Emprendedores
Ingrid Puruncajas y su emprendimiento de tufting que impulsa el arte textil en Ecuador
Su historia al crear Purungoods es una muestra de que la valentía para apostar por algo distinto transforma una idea creativa en una propuesta con identidad

Ingrid Puruncajas encontró en el tufting una forma de transformar lanas, colores y texturas en piezas con arte, diseño y personalidad.
Lo que debes saber
- Ingrid Puruncajas encontró en el tufting una forma de expresión que hoy impulsa a través de Purungoods, su emprendimiento creativo.
- Aunque estudió Finanzas y Economía, la pandemia la llevó a reconectar con lo manual y a apostar por un arte poco explorado en Ecuador.
- Con más de 500 piezas creadas, exposiciones, clases y una comunidad de más de 76 mil seguidores, Ingrid busca llevar el tufting a más rincones del país.
Entre lana de colores, bastidores tensados y el sonido constante de la pistola de tufting atravesando la tela, Ingrid Puruncajas ha construido un universo en el que cada hilo cuenta su propia historia.
Con sus 29 años, esta creativa y alegre guayaquileña ha logrado hacer crecer un emprendimiento que gira alrededor esta técnica que permite crear piezas textiles con relieve y mucho carácter. Pero también ha abierto camino para este arte en el país.
El hilo inicial
Antes de trabajar en un mundo lleno de colores, estudió Finanzas y Economía en Nueva York, donde se graduó a inicios del 2020 con la meta de trabajar en Wall Street. Pero la pandemia cambió el ritmo de sus planes y, aunque aplicó a varios trabajos, las respuestas positivas no llegaban. “Era desmotivante, pero sabía que estábamos en una pandemia”, recuerda.
En medio de esa pausa obligada, empezó a buscar respuestas en libros para intentar ordenar sus ideas sobre su futuro. En uno de ellos encontró una pregunta que terminó cambiando el rumbo de su vida: ¿para qué suelen pedirte consejos tus amigos o la gente cercana? E Ingrid se dio cuenta de que siempre la buscaban para hacer cosas manuales.

Desde Purungoods, Ingrid impulsa el tufting en Ecuador con creaciones que mezclan técnica, creatividad y mucho color.
Desde ese momento, comenzó a comprar materiales, probó con arcilla, resina y distintas manualidades, hasta que esa curiosidad despertó su deseo de hacer algo creativo.
Ya en el 2021, regresó a Ecuador para trabajar junto a su papá en un libro de contabilidad, pero entre números y tareas administrativas seguía mirando videos en YouTube y explorando ideas. Hasta que un día descubrió a una persona haciendo tufting.
“Me pareció loquísimo, porque pensaba que las alfombras solo se hacían a gran escala”, cuenta. Al ver que en Ecuador este arte se conocía poco, sintió que era su oportunidad. Su primera máquina llegó gracias a su abuelito y, luego de varios meses de práctica, prueba y error, en septiembre del 2021 dio vida oficialmente a Purungoods.
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Entre lanas, bastidores y piezas textiles, Ingrid ha construido un universo creativo que hoy comparte a través de sus obras y clases.
Arte que se comparte
Desde que decidió mostrar sus trabajos en redes sociales, el boom fue inmediato. Pocas personas estaban acostumbradas a ver algo así.
Para Ingrid, esa vitrina digital fue clave para que Purungoods creciera con rapidez y que más personas descubrieran el tufting. “Si no hubiese sido por las redes, no hubiera crecido tanto y tan rápido”, reconoce.
Uno de sus momentos más virales llegó con una alfombra inspirada en Bender (el personaje de Futurama). Despertó tanto interés que, incluso, recibió pedidos de países como México, Japón, Argentina y Chile.
Con el tiempo, esa exposición se transformó en más pedidos, nuevos materiales... y en las primeras solicitudes para dar clases.
Aunque al inicio no se sentía del todo segura, al año se lanzó a enseñar y descubrió otra pasión: compartir lo que sabía.
Hoy sus cursos se dictan en Guayaquil, Quito, Cuenca y Machala, y su comunidad en redes ya supera los 76 mil seguidores que, al igual que ella, aman este arte.
Esa conexión también le ha abierto puertas a experiencias distintas: este mayo, por ejemplo, elaborará una pieza de tufting en vivo durante un matrimonio, lo que demuestra que su trabajo puede moverse entre el arte, el diseño y los momentos más especiales.

Con más de 500 piezas realizadas, Ingrid demuestra que el tufting puede ir más allá de las alfombras y convertirse en arte, moda y decoración.
Un mundo por crear
Con más de 500 piezas a su haber (entre alfombras, espejos, carteras, cojines, llaveros, portavasos, maceteros y hasta adornos de Navidad), Ingrid asegura que el tufting todavía tiene infinitas posibilidades para crear. “Lo que tengas en mente se puede hacer realidad”, sostiene.
De hecho, uno de sus objetivos es incursionar con más fuerza en la moda con la creación de blusas, diademas y piezas textiles que mezclen color, textura y personalidad, para transmitir esa misma energía alegre que se refleja en su forma de vestir. Incluso, poco a poco ha empezado a forrar internamente su carro con tufting y sueña con hacerlo también en el exterior.
Pero más allá de seguir creando, su gran deseo es tener una gran escuela, que permita llevar este arte a todos los rincones del país y del mundo. “A mí me alegra enseñar. No siento que estoy formando competencia, sino comunidad. Cada persona tiene un estilo único y eso se nota en cada pieza”, afirma.
Arte en vitrina
Ese crecimiento también la ha llevado a mostrar el tufting en espacios de exposición. La primera vez fue junto a Mikaela Báez. En una galería de Plaza Lagos, esta presentó sus pinturas e Ingrid creó las alfombras.
El año pasado, participó en una segunda exposición en Mall del Sol, donde mostró algunas de sus alfombras y espejos con diseños de tufting.
Para ella, estas experiencias confirman que este arte todavía tiene mucho por ofrecer como técnica decorativa y como una forma de expresión con gran potencial creativo.

Para Ingrid, enseñar tufting no significa formar competencia, sino abrir camino para que más personas descubran su propio estilo.
Emprender es difícil, pero mantenerse lo es aún más. Al inicio todo nace desde la emoción, pero con el tiempo entiendes que se necesita constancia, paciencia y mucha adaptación. Creo que lo más complicado es no dejar que te arrastre la ola, porque todo cambia muy rápido. Por eso, para mí ha sido clave reinventarme en cada momento, seguir creando y proponer cosas nuevas sin perder mi esencia.
Todavía hay personas que lo ven como algo costoso sin imaginar todo el trabajo que existe detrás. No siempre se piensa en las horas de creación, los materiales, las lanas y el proceso manual que implica cada pieza. Pero cuando vienen a los cursos y lo viven de cerca, entienden mucho más el esfuerzo que requiere. Por eso, poco a poco más personas aprenden a valorar este arte por lo que realmente es.
Cuando empecé, pensaba que solo debía subir fotos de las alfombras y ya. Con el tiempo entendí que las redes también son un espacio para conectar y humanizar la marca. Hoy sé que es importante mostrar quién está detrás, compartir el proceso y contar la historia de cada pieza. Todavía me cuesta salir hablando en cámara, porque no me considero influencer, pero emprender me ha obligado a salir de mi zona de confort. Ahora entiendo que la gente no solo se interesa por el producto final, sino también por el esfuerzo, la creatividad y la persona que hay detrás.
No fingir ser alguien que no eres. En redes se nota cuando algo no es auténtico, y mientras más genuina soy, mejor le va a mi contenido. He entendido que no se trata de actuar ni de mostrar una vida perfecta, sino de compartir mi proceso desde lo real, con mi forma de hablar, mis ideas y mi personalidad. También me ha servido contar las experiencias buenas y las no tan buenas, porque ambas son parte de emprender. Las personas no solo compran un producto, también conectan con la historia que hay detrás.
Creo que un artista también se puede hacer. Ser creativo y habilidoso ayuda, claro, pero no creo que sea lo único que define a alguien. Por ejemplo, yo no sé dibujar, pero descubrí que si algo realmente te gusta, puedes aprenderlo en el proceso. Con práctica, paciencia y ganas, puedes desarrollar una técnica y llegar a hacerlo muy bien.
Créditos. Fotos y producción: Vanessa Tapia (@vanessatapia @vantap.photostudio). Maquillaje y peinado: María Emilia Valero (@emivmakeup). Vestido naranja: MOI (@moiropayaccesorios).