Un océano más caliente cambiaría todo: el efecto dominó de El Niño 2026 en la vida marina de Ecuador
Investigadores de la ESPOL analizan los impactos de un evento extremo de El Niño en la cadena trófica, la fauna marina y la pesca en Ecuador

Formaciones rocosas en la costa, mientras la vida marina enfrenta riesgos por el aumento de la temperatura del océano.
Lo que debes saber
- Un océano más cálido rompería la cadena alimenticia marina: menos nutrientes, menos fitoplancton y menor disponibilidad de alimento para peces y mamíferos.
- Corales, iguanas marinas, leones marinos y aves de Galápagos figuran entre las especies más vulnerables ante un fenómeno de El Niño extremo.
- Las ballenas jorobadas podrían modificar sus rutas y zonas de reproducción, mientras la pesca artesanal tendría que adaptarse a nuevas especies.
Tras las evaluaciones de organismos internacionales que proyectan un 90 % de probabilidades de que el presente evento de El Niño se ubique entre los más intensos registrados en la historia, se encienden las alarmas sobre las repercusiones ecológicas y productivas en el país. Las proyecciones que apuntan a que la temperatura en la superficie del Pacífico ecuatorial podría ubicarse hasta 3,6 °C por encima del registro histórico —superando el evento de referencia de 2015-2016— plantean interrogantes sobre la capacidad de adaptación de la biodiversidad marina.
El primer golpe ocurre en la base de toda la cadena alimenticia
Aunque un incremento de apenas algunos grados puede parecer insignificante para las personas, en el océano representa un cambio capaz de alterar el funcionamiento completo del ecosistema.
María José Marín Jarrín, investigadora y docente de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar de la ESPOL, explica que durante un evento de El Niño se forma una extensa capa de agua cálida sobre el Pacífico oriental. Esa masa superficial impide el ascenso de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes, un proceso conocido como afloramiento, del que depende gran parte de la productividad marina de Ecuador y Perú.
Sin ese aporte de nutrientes, el fitoplancton —microalgas que constituyen la base de la cadena alimenticia marina— disminuye progresivamente. A partir de allí comienza un efecto dominó: reducen su alimento los peces pequeños, posteriormente los peces depredadores y finalmente las aves y mamíferos marinos que dependen de ellos para sobrevivir.
La investigadora aclara que este deterioro no ocurre de forma inmediata, sino que avanza conforme transcurren las semanas. Primero desaparecen los nutrientes, luego disminuye el fitoplancton y, posteriormente, el impacto alcanza a especies cada vez más grandes.
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Corales y manglares, entre los organismos más vulnerables
No todas las especies tienen la posibilidad de escapar del calentamiento del océano.
Mientras muchos peces pueden desplazarse hacia aguas más frías, otros organismos permanecen inmóviles durante toda su vida. Ese es el caso de los corales, algunas algas, manglares y otros invertebrados marinos, considerados por la investigadora como algunos de los más vulnerables frente a un fenómeno extremo.
Marín señala que cuando la temperatura supera aproximadamente 1,5 °C sobre los valores normales, los corales comienzan a sufrir procesos de blanqueamiento. El organismo simbiótico que vive en su interior abandona la estructura calcárea y, si las condiciones persisten, el coral termina muriendo. En Galápagos incluso se han observado colonias con ampollas asociadas al exceso de radiación solar y estrés térmico.
A ello se suma otro riesgo: el agua cálida favorece la proliferación de bacterias, virus y otros microorganismos. Tal como ocurre con las personas durante episodios de calor extremo, los organismos marinos permanecen bajo estrés fisiológico y son más susceptibles a enfermedades, aumentando la mortalidad en distintas especies.
Ecuador
Fenómeno de El Niño 2026 tiene un 90 % de probabilidades de ser el más intenso registrado
Valeria Alvear
Redistribución de recursos y adaptación en la pesca artesanal
Uno de los efectos menos conocidos de El Niño es que no siempre provoca una reducción absoluta de peces, sino un cambio en las especies presentes frente a las costas ecuatorianas.
La especialista explica que peces habituales como la anchoveta, la sardina o la macarela, adaptados a aguas más frías, tienden a desplazarse, mientras especies oceánicas de mayor tamaño, como el dorado o algunos atunes tropicales, pueden acercarse al litoral siguiendo las nuevas condiciones del océano.
El problema, sostiene, es que la flota artesanal no siempre cuenta con las redes adecuadas para capturar esas especies. Las artes de pesca diseñadas para peces pequeños pueden romperse ante ejemplares de mayor tamaño, por lo que los pescadores deberán adaptar sus equipos y estrategias para responder a un océano diferente.

