Fertilización
Ecuador: al agro le urge abonar diferente
El cierre de Ormuz encareció los fertilizantes químicos y abre debate sobre el uso de soluciones orgánicas. Ecuador tiene experiencias pero falta potenciarlas

En fincas de la costa ecuatoriana, algunos productores llevan décadas aplicando bioinsumos a base de microorganismos en cultivos.
Lo que debes saber
- El alza de precios de los fertilizantes presionan los costos de producción agrícola y abre una conversación urgente sobre la búsqueda de alternativas y estrategias.
- Los bioinsumos son una alternativa real y ya probada en cultivos ecuatorianos de arroz, banano y cacao, con potencial de reducir costos de producción por hectárea.
- La transición hacia bioinsumos requiere entre 3 y 5 años de adaptación del suelo, capacitación técnica y producción sostenida. Investigadores del INIAP y la Espol ya tienen estudios.
El conflicto en el Estrecho de Ormuz restringe desde el 28 de febrero el paso de carga marítima por esa ruta estratégica. El índice de precios de fertilizantes del Grupo del Banco Mundial subió más del 12 % en el primer trimestre de 2026 y se prevé que aumente un 30 % adicional en el año. Los fertilizantes nitrogenados como la urea registran los mayores incrementos.
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En Ecuador la urea, que costaba entre $25 y $30 el saco de 50 kilos, hoy puede llegar a valer hasta $55, un alza que ya preocupa en el campo y hoy vuelve a poner sobre el debate la necesidad o no de adoptar en el país alternativas orgánicas.
Desde la Revolución Verde de las décadas de 1960 y 1970, Ecuador adoptó un modelo agrícola basado en agroquímicos que aumentó la productividad, pero también generó degradación de los suelos y una fuerte dependencia a importaciones de insumos. Para Ney Barrionuevo, exviceministro de Agricultura y gerente de Inclusys, la solución no pasa por eliminar estos fertilizantes, sino por usarlos con mayor precisión, aplicando solo la cantidad y el tipo que requiere cada finca.
Los datos del Módulo de Información Ambiental y Tecnificación Agropecuaria 2024 respaldan el argumento, el 31,8 % de las unidades de producción agropecuaria aplica fertilización química en todos sus cultivos. Del 56,2 % que no los usa, el 69,7 % señala como motivo el costo elevado, no es una decisión técnica o agroecológica.
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Mayra Pacheco Pazmiño
Un complemento
Los bioinsumos -bioles, compost, bocashi, biofertilizantes a base de microorganismos, extractos de plantas o algas- según los expertos consultados, deberían ser una opción viable para disminuir costos de producción, pero no como reemplazo inmediato y total. “Se debe hacer un manejo adecuado de las plantaciones en donde estos bioproductos se complementen o sean la mayor proporción de las aplicaciones”, explica Luis Galarza, investigador del Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador de la Espol.
Barrionuevo coincide en que “es utópico” pensar que toda la producción se convierta en orgánica. El escenario más realista es que las alternativas coexistan.

Biofertilizantes requieren anticipación y seguimiento constante
La transición, además, toma tiempo. Jeremy Bravo, director ejecutivo de la Fundación In Terris -que trabaja con más de 100 productores agroecológicos- explica el reto: “la normativa orgánica establece que entre 3 a 5 años el suelo vuelve a ser apto”. Durante ese proceso, los rendimientos pueden bajar antes de estabilizarse, lo que desincentiva la transición para productores que necesitan resultados inmediatos.
$320
Evidencia en campo
En Colimes (Guayas), una asociación de más de 30 arroceros reemplazó completamente la urea con Azolla -helecho de agua fijador de nitrógeno- que ellos mismos cultivan y aplican. En costos, el uso convencional de urea en arroz puede llegar a unos $720 por hectárea en tres aplicaciones; la Azolla ronda los $400 a $500 en todas sus aplicaciones.
Aunque el arroz convencional cuesta entre 44 y 60 centavos la libra, el agroecológico se vende entre 80 centavos y $1.
Según Bravo, la variación de costos recae en que la producción agroecológica es de menor escala y sin infraestructura para pilado, por ello requiere más tiempo y mano de obra.
Olmedo Peñafiel, líder de la Asociación de Productores Agroecológicos del Guayas, cuenta también su experiencia con el uso de componentes orgánicos. Lleva alrededor de tres décadas bajo este modelo, usando bioinsumos a base de microorganismos en arroz, soya, maíz, cacao y hortalizas. Cada 20 o 25 días aplican un litro de preparado por hectárea.
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El Ministerio de Agricultura anunció en mayo la capacitación de 28.000 productores para elaborar sus propios bioinsumos. Una medida que para Bravo es oportuna, pero que debería reforzarse. “Que sean el doble, porque hay que buscar sostenibilidad”, sostiene.
EXPRESO realizó un pedido de información al Ministerio de Agricultura para conocer la estrategia nacional de abastecimiento de fertilizantes y cómo las capacitaciones a agricultores se están consolidando en programas sostenidos a mediano o largo plazo. No obstante, aún se espera respuesta.
Barrionuevo propone un programa nacional que articule al Estado, la empresa privada, productores y la academia para impulsar de manera gradual la agricultura de precisión, con estrategias consensuadas y equilibradas en torno a los biofertilizantes. También señala la necesidad de conectar la producción a una demanda con certificación y trazabilidad. Estima que el proceso tomará “probablemente varias décadas”, pero enfatiza que las conversaciones deben comenzar ahora.
Galarza concuerda: “Ya probablemente hemos retrasado estas alternativas. Lo importante es que los recursos los tenemos. Tendríamos que unificar todo para promover resultados”.
Investigaciones científicas sobre la mesa
Los bioinsumos mejoran los suelos afectados por el uso intensivo de fertilizantes químicos, que acidifican el terreno y reducen los microorganismos encargados de liberar nutrientes para las plantas.
El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Ecuador sistematizó los protocolos más accesibles en una guía de insumos agroecológicos elaborada junto al Centro KOPIA-Ecuador, el CIP y el IICA. La publicación detalla cómo elaborar compost, bocashi, biol y biofertilizantes a base de microorganismos con recursos disponibles en fincas.

Investigadores del CIBE de la Espol han evaluado y aprobado 3.000 microorganismos para la elaboración de biofertilizantes.
Según Diego Peñaherrera, del Núcleo de Desarrollo Tecnológico del INIAP, estás opciones incorporan bacterias fijadoras de nitrógeno, microorganismos que solubilizan fósforo y promotores del crecimiento vegetal. “Hallazgos clave que demuestran que los bioinsumos son una alternativa viable ante los costos altos y escasez de los fertilizantes químicos”.
El Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador de la Espol también ha fortalecido esta línea de trabajo. Cuenta con un catálogo de alrededor de 3.000 microorganismos evaluados para biofertilizantes, aunque Galarza advierte que el desarrollo sigue limitado: “Las empresas grandes es traen productos de Centroamérica, Colombia e incluso de Corea. En cambio, se debería promover es el uso de nuestra tecnología, de nuestros microorganismos”.
Añade que estos bioinsumos deberían desarrollarse cerca de las zonas de cultivo, ya que hoy muchos se producen en la Sierra —para flores o papa— y se trasladan a la Costa, lo que reduce su efectividad y dificulta su adaptación a los cultivos locales.
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