Apertura de negocio
Casa Canela nace con sabor artesanal y planes de expansión
El negocio que empezó en casa ahora llena mesas y da empleo. El local está en Urdesa. Se aspira abrir una segunda cafetería en Samborondón

En la vittrina se ve parte de las opciones de panes de canela que ofrece Casa Canela.
Lo que debe sabe
- De la crisis a la reinvención: Luisa Lanata cerró su gimnasio durante la pandemia y comenzó vendiendo rollos de canela desde casa. Hoy inauguró Casa Canela en Urdesa.
- Sabores que llaman la atención: El menú mezcla opciones clásicas y creativas, con rollos de canela de Nutella, Oreo, maracuyá y hasta versiones saladas con queso, tocino y estilo pizza.
- Un emprendimiento que ya crece: Casa Canela abrió generando 12 empleos y ya proyecta abrir futuras sucursales en Samborondón, Quito y Cuenca.
Urdesa volvió a sentirse como en sus mejores años. Las mesas llenas, la gente conversando, las filas en la puerta y el aroma a canela escapando hacia la calle marcaron la inauguración de Casa Canela, una cafetería que abrió sus puertas el sábado 9 de mayo de 2026 y que terminó abarrotada desde las primeras horas.
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Lo llamativo no fue solamente la cantidad de jóvenes atraídos por las redes sociales, sino también la presencia de adultos mayores que llegaron curiosos a probar los famosos rollos de canela en distintas versiones. Algunos esperaban pacientemente un espacio para sentarse; otros preferían llevar cajas completas para compartir en casa.
Detrás del negocio está Luisa Lanata, una emprendedora guayaquileña de 32 años que decidió convertir una pasión personal en empresa, después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida: el cierre de su gimnasio durante la pandemia del COVID-19.
“Siempre me encantó la panadería y la pastelería. Estudié para esto y antes hacía rollos en mi casa para mi familia y amigos. Ellos me insistían en que debía venderlos y finalmente me animé”, contó emocionada mientras el local seguía lleno.
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De la pandemia a un nuevo comienzo
Casa Canela no es el primer negocio de Lanata. Antes tuvo un gimnasio que cerró durante la emergencia sanitaria. Paralelamente impulsó una fábrica de cajas y, seis años después, decidió apostar por un proyecto gastronómico.
Durante la pandemia comenzó vendiendo dulces y panes a conocidos para poder sostenerse económicamente. Lo que empezó como pedidos caseros terminó convirtiéndose en un local completamente lleno el día de su apertura.
“Emprender sí es difícil. Hay mucho temor e incertidumbre, pero también hay que tomar riesgos si uno quiere crecer”, afirmó.
La cafetería abrió generando empleo para 12 personas y su propietaria asegura que ya piensa en expandirse. Samborondón aparece como una de las opciones para un segundo local, aunque también recibe constantemente mensajes desde Quito y Cuenca pidiendo que la marca llegue a esas ciudades.

La cafetería Casa Canela es disfrutada por clientes de todas las edades.
Rollos clásicos, sabores nuevos y hasta opciones saladas
Aunque el protagonista principal es el tradicional rollo de canela, Casa Canela apostó por versiones poco comunes que rápidamente despertaron curiosidad entre los clientes.
En el menú aparecen sabores de Nutella, Oreo, frutilla, manjar y maracuyá, además de versiones saladas con queso, tocino e incluso estilo pizza. También ofrecen churros, sándwiches y bebidas.
La estrategia, según su dueña, es atraer tanto a quienes aman los postres como a quienes prefieren opciones saladas.
El local funciona de martes a domingo, desde las 10:30 hasta las 19:30, y ya proyecta habilitar un segundo piso para ampliar el espacio y la producción.

Luisa Lanata agradece e inaugura Casa Canela en Urdesa.
“Queremos que la gente sienta amor al entrar”
Más allá del negocio, Lanata asegura que quiere construir un espacio familiar y acogedor. Repite constantemente que el proyecto nació desde la fe y que busca transmitir eso a cada cliente que ingresa.
“Quiero que cada persona que entre aquí perciba amor y buena energía. Eso es lo que queremos transmitir con Casa Canela”, dijo.
Mientras tanto, Urdesa suma un nuevo punto de encuentro. Uno donde el café, la canela y las historias de reinvención parecen haber encontrado la combinación perfecta.