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Stefany Tejada y su nueva vida: negocios, televisión y una hija adolescente
Radicada en Estados Unidos, la presentadora combina su emprendimiento con sus viajes a Ecuador para grabar Salud 360. Dice estar sola

Stefany Tejada comparte pantalla con Úrsula Strenge en Salud 360, de Teleamazonas.
Lo que debes saber
- Hace tres años se radicó en Estados Unidos después de cerrar los locales de belleza que tenía en Quito. Creó Brains and Beauty, una escuela de negocios digitales para mujeres.
- En el ámbito personal, reconoce que atravesó una profunda depresión después de cerrar su negocio en Ecuador y cuestionarse su decisión de emigrar.
- Tras tocar fondo, asegura que encontró a Dios, pese a que anteriormente se consideraba atea.
Hace tres años, la presentadora, productora, maquilladora y entrenadora personal Stefany Tejada (40), se marchó a vivir a Estados Unidos. Actualmente está al frente de Brains and Beauty, una escuela de negocios digitales para mujeres. Viaja a Ecuador cada mes para las grabaciones de Salud 360, programa que emite Teleamazonas y en el que comparte con Úrsula Strenge.
Sus últimas apariciones en TV se dieron durante la pandemia, en Esta mañana, de RTU. Se inició como asistente del reality Gran Hermano del Pacífico y posteriormente formó parte de Vamos con todo, El club de la mañana, TVentas, Gente de Televistazo, Saliendo con Stefany Tejada, Bailamos, Café y bolón, Hoy cocino por ti y Yo me llamo.
En 2022 se casó con Alfred Navarro; sin embargo, actualmente confiesa que está sola. Su única hija, Valentina, tiene 15 años y es fruto de su relación con Luis ‘Chucho’ Bolaños.
Tras atravesar un periodo depresivo, asegura que encontró a Dios.
¿Por qué decidió marcharse a Estados Unidos?
Vine a Estados Unidos porque quisieron vacunarme en Quito, donde residía. Allá tenía cinco locales relacionados con el negocio de la belleza, principalmente de maquillaje. Como yo estaba involucrada directamente en el proceso, cuando me fui el negocio se vino abajo. Lo dejé en manos de otras personas, finalmente decidí cerrar porque me dio miedo endeudarme. Preferí cortar por lo sano.
"Me costó adaptarme a un sueldo"
¿Qué hizo cuando llegó a ese país?
Antes de venir competí en fisicoculturismo. Cuando llegué, en el gimnasio me preguntaban si era entrenadora personal. Un día dije que sí y decidí prepararme y certificarme. También maquillaba a novias y trabajé como maquilladora en Univisión. Allí conocí al presentador chileno Rafael Araneda.
La verdad es que me costó adaptarme a recibir un sueldo, porque en Ecuador estaba acostumbrada a ganar lo que yo me fijaba mensualmente. Así nació mi escuela de negocios digitales. Vendo la franquicia y enseño a otras mujeres a desarrollarla.
¿Tiene intenciones de regresar a Ecuador?
Mi intención es construir algo grande en Estados Unidos y permanecer unos meses allá y otros meses aquí. Tengo un departamento en Quito. Todavía no me han otorgado la ciudadanía estadounidense. Por ahora, mi vínculo con Ecuador está principalmente relacionado con las grabaciones de Salud 360.
¿Cómo llegó a Salud 360?
La última vez que visité Ecuador me hicieron la propuesta para formar parte del programa. Me gustó la idea y acepté. Siento un cariño muy grande por mi tierra. Ahí están los recuerdos y parte de mi familia.
Ahora comparte pantalla con Úrsula Strenge. ¿Cómo ha sido trabajar con ella?
No lo esperaba y fue una grata sorpresa. Trabajo con una mujer a la que admiro como ser humano y como profesional. Siempre me inspiró y compartir este espacio con ella también representa un gran sueño para mí.
¿Le preocupa el paso de los años?
Yo digo la verdad, no como otras que dicen que tienen 38 años (risas). A mí no me complica la edad. Competí en fisicoculturismo y entrené durante la pandemia. Creo que eso también me ayudó a verme mejor. El deporte me ha hecho sentir con más energía que cuando tenía 30 años. Incluso creo que ahora me veo mejor. Desarrollé disciplina y fortalecí mucho la parte mental. Aquí me enteré de que produzco poca dopamina y el deporte me ayuda a generar lo que necesito.
"Tengo que desarrollar mi perfil como madre"
¿Cómo es su relación con su hija adolescente?
Valentina tiene 15 años. Es una artista como su madre: le encanta el maquillaje, juega fútbol y pronto aprenderá equitación. Hemos tenido que adaptarnos al sistema educativo de Estados Unidos. Ella quiere ser veterinaria y domina el inglés.
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¿Qué dificultades ha encontrado en el sistema educativo estadounidense?
No es como muchas personas creen, que todo es lo máximo. Considero que los colegios privados de Ecuador están más avanzados y ofrecen una educación más completa. En Estados Unidos hay gente de muchos lugares y, desde mi perspectiva, la educación puede ser menos profunda y más general. Incluso siento que los chicos tienen mayor libertad para hacer lo que quieren y que los profesores están limitados en algunos aspectos.
¿Le gustaría volver a ser madre?
Primero tengo que trabajar mucho en mi perfil como madre. Desde los 16 años empecé a trabajar, así que no desarrollé mucho la parte maternal, sino la de proveedora. Creo que adopté un rol masculino. Uno de mis sueños era tener una familia numerosa, con cinco hijos; sin embargo, no ha sido así. He vivido en México, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Lo mejor de todo es que, en este recorrido, me he encontrado con Dios.
Su encuentro con Dios
¿Cómo fue su encuentro con Dios?
Antes, donde yo vivía, era un lugar lejano. En Estados Unidos, el maquillaje es caro y no todas las personas lo utilizan. Dios empezó a enviarme novias y, cuando comenzaba a arreglarlas, ellas me hablaban de su relación con Dios. En Ecuador nunca había maquillado a una novia cristiana. En una ocasión llegó un pastor que me pidió que lo caracterizara como un mendigo. Me dijo que no importaba el mensajero, sino el mensaje que él traía para mí Así fue como me encontré con el Señor.
¿Qué cambió en usted a partir de ese encuentro?
Siempre viví para el mundo o para cumplir mis sueños, pero no para agradar a Dios ni para servirle. Mi vida se ha transformado.
¿Qué la hizo caer en depresión?
Cerrar mi negocio en Ecuador. Pensé que había sido un error venir a Estados Unidos. Casi me vuelvo loca. Después entendí que Dios nos quita todo el ruido cuando nos llama y que es necesario doblar rodillas y, además, tocar fondo. Lloré mucho durante el primer año. No tenía el control de mis emociones. Dios me dio la sabiduría y el conocimiento para poder avanzar.
¿Ya se bautizó?
Todavía no, pero es algo que tengo pendiente. Debo dar ese paso. A las cuatro de la mañana oro y, cuando no lo hago, siento que me falta lo más importante.