De la Amazonía a la memoria trans: las nuevas miradas del cine ecuatoriano
Verenice Benítez y Mayro Romero construyen dos películas que encuentran eco internacional al recuperar territorios, recuerdos e identidades

El filme de Verenice Benítez toma el mito de Nunkui, el espíritu femenino shuar asociado con la tierra y la fertilidad como punto de partida.
Distintas miradas, un territorio
- Nunkui, de Verenice Benítez, y Pude ver un fantasma desde mi ventana, de Mayro Romero, llevan al cine ecuatoriano a festivales internacionales con relatos que exploran, desde lenguajes distintos, el territorio shuar, la memoria y las identidades diversas.
- Ambas producciones reflejan un momento de mayor circulación del cine nacional y la búsqueda de nuevas miradas sobre historias y comunidades históricamente poco representadas en la pantalla.
Nunkui ha crecido entre la huerta, la selva y una familia numerosa. En ese universo, lo cotidiano convive con aquello que no siempre puede verse: los espíritus habitan el paisaje, los sueños parecen anunciar lo que vendrá y, entre plantas y animales, la joven comienza a reconocer una presencia ligada a la tierra que lleva su mismo nombre.
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Mientras se acerca a ese mundo heredado, también empieza a dejar atrás la infancia. Su abuelo, un antiguo líder shuar, la acompaña en ese tránsito, al tiempo que los conflictos mineros de la cordillera del Cóndor irrumpen en el territorio que conoce y forman parte de una realidad que comienza a mirar con otros ojos.
La historia toma como punto de partida el mito de Nunkui, el espíritu femenino shuar asociado con la tierra y la fertilidad. Hablada en español y shuar chicham, la cinta es el primer largometraje de la cineasta ecuatoriana Verenice Benítez y fue rodada íntegramente en territorio shuar, con integrantes de la comunidad de Kuamar, en Morona Santiago, como protagonistas.
La relación de Benítez con la comunidad se remonta a más de una década. En 2014 cofundó, junto al líder amazónico Domingo Ankuash, el laboratorio comunitario Etsa Nantu / Cámara Shuar, con el que ha realizado seis cortometrajes. Para Nunkui, esa experiencia desembocó en una producción encabezada por Caleidoscopio Cine, de Ecuador, en coproducción con Raki Films, de Chile, y Autentika Films, de Alemania, y en asociación con Etsa Nantu Cámara Shuar y Nua Films.

El filme tomó quince años en elaborarse y se estrenó en festivales internacionales antes de aterrizar en las salas de cine nacionales.
“La película es la culminación de un trabajo que empezó hace quince años. Poco a poco se fue construyendo la historia, el guion, pero sobre la base de un trabajo sostenido con la comunidad”, cuenta la directora.
Antes de llegar a las salas ecuatorianas, Nunkui inició su recorrido internacional en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde tuvo su estreno mundial y recibió una Mención Honorífica en la competencia de Largometraje Iberoamericano de Ficción. Después obtuvo una Mención Especial del Jurado del Premio Internacional de Largometraje para Directoras Mujeres Emergentes del Festival Internacional de Cine de Mujeres de Dortmund + Köln.
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Desde el 3 de septiembre, la película se exhibe en Ecuador, con funciones en Quito y otras ciudades. Su recorrido continuará en el Festival Audiovisual Bariloche, que se celebrará del 21 al 27 de septiembre en Argentina, donde es el único largometraje ecuatoriano seleccionado para la competencia latinoamericana.
Sin embargo, Nunkui no será la única producción nacional presente en Bariloche. En la competencia latinoamericana de cortometrajes participará Pude ver un fantasma desde mi ventana, de Mayro Romero, una obra de nueve minutos que cambia la selva y la espiritualidad shuar por otro territorio: el de los recuerdos, los archivos y las ausencias.
Retazos que dialogan entre sí
En el cortometraje de Romero, el relato se construye a partir de imágenes que originalmente no tenían relación entre sí. Material periodístico, publicidad, found footage y archivos audiovisuales encontrados en internet se entrelazan con el testimonio de una madre y una abuela sobre el asesinato de una persona trans. A partir de esos fragmentos, el realizador se aproxima a las infancias trans y a la memoria de esta comunidad en el Ecuador de la década de 1990.
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La película nació mientras Romero culminaba su licenciatura en Cine, con especialización en dirección y guion, y formó parte de un proyecto de creación e investigación. Sin embargo, la inquietud que la puso en marcha antecede al ámbito académico y atraviesa buena parte de su trabajo.
“Siempre ha estado en mí esta línea de narrar relatos que forman parte de mi infancia. Siempre prima, a la hora de trabajar en mis proyectos, lo personal. Tengo una obsesión por querer recordar”, explica.
Esa búsqueda personal comienza a dialogar con una memoria más amplia a medida que aparecen otros rostros y episodios del pasado en pantalla. Entre ellos está Brigitte, quien fue elegida reina gay de Cuenca en 1997. Tras el certamen, un operativo policial terminó con la detención de decenas de asistentes, en un episodio ocurrido pocos meses antes de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador.
“A pesar de que esa historia, o las historias de los años previos a la despenalización de la homosexualidad, no me toquen directamente, indirectamente son parte de mí. Yo no estoy hablando específicamente de ese hecho de 1997, pero coincide y es importante porque también habla de mí”, explica.
Para construir ese vínculo, Romero no intenta presentar los archivos como piezas de una única procedencia. Los busca en distintas fuentes disponibles en internet y, a través de la edición, los recontextualiza hasta convertirlos en parte de un mismo cuerpo audiovisual. Así, recuerdos propios, imágenes ajenas y episodios de una memoria colectiva terminan encontrándose dentro de una misma narración.
Hasta ahora, Pude ver un fantasma desde mi ventana ha sido seleccionado en 27 festivales internacionales y continúa ampliando su recorrido. La obra también ha comenzado a salir del formato tradicional de la sala de cine: el proyecto obtuvo el Premio Mariano Aguilera y actualmente Romero desarrolla una versión instalativa para el Centro de Arte Contemporáneo de Quito. A la par, la investigación que dio origen al corto ha circulado en espacios académicos vinculados al cine documental.
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Ese recorrido le ha permitido encontrarse con interpretaciones diversas. Algunos espectadores han cuestionado el lugar que ocupa la violencia dentro de la película; otros han centrado su lectura en la forma en que aborda la muerte y, sobre todo, las ausencias que esta deja. Para Romero, ese contraste también forma parte de la vida posterior de la obra.
“Si bien hay una conmoción fuerte acerca de temas relacionados con la muerte y la violencia, se trabaja desde el cariño. Toda la construcción es delicada hasta llegar a este punto que te muestra aquello que no ha dejado de pasar. Yo trato de ser sincera con eso, y el trabajo es sincero también mostrando aquello”, dice.
El momento del cine nacional
La presencia de Nunkui y Pude ver un fantasma desde mi ventana en festivales internacionales se inscribe en un momento de mayor circulación del cine ecuatoriano fuera del país. Largometrajes, documentales y propuestas experimentales han encontrado en estos espacios una vía para ampliar sus públicos, mientras las nuevas producciones exploran relatos vinculados con el territorio, la memoria y comunidades que históricamente han tenido una presencia limitada en la pantalla.
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“Siento que en este momento estamos visibilizando otras historias, otras narrativas, cuyas miradas son igual de importantes que las hegemónicas a las que estamos acostumbrados, y que también son parte de nuestra identidad”, señala Benítez.