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Diario Expreso Ecuador

Mamá nunca se va

El legado de mamá en los negocios: emprendedores que convirtieron su enseñanza en éxito

Historias de tres emprendedores que transformaron el legado de sus madres en la base de sus negocios, guiados por disciplina, resiliencia y valores

Retratos y memorias que sostienen emprendimientos nacidos del legado materno.

Retratos y memorias que sostienen emprendimientos nacidos del legado materno.Expreso

Valeria Alvear
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Antes de cualquier negocio, hubo una formación en casa. Más allá del afecto, las madres dejan una herencia silenciosa pero decisiva: la disciplina para sostenerse, la resiliencia para enfrentar la incertidumbre y una forma de mirar el mundo que termina guiando cada paso.

En este especial por el Día de la Madre, EXPRESO presenta historias de emprendedores que han convertido ese legado en la base de sus negocios. Sus testimonios muestran cómo esas enseñanzas no se quedan en la memoria: se traducen en decisiones, en estilos de liderazgo y en la capacidad de sostener un proyecto incluso en los momentos más complejos.

Elina Félix: sostener el arte como un acto de resistencia

El conservatorio no es solo una institución educativa. Es memoria viva. Para Elina Félix, pianista profesional, representa el legado directo de su madre, quien fundó uno de los primeros conservatorios particulares del país.

Desde pequeña, su formación estuvo marcada por una cercanía natural con la música. “Ella jamás me impuso nada, yo siempre la miré como un ejemplo”, recuerda. Más que una enseñanza técnica, lo que heredó fue una forma de asumir la profesión: con rigor, entrega y convicción.

Formación musical con disciplina y vocación, reflejada en generaciones que proyectan su talento.

Formación musical con disciplina y vocación, reflejada en generaciones que proyectan su talento.Cortesía

El conservatorio está enfocado principalmente en la formación de niños y jóvenes, bajo una base académica clásica que requiere años de estudio y disciplina. Aunque también recibe alumnos adultos, su modelo prioriza procesos formativos a largo plazo, orientados a desarrollar músicos con bases sólidas que luego puedan proyectarse hacia distintas áreas, desde la música académica hasta géneros contemporáneos.

Ese aprendizaje se volvió clave en los momentos más difíciles. Tras la muerte de su madre en 2015, Elina enfrentó una crisis que puso en riesgo la continuidad del conservatorio. “Tuve que hacer acopio de toda mi fuerza para seguir adelante porque fue muy difícil”, afirma.

Elina Félix mantiene vivo el legado de su madre, fundadora de uno de los primeros conservatorios particulares del país.

Elina Félix mantiene vivo el legado de su madre, fundadora de uno de los primeros conservatorios particulares del país.Cortesía

La resiliencia no fue un concepto abstracto, sino una práctica heredada. “A los problemas hay que resolverlos. Nunca me dijo ‘date por vencida’”, añade. Hoy, esa filosofía se refleja en su gestión: un modelo más cercano, más humano y enfocado en la calidad antes que en la expansión.

Ese vínculo también se materializa en objetos que funcionan como anclas de memoria. Las partituras escritas por su madre ocupan un lugar especial. No son solo documentos musicales, sino una guía constante. En ellas reconoce su método, su orden y su forma de enseñar. “Nunca he botado nada que tenga la letra de ella”, comenta, evidenciando cómo ese legado se mantiene activo en su práctica diaria.

El impacto de esa herencia también se refleja en sus alumnos. Varios de ellos han continuado su formación en el extranjero y destacan en escenarios internacionales. Pianistas y músicos formados en el conservatorio han llegado a países como México, Alemania y Estados Unidos, consolidando carreras que, en parte, se sostienen en la enseñanza recibida. Algunos incluso regresan con una frase que confirma la continuidad del legado: fueron alumnos de su madre y ahora confían en ella la formación de una nueva generación.

En cada alumno formado, en cada partitura conservada, su madre sigue presente. No como recuerdo, sino como estándar.

Jessica Elghoul: construir desde el amor antes de la despedida

En la historia de Jessica Elghoul, el emprendimiento nace de una intuición compartida y de un acto de amor anticipado. Todo comenzó en febrero de 2004, cuando una visita casual a la costa ecuatoriana despertó una idea que cambiaría su vida.

Ella me dio el espaldarazo con una generosidad que solo una madre puede”, cuenta sobre su madre, quien decidió invertir en la construcción de una hostería, aun cuando ya enfrentaba una enfermedad grave.

El apoyo de su madre, aun en medio de la enfermedad, impulsó la construcción de la hostería.

El apoyo de su madre, aun en medio de la enfermedad, impulsó la construcción de la hostería.Cortesía

El proyecto avanzó con rapidez. En menos de un año, el espacio ya estaba en funcionamiento. Sin embargo, poco después, su madre falleció. Lo que quedó no fue solo un negocio, sino una forma de entender la vida y el trabajo.

Días antes de su partida, en medio de una conversación íntima, su madre dejó una reflexión que marcaría a Jessica: no temía a la muerte, sino a “llegar con las manos vacías”. Para su hija, esa idea no hacía más que confirmar lo contrario: una vida entregada, generosa y enfocada en los demás. Ese principio se convirtió en una guía silenciosa para cada decisión futura.

