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Diario Expreso Ecuador

Ellas para ELLAS

Sofía Torres se inspiró en el amor y receta de su abuela para emprender con chocolates

Desde los 8 años, Sofía Torres soñó, con darle valor agregado al cacao de su tierra. Hoy, busca llevar los sabores del campo ecuatoriano a nuevos mercados

Sofía Torres la creadora de la marca de chocolate Enova y lícor Fuega.

Sofía Torres la creadora de la marca de chocolate Enova y lícor Fuega.FREDDY RODRÍGUEZ

Lina Zambrano
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Lo que debe saber

  • Un sueño nacido en la infancia: Sofía Torres comenzó a elaborar chocolate a los 8 años, inspirada por su abuela y la finca familiar de cacao en Buena Fe.
  • Del cacao a una marca: Tras años de preparación y aprendizaje, creó productos como el chocolate Enova y el licor Fuego, elaborado con mucílago de cacao.
  • El próximo paso, exportar: La empresa busca llegar a Estados Unidos y Europa, con España entre sus mercados de interés.

Tenía apenas 8 años cuando Sofía Torres comenzó a hacer pequeñas bolitas con pasta de cacao. Lo que entonces parecía un juego de niña se convertiría, años después, en una empresa que hoy se abre espacio en cadenas de supermercados, participa en ferias y mira hacia mercados internacionales con el sueño de exportar el chocolate Enova y el licor Fuego elaborado con mucílago de cacao.

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Pero esta historia no comenzó con una empresa, una marca o una máquina para procesar cacao. Comenzó con una niña, una finca y el amor de una abuela.

Creció rodeada de cacao

Su historia empezó mucho antes, en el campo, en la finca familiar de Buena Fe, donde creció rodeada de cacao y de una tradición que viene desde sus bisabuelos. Allí también nació uno de sus recuerdos más entrañables: el chocolate artesanal que preparaba su abuela Rosita.

“Siempre aspiré a poder compartir la experiencia de sentir el mismo amor que yo sentía al momento que probaba su chocolate”, recuerda.

La familia fue un pilar fundamental para que aquel sueño no se quedara en la infancia.

Con el tiempo, decidió prepararse. Estudió Economía, Comercio Exterior e Internacionalización de Empresas y realizó cursos con chocolateros nacionales e internacionales.

Su objetivo era claro: no quería limitarse a producir cacao. Quería que el mundo conociera el sabor y el aroma de una de las mejores materias primas ecuatorianas y, al mismo tiempo, contar una historia que nace en la tierra.

Emprender es aprender a levantarse

Sofía relató a Diario EXPRESO que fue adquiriendo, poco a poco, la maquinaria necesaria para procesar el cacao que producen en las 40 hectáreas de la finca familiar.

El negocio lleva alrededor de ocho años elaborando chocolate a través de la empresa NutriCacao. En ese recorrido aprendió una de las lecciones más importantes del emprendimiento: avanzar no significa que el camino siempre será fácil. También significa caerse, aprender, corregir y volver a intentarlo.

El primer gran desafío llegó con la pandemia de COVID-19, que obligó a cambiar los planes y a buscar nuevas alternativas. El comercio se detuvo y muchos negocios quedaron paralizados. La agricultura, en cambio, continuó, porque el campo no podía detenerse y los alimentos seguían siendo necesarios.

En medio de la incertidumbre surgieron nuevas ideas y productos. Hoy, el proyecto familiar también incluye una destilería y productos elaborados a partir del mucílago del cacao.

El camino tampoco estuvo libre de tropiezos. Sofía entendió que construir una marca no ocurre de un día para otro.

Se necesitan años de esfuerzo, paciencia, aprendizaje y perseverancia.

Los tropiezos no son el final, es para mejorar”, sostiene.

El miedo también puede convertirse en fuerza

Sofía considera que el miedo también puede convertirse en una fuerza. Quiere que su historia sirva para inspirar a otras mujeres a atreverse a emprender.

Sabe que el miedo existe. Asumir responsabilidades, invertir, comenzar desde cero y apostar por un sueño genera dudas. Pero también aprendió que el miedo no tiene por qué convertirse en una barrera.

“Simplemente no hay que dejar de intentarlo”, es parte de su mensaje.

Para ella, cada reto es una oportunidad para demostrar de qué se es capaz. No se trata de tener todas las respuestas desde el comienzo, sino de estar dispuesta a aprender en el camino.

Su consejo es sencillo, pero poderoso: no hay que esperar a tenerlo todo para empezar.

Las metas, dice, son alcanzables cuando existe determinación, preparación y voluntad para intentarlo una y otra vez.

Porque muchas veces el primer paso no requiere grandes inversiones. Requiere creer en una idea y tener el valor de comenzar.

Para Sofía, emprender también significa mirar alrededor y entender que el crecimiento propio puede abrir puertas para otros.

Ahora, el objetivo es seguir creciendo. Ya existen conversaciones para exportar a Estados Unidos y a varios países de Europa, con España como uno de los mercados de interés.

Son nuevos retos, pero Sofía los mira con la misma determinación con la que comenzó.

Porque detrás de las reuniones, las ferias, las inversiones y los planes de exportación sigue estando aquella niña que creció entre cacao y campo.

La misma que miraba a su abuela Rosita preparar chocolate artesanal con sus propias manos y descubrió, sin saberlo, que un sabor también puede guardar recuerdos.

Hoy, ese sueño tiene nombre, tiene una marca y tiene un futuro por construir.

En medio del éxito, hay algo que Sofía no quiere perder en el camino: la esencia de aquello que la hizo soñar.

El amor de una abuela.

El aroma del cacao.

La memoria de la tierra.

Y la certeza de que los grandes sueños muchas veces comienzan con algo tan sencillo como las manos de una niña tratando de hacer chocolate.

Porque cuando un sueño nace del amor, puede crecer hasta convertirse en un legado.

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