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Diario Expreso Ecuador

DETRÁS DE LA MARCA

La batalla campal entre B-Sí, TuTi, Tía y los Mini: ¿dónde comprar?

Para ahorrar de verdad no basta con mirar el precio. Hay que entender cómo vende cada formato y cuánto rinde realmente lo que se compra

Un carrito con víveres básicos ilustra la competencia entre distintos formatos de tiendas de descuento y proximidad, donde el ahorro depende no solo del precio visible.

Un carrito con víveres básicos ilustra la competencia entre distintos formatos de tiendas de descuento y proximidad, donde el ahorro depende no solo del precio visible.Generado por AI

Liz Briceño
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La búsqueda de ahorro ha desatado una competencia entre cadenas de descuento que anuncian los precios más bajos. Pero una misma lista de productos puede ser hasta 26 % más cara si se la compara entre marcas, una diferencia que puede crecer al igualar cantidades.

EXPRESO recorrió cuatro de ellas en Quito —B-Sí, TuTi, Mini y un local exprés de Tía— y cotizó en cada una la misma lista de 29 productos, que abarca desde arroz y huevos hasta papel higiénico y pollo, en la presentación más cercana a la cantidad de referencia. 

Así, la lista costó: 

  1. $34,99 en B-Sí, 
  2. $36,32 en TuTi, 
  3. $42,53 en Mini —a precio de afiliado— y 
  4. $44,21 en Tía.

¿Por qué compiten B-Sí, TuTi, Mini y Tía por el mismo cliente?

Las cuatro compiten por el mismo cliente: están diseñadas para quitarle tráfico a la tienda de barrio, explicó Miguel de la Torre, experto en shopper.

Ahí se concentra el 42,9 % de las adquisiciones de alimentos y bebidas no alcohólicas, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares Urbanos y Rurales (Enighur) 2024-2025 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que excluye de esa categoría a las cadenas.

¿Por qué la misma lista cambia de precio entre una tienda y otra?

Tras el recorrido, este Diario pudo observar que una lista llega a ser hasta un 26 % más cara, según el lugar, porque cada establecimiento tiene envases distintos o tiene presentaciones propias. 

Al igualar la cantidad —midiendo el mismo kilo, el mismo litro, los mismos 100 gramos— puede subir a 31 % y cambia el orden.

En Mini el total sube al igualar, y la razón es el envase: varias presentaciones son más pequeñas, con huevos de 15 unidades en vez de 30 y queso de 400 gramos en vez de 450.

Si el consumo se mantiene, una presentación más pequeña obliga a comprar más paquetes o a volver antes a la tienda. Al comparar las mismas cantidades, Mini llega a $44,01, el valor más alto de los cuatro, pese a quedar tercera en caja.

¿Cuánto cuestan el café, el papel higiénico y el pollo en cada tienda?

El café es el caso más claro: el sobre de Mini cuesta $0,98, el más bajo, pero trae 20 gramos. A 100 gramos sale en $4,90, más del triple que los $1,39 de TuTi y Tía.

El papel higiénico se compara por metros, no por paquetes: 

el de cuatro rollos— triple hoja— de Tía cuesta $1,95 y el de B-Sí, $1,99, pero los de Tía traen 36 metros y los otros, 40.

Con la misma cantidad de papel el orden se invierte: 

  • 160 metros equivalen a $1,99 en B-Sí, 
  • $2,17 en Tía y
  •  $2,72 en Mini.

Con el pollo la diferencia está en el peso: el paquete más barato fue el de TuTi, a $4,99, pero su etiqueta declara $2,60 el kilo, sobre $2,48 de B-Sí. 

Tía cobró $3,28 y Mini, $3,42. Cada formato arma su precio distinto.

¿Cuál de estas tiendas es realmente un hard discount?

TuTi es un hard discount, con 600 a 800 referencias y sin promociones; B-Sí, un soft discount, con 1.100 a 1.200, tarjeta y funda.

Mini, el formato exprés de Mi Comisariato; y Tía, aunque esté en los barrios, no es una tienda de descuento, precisó De la Torre.

Desde la vereda, sin embargo, se parecen: locales chicos, surtido corto y marca propia en casi toda la percha. El comprador no distingue esos formatos, agregó.

¿Cómo cambió la forma de comprar en el Ecuador?

El comprador no dejó de consumir, explicó Fernando Hallo, director de Posgrados de la Business School de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), sino que se volvió estratégico: decide dónde paga por la marca y dónde no. 

Los baby boomers y la generación X siguen fieles a las marcas de siempre, coincidió De la Torre; millennials y generación Z alternan más y ya no asocian la marca propia con menor calidad.