La enseñanza de su madre, vivir sin llegar con las manos vacías, guía cada decisión de Jessica.

La enseñanza de su madre, vivir sin llegar con las manos vacías, guía cada decisión de Jessica.Cortesía

Yo siento como el amor de ella trascendió su propia salud… pensó en dejarme a mí con algo”, recuerda.

Ese legado se materializa en cada detalle del negocio. En la cocina, por ejemplo, la exigencia por la calidad y la frescura de los ingredientes responde directamente a lo aprendido en casa. Su madre entendía la comida como una forma de cuidado, y esa lógica se mantiene en el servicio: cada plato busca replicar esa sensación de acogida.

La influencia también aparece en momentos críticos. Durante la pandemia, cuando la actividad turística se detuvo, Jessica optó por sostener a su equipo de trabajo. Aunque el negocio permaneció cerrado durante meses, continuó pagando sueldos y asumiendo deudas. La decisión, más que económica, fue ética y coherente con el ejemplo recibido.

No hay un día en que no la mencione… ella está ahí”, afirma. Esa presencia constante se traduce en la manera en que lidera, en cómo enfrenta las crisis y en la forma en que concibe el éxito.

Más que un negocio, la hostería es una extensión del carácter de su madre. Un espacio donde el legado no se evoca, se ejerce.

César Salazar: la confianza como motor empresarial

El camino de César Salazar no comenzó con una empresa consolidada, sino con pequeños intentos por generar ingresos desde la infancia. En un entorno marcado por la escasez, aprendió a identificar oportunidades y a construir desde lo mínimo.

Detrás de ese impulso estaba la figura de su madre. “Uno de los mejores aportes de mi mamá fue la confianza que tuve en mí”, asegura. Esa seguridad no fue espontánea, sino el resultado de un acompañamiento constante, de palabras que reforzaban su capacidad y de un entorno donde intentar nunca fue motivo de freno.

Desde vender periódicos hasta criar animales en casa, cada iniciativa encontraba respaldo. “Ese incentivo me comprometió a no defraudarla… y me generó confianza en mí mismo”, explica.

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Pero ese camino también estuvo atravesado por sacrificios silenciosos. Su madre no solo se involucró activamente en su formación, sino que tomó decisiones familiares complejas para garantizar que pudiera terminar sus estudios en el extranjero. En medio de tensiones en el hogar, priorizó su educación como una inversión a largo plazo, incluso cuando eso implicaba postergar decisiones personales.

Ese esfuerzo marcó el rumbo. Con el tiempo, César transformó ese impulso en una promesa: cuando lograra estabilidad económica, compartiría con ella aquello que no habían tenido. Años después, pudo cumplirla parcialmente. Compró un bote y, aunque su madre ya se encontraba delicada de salud, logró llevarla a dar un paseo. Fue un momento breve, pero simbólico: la materialización de años de trabajo y de una deuda emocional saldada a tiempo.

Hoy, como líder de una empresa de limpieza con más de dos décadas en el mercado, esos valores siguen guiando su gestión. La honestidad, en particular, se convirtió en una regla innegociable. “El mejor negocio es ser honesto”, afirma, recordando episodios en los que devolver dinero recibido por error terminó fortaleciendo relaciones comerciales.

Ese legado también tiene una representación concreta. En su oficina conserva un retrato de su madre, un carboncillo que lo ha acompañado desde sus primeros pasos como emprendedor. Fue, incluso, el primer objeto que colocó en su espacio de trabajo, y desde entonces se ha mantenido como una presencia constante, una especie de recordatorio silencioso de su origen y de los valores que sostienen su trayectoria.

El retrato de su madre, primer objeto en su oficina, acompaña cada paso de César Salazar.

El retrato de su madre, primer objeto en su oficina, acompaña cada paso de César Salazar.Cortesía

Más que conocimientos técnicos, lo que sostiene su negocio es una estructura ética heredada. La disciplina, la perseverancia y, sobre todo, la confianza en sí mismo —cultivada desde casa— se mantienen como el eje de cada decisión.

En su historia, el éxito no se mide solo en crecimiento, sino en la capacidad de cumplir promesas y de sostener, en cada paso, el legado de quien le enseñó a creer en sí mismo.

Un legado que se convierte en acción

Las tres historias coinciden en un punto: el legado materno no se limita al recuerdo emocional. Se convierte en criterio para tomar decisiones, en fortaleza ante la crisis y en identidad dentro del negocio.

No es casualidad que conceptos como disciplina, honestidad o resiliencia aparezcan de forma recurrente. Son aprendizajes que, lejos de quedarse en el ámbito personal, terminan definiendo trayectorias profesionales.

En estos casos, emprender no es solo generar ingresos. Es una forma de honrar una enseñanza. De sostener lo que alguien más construyó, incluso cuando ya no está.

Porque, como muestran estas historias, hay presencias que no desaparecen. Se transforman. Y en muchos casos, se convierten en la base de todo lo que viene después.

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