lo imposible”, recuerda.
Ya en su juventud primero tuvo que dejar atrás dos años de Ingeniería Comercial y la preocupación familiar sobre si ser mago podría convertirse en una profesión. El punto de quiebre llegó al ganar un campeonato de magia que lo llevó hasta Europa, donde descubrió que este arte podía ocupar grandes escenarios con el mismo respeto que el ballet, la ópera o el teatro.
Pero Jean Paul no se quedó únicamente con el ilusionismo. Su búsqueda lo llevó hacia los rituales ancestrales, el contacto con la naturaleza y las culturas originarias de Sudamérica. Recorrió Chile desde el desierto hasta la Antártica y entendió que no necesitaba buscar el misterio al otro lado del mundo. “Sudamérica tiene una magia como ninguna otra parte del mundo”, asegura. Esa exploración terminó mezclándose con otra de sus especialidades, el escapismo, disciplina con la que paradójicamente enfrentó uno de sus mayores temores de infancia: el agua. “Para mí, el escapismo es desafiar lo imposible a través de nuestro poder mental y físico”.
En Guayaquil quiere provocar precisamente eso: que niños y adultos vuelvan a creer.
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“Sudamérica tiene una magia como ninguna otra”
Lo llaman “El Mago del Fin del Mundo”. ¿Cómo nació esa identidad?
Durante mucho tiempo viajé por Asia buscando esa magia oriental. Pero estando allá me decían que yo tenía una magia muy diferente, algo que ellos no tenían. Entonces entendí que no tenía que ir a buscar la magia a otro lugar. Sudamérica tiene una magia como ninguna otra, aquí la tradición ancestral todavía está viva. Decidí investigarla y desde ahí mostrar mi arte al mundo.
Leí que incluso recorrió Chile investigando esa conexión entre magia y naturaleza. ¿Qué experiencias de ese viaje terminaron llegando a sus espectáculos?
Hice un documental llamado Mapa mágico de Chile, para el que recorrí el país desde el desierto hasta la Antártica investigando estas culturas y conversando con machis y yatiris. Conocí mujeres que, a través de instrumentos ancestrales, podían llamar a la lluvia en un bosque de Chiloé. En La Araucanía conocí a un hombre que reproduce más de 40 cantos de aves y logra comunicarse con ellas. Fui recogiendo esa magia vinculada con la naturaleza y esas historias hoy las llevo al escenario a través del ilusionismo.
Sus actos de escapismo parecen tener mucho que ver con enfrentar los propios miedos. ¿El suyo comenzó precisamente con uno?
Sí. Cuando era niño tuve una experiencia en una piscina y desarrollé una fobia al agua. Desde los siete u ocho años hasta aproximadamente los 15 no me atrevía a meterme. Después conocí la historia de Harry Houdini. Me impresionaba pensar que no solamente entraba al agua, sino que lo hacía encadenado, de cabeza y encerrado, y aun así lograba escapar. Eso me inspiró. Cerca de los 18 años comencé a estudiar técnicas de escapismo
¿Y qué descubrió ?
Descubrí que el escapismo implica enfrentarte a un miedo y a algo desconocido mediante un entrenamiento físico y mental. Cuando atraviesas esa barrera descubres que eres mucho más poderoso de lo que creías. Para mí, el escapismo es desafiar lo imposible a través de nuestro poder mental y físico.
Después de tantos desafíos extremos, ¿cuál es el gran escape que todavía tiene pendiente?
Hace años trabajo en un proyecto que quiero realizar en el cráter de un volcán. No sería un volcán activo, sino uno que tenga una laguna en su cumbre. Quiero realizar un escape dentro del agua, a unos 5.000 metros de altura. Es un proyecto en el que llevo bastante tiempo trabajando.
¿Quién es más difícil de sorprender: un niño o un adulto?
Son dos lugares opuestos. El niño está predispuesto a vivir algo alucinante: quiere que las cosas pasen, quiere verlas, sentirlas y tiene la energía arriba. El adulto, en cambio, llega con un escudo, como diciendo: “A mí no me engañas”. Pero cuando ese adulto finalmente se entrega, rompe el cascarón y dice “¡wow, esto es maravilloso!”, se entrega por completo.

Entre naipes, mentalismo y escapismo, Olhaberry juega a hacer posible lo imposible.