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Diario Expreso Ecuador

LigaPro no supo que había Mundial

Competir contra la Copa del Mundo fue un error que perjudicó al torneo, clubes e hinchas, obligados a elegir entre el mayor espectáculo y un producto devaluado

Mientras se definía al campeón del Mundial, Guayaquil City enfrentaba al Manta en el estadio Christian Benítez ante 117 aficionados.

Mientras se definía al campeón del Mundial, Guayaquil City enfrentaba al Manta en el estadio Christian Benítez ante 117 aficionados.API

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Se vivía aún el duelo de la dura caída frente a México en el Azteca cuando Liga de Quito y Orense salieron a la cancha del Rodrigo Paz a reanudar la LigaPro. 

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No habían pasado ni 24 horas de la paliza sufrida en la Copa del Mundo; aún se repartía café en el velorio de la Tri y el fútbol local se reanudaba en una suerte de estado de negación o de desmesurada autosuficiencia.

Hernán Torres, entonces entrenador de Orense, aportó su propia cuota de perplejidad tras el encuentro. “Yo no sabía que íbamos a jugar hoy, me avisaron hace una semana”, dijo el colombiano.

No hay que tomarse literalmente sus palabras, pero sí el fondo de las mismas: el torneo local -cualquier torneo local de cualquier país, digamos- queda empequeñecido y anulado por la Copa del Mundo.

Competir, desde el deporte o el entretenimiento, con la majestuosidad y monstruosa prioridad del Mundial es de necios y desubicados. ¿Qué vino después? Pues una serie de despropósitos.

Todas las ligas medianamente serias del mundo en plena actividad -no las europeas, obviamente, en plena parada anual- estaban detenidas, pero Ecuador daba gala de su extravío, por ejemplo, programando el Independiente del Valle-Manta entre el Canadá-Marruecos y el Francia-Paraguay.

En total, mientras se jugaba la Copa del Mundo, LigaPro tuvo 32 partidos, incluyendo el hoy devaluado y poco trascendente Clásico del Astillero.

Sí, mientras el planeta entero aún vibraba con la definición de Suiza-Argentina, la expulsión de Embolo, el carácter superior de los dirigidos por Lionel Scaloni y la solvencia helvética en la cancha, en Guayaquil los hinchas de Emelec apedreaban el bus de Barcelona y el partido se postergó más de una hora en su inicio por culpa de esa violencia que ya es parte del menú del derbi porteño.

Emelec y Barcelona se enfrentaron durante la Copa del Mundo.

Emelec y Barcelona se enfrentaron durante la Copa del