El consumo inteligente no es fiel ni al descuento ni a la marca, es fiel a su ecuación de valor
Fernando Hallo

El papel higiénico es una de esas categorías donde cambiar cuesta poco: sin percibir riesgo para su salud, el comprador prueba más fácil una marca barata, explicó Hallo. 

El precio bajo también cuesta variedad: en TuTi hay menos opciones y buena parte de lo que vende es marca propia.

En las otras tres la marca propia convive con marcas conocidas. En Mini están Mr. Pollo, Plumrose, Ladysoft y Alesol, casi siempre en presentación más pequeña: las mismas marcas, pero en sus líneas más baratas, explican los expertos.

Tía fue la única con etiquetas amarillas por vencimiento próximo en marcas reconocidad: un queso de 450 gramos bajó de $3,99 a $2,39 y el pollo, a $2,77 el kilo.

Mini es la única con dos precios según la afiliación: con la tarjeta su compra baja 6,5 %. 

TuTi cobra solo en efectivo, que De la Torre atribuye a una necesidad de liquidez. 

El comprador tampoco concentra todo en un lugar: visita en promedio nueve puntos de venta al año y siete al mes, precisó De la Torre.

¿Conviene recorrer las cuatro tiendas para ahorrar?

Corporación El Rosado tiene en ocasiones juntos a TuTi y Mini, y Corporación Favorita, dueña de B-Sí, abrió uno junto a un Dollar Store en el norte de Quito. Hallo lee esa cercanía como una forma de repartirse la canasta.

El comprador puede entrar a uno por ciertas categorías y completar en el otro lo que falte. "No me entra el dinero en el bolsillo derecho, pero también me está entrando el dinero en el bolsillo izquierdo", explicó.

Recorrer las cuatro rinde poco: tomando cada producto donde resultó más barato, la canasta equivalente baja a $31,23, apenas $2,31 menos que los $33,54 que cuesta en B-Sí. 

Entonces, ¿cómo comprar mejor? Hallo lo resume en tres decisiones: comparar por kilo, litro o unidad y no por paquete, probar la marca propia donde el riesgo percibido es bajo y no dejar que el precio bajo lleve a comprar de más. 

"El consumo inteligente no es fiel ni al hard discount ni a la marca tradicional, es fiel a su ecuación de valor", afirmó Hallo.

El descuento le enseñó al ecuatoriano a comprar queso maduro

Miguel de la Torre, experto en shopper, explicó que el descuento funciona como puerta de entrada a categorías que antes no estaban en el carrito, como el agua micelar o el queso maduro.

Miguel de la Torre, experto en shopper, explicó que el descuento funciona como puerta de entrada a categorías que antes no estaban en el carrito, como el agua micelar o el queso maduro.CORTESÍA

El descuento no solo compite por precio. También está cambiando qué productos entran en el carrito del ecuatoriano. 

Miguel de la Torre, experto en shopper marketing, explica que estos formatos pueden funcionar como una puerta de entrada a categorías que antes tenían poca presencia en la compra cotidiana.

Un ejemplo es el agua micelar. Según De la Torre, TuTi llegó a liderar esa categoría no porque desplazara a quienes ya compraban otras marcas, sino porque atrajo a consumidoras que nunca habían utilizado el producto y que se animaron a probarlo por primera vez a un precio más bajo.

El mismo fenómeno se ha dado con los alimentos. De la Torre sostiene que el descuento “educó” al ecuatoriano a comprar queso maduro, una categoría que actualmente crece a doble dígito, pero también vino, tocino, jamón serrano y aceitunas, productos que antes eran menos habituales en la mesa.

Pero el precio bajo no tiene el mismo poder en todas las categorías. La facilidad con la que una marca propia entra al carrito depende de cuánto riesgo perciba el comprador al cambiar de producto.

En artículos como el cloro o el limpiapisos, donde la marca pesa menos en la decisión, probar una opción más barata resulta más sencillo. De la Torre estima, por ejemplo, que cerca de la mitad del cloro que se vende en Ecuador correspondería ya a la marca propia de TuTi.

La barrera aumenta cuando el comprador siente que está poniendo en juego algo que cuida especialmente. En productos para el rostro o la higiene bucal, la confianza en la marca tiene mucho más peso y un precio bajo no necesariamente basta para provocar el cambio.

El caso del agua micelar funciona de otra manera: allí el descuento no tuvo que arrebatarle consumidoras a una marca en la que ya confiaban, sino convencer a nuevas usuarias de entrar a una categoría que todavía no consumían.

La marca propia, por tanto, tiene más espacio para crecer allí donde el comprador busca principalmente que el producto cumpla una función básica. Cuanto mayor es la confianza, especialización o desempeño que exige, más difícil resulta sustituir una marca conocida solo por precio.

Para las marcas comerciales, De la Torre señala que la principal defensa está en la innovación y la tecnología. 

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