Referencial.Pescadores en la orilla preparan su lancha mientras especies marinas modifican sus rutas por el cambio en las aguas.
Marín advierte que, al tratarse de un evento que podría superar cualquier antecedente registrado, todavía existe incertidumbre sobre la capacidad real de adaptación de muchas especies. "Nunca hemos visto un fenómeno de esta magnitud", explicó durante la entrevista, por lo que los límites de resistencia del ecosistema podrían ponerse a prueba como nunca antes.
Alteración de rutas migratorias y supervivencia de mamíferos marinos
El cambio en las condiciones del agua también condiciona los patrones biológicos de las especies migratorias y los mamíferos marinos. Paolo Michael Piedrahita Piedrahita, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la Vida de la ESPOL, explica que mamíferos como las ballenas jorobadas son altamente sensibles a las variaciones térmicas al momento de buscar áreas idóneas de reproducción y parición a lo largo de las costas del Pacífico.
"Un fenómeno del Niño fuerte lo que va a hacer es reordenar esa coordinación que puedan tener o ese itinerario que puedan tener con las fechas que conocemos actualmente. Las ballenas que vienen migrando van a notar esos cambios (...) y eso podría hacer que busquen otro sitio para parir o lo hagan a la temperatura que encuentren adecuada", indica Piedrahita.

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Riesgos de desnutrición y presión ecológica sobre especies vulnerables
Asimismo, el investigador destaca que especies como los leones marinos y diversas aves marinas enfrentan severas dificultades debido al alejamiento y profundización de los cardúmenes de peces, que se desplazan a zonas más frías para evadir el calor de la superficie. Esta situación obliga a los adultos a prolongar sus viajes de alimentación, dejando desprotegidas a las crías por períodos más extensos.
"En el caso de juveniles, inmaduros o crías, se ven mucho más afectados y ellos sí pueden morir directamente de hambre. Llega un punto donde pierden tanto peso que es un umbral donde el cuerpo no puede defenderse de enfermedades; hay una combinación de pérdida excesiva de peso más enfermedades por no poder su sistema inmunológico defenderse", advierte el científico.
En el caso de los delfines, algunas especies podrían migrar hacia aguas más frías siguiendo a los cardúmenes, mientras que otras tendrían mayores dificultades para adaptarse, dependiendo de su dieta y experiencia.
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Galápagos podría volver a enfrentar uno de sus mayores desafíos
Los episodios de 1982-1983 y 1997-1998 mostraron la vulnerabilidad de la fauna de Galápagos ante el calentamiento marino. Durante esos periodos se registraron pérdidas en crías y juveniles, así como una pausa en la reproducción de especies dependientes de presas superficiales, como el pingüino de Galápagos, el cormorán no volador, piqueros de patas azules y leones marinos.
Para Paolo Piedrahita, la extensión del evento será determinante para la recuperación de las poblaciones:"No es lo mismo un calentamiento de algunas semanas que uno de varios meses", sostiene el investigador, al explicar que mientras un evento breve permite a la biodiversidad apelar a su resiliencia natural, uno prolongado dificulta el restablecimiento poblacional a mediano plazo.

Piqueros de patas azules en Galápagos, una especie en riesgo por el calentamiento marino.
La ciencia monitorea el fenómeno, pero la naturaleza impondrá sus propios límites
Aunque instituciones como INOCAR, Inamhi, IPIAP, el Parque Nacional Galápagos y la ESPOL mantienen un seguimiento satelital y térmico constante, los expertos recuerdan que no es posible evitar el calentamiento del agua. La gestión se enfoca en vigilar especies vulnerables, impulsar la restauración de arrecifes y proveer insumos para la toma de decisiones.
La preocupación principal radica en la capacidad de recuperación del océano tras el evento. María José Marín advierte que el calentamiento global podría impedir que las temperaturas regresen a sus niveles habituales, reduciendo la resiliencia del ecosistema. Por su parte, Paolo Piedrahita señala que la ruptura de la red trófica condiciona el equilibrio marino:
"La consecuencia más importante será la escasez de alimento. Cuando se rompe la cadena trófica, el impacto alcanza a todas las especies, desde el plancton hasta los grandes depredadores y también al ser humano", concluye el especialista.