Rachel Therrien: "Lo latino siempre ha sido parte de la historia del jazz"
La trompetista franco-canadiense tocará en las New York Jazz Sessions, el 28 y 29 de agosto, en el Teatro centro de Arte de Guayaquil

La trompetista franco-canadiense, actualmente radicada en Nueva York, está muy influenciada por el latin jazz y vertientes afro.
Nunca hay que subestimar los designios del azar. Una mudanza familiar a los doce años llevó a la trompetista franco-canadiense Rachel Therrien a ingresar dos semanas tarde a su ciclo escolar. Eso hizo que al sumarse a la orquesta de música, tuviera que elegir entre la trompeta y el trombón, los dos únicos instrumentos disponibles.
Se decidió por la trompeta, que la atrapó enseguida, al considerarla una extensión de la voz y el alma humana.
Gracias a los buenos maestros que fue teniendo en el camino y a su temple personal, desde adolescente se familiarizó con la escena de Montreal, donde compartió con músicos de la extensa y diversa diáspora africana, sobre todo del oeste del continente, de lugares como Marruecos, Costa de Marfil o Burkina Faso, además de la comunidad haitiana de la ciudad, quienes siempre le abrieron los brazos para tocar e improvisar juntos.
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Poco después entró a la Universidad de Montreal, donde si bien se introdujo en la parte formal del jazz, también empezó a sentir que en ese momento no se les daba a las mujeres artistas el suficiente apoyo y reconocimiento. Eso incluso la llevó a cuestionarse si la música realmente sería su camino de vida.
En medio de la duda, el gran baterista cubano Giraldo Piloto, con quien Rachel tocaba, al conocer su situación le sugirió estudiar en Cuba, donde le auguró que tendría una experiencia diferente. Otra vez el llamado del azar.
Efectivamente, en La Habana se encontró con una comunidad de trompetistas que en vez de competir entre ellos, se apoyaban y aprendían unos de otros.
En Latinoamérica volvió a conectar con su sueño y empezó a componer las canciones que tras su regreso grabó en su album debur, On Track, de 2011, el primero de sus diez discos hasta ahora, en una carrera que no solo acumula reconocimientos, sino, sobre todo, la satisfacción de conectar culturas y visiones.
Actualmente radicada en Nueva York, donde estableció su base de operaciones, Rachel es la invitada de la sexta edición de las New York Jazz Session, que tendrá doble fecha, este viernes 28 y sábado 29 de agosto, en la Sala Experimental del Teatro Centro de Arte.
Allí presentará un show fuertemente influenciada por los sabores latino y afro, acompañada por los músicos ecuatorianos Giovanni Bermúdez en el contrabajo, Carlos Bravo en la batería y Joan Sánchez en el piano.
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Sus años en Cuba son trascendentales en su formación artística. ¿Cómo vivió la experiencia de abrirse a otra cultura?
Pues fue una experiencia muy empoderante. Yo tenía apenas 20 años, me fui a estudiar allá sola, sin hablar el idioma. En aquella época no había internet. Me choqué con otra cultura completamente diferente.
Todo un descubrimiento.
Aprendí muchas cosas, no solo cultural y rítmicamente, sino también a nivel de humanidad. Me di cuenta de los privilegios que yo tenía, como tener un pasaporte que me permite viajar. Pero también vi los privilegios que tienen allá en comparación a lugares ultracapitalistas.
Cuba es la cuna del son, base de la salsa neoyorquina. Como exponente del jazz, ¿qué opina de la música de referentes salseros como Eddy Palmieri, Willie Colón o Ray Barreto, que tiene mucho de jazz también?
El latin jazz es igual de grande que la palabra jazz. Hay tantas corrientes diferentes. El latin jazz de Eddie Palmieri o de Dizzy Gillespie son corrientes completamente diferentes. Hay tantos lenguaje e influencias. Al igual que el jazz de trompetistas como Miles Davis, Lee Morgan, Clifford Brown, Freddie Hubbard. Cada uno con su propio ‘feeling’. Y eso es lo que me encanta descubrir, y recrear también.
Como parte de esa heterogeneidad, el componente afro es importante en su música.
Vengo realmente del lado afro antes de meterme más en el jazz americano. En mi carrera como compositora, mi meta siempre ha sido recrear esa conversación de la que nació el jazz, entre gente de diferentes lugares. El jazz nació en Nueva Orleans, que es el lugar más caribeño de Norteamérica, donde había culturas de todas partes del mundo y siempre el lado afro ha estado presente
Y también lo hispano.
El lado latino es parte de la historia del jazz también. Cuando me di cuenta de eso, realmente empecé a empujar más la conversación entre diferentes ritmos. Siempre estuve nadando en esas conversaciones, mezclando diferentes culturas.

Rachel ganó el TD Grand Prize Jazz Award 2015 en el Festival Internacional de Jazz de Montreal y el premio Stingray Rising Star 2016 (Canadá). Ha sido nominada tres veces al Grammy.
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La Gran Manzana: una ciudad, muchos mundos
Para Rachel, la Gran Manzana ofrece algo que ningún otro lugar puede dar. “Tengo una versión de mi proyecto en Francia, otra en Montreal y otra en Nueva York. Y en Nueva York, aunque son los mismos temas, hay un nivel de intensidad especial en la forma de tocar”, nos cuenta.
Ella admite que es una ciudad complicada. “Es difícil sobrevivir aquí, difícil pagar renta. Hay un gran ajetreo. Hay que tocar bien, porque siempre hay otro atrás esperando ocupar tu puesto. Yo me mudé a Nueva York con $500 en el banco y el primer mes tenía que pagar $1.000. Después de 10 años logré tener estabilidad, pero compartiendo casa con otra gente, porque no se puede pagar un departamento solo”.
A eso se suma la gran mezcla de culturas. “Todos los rincones del mundo están representados en Nueva York. Mucha gente que decidió salir de su zona de confort para intentar vivir un sueño acá. Quienes nacieron en NY tienen otra vibra, pero todos los que vienen de afuera mantienen la misma conexión, el mismo sueño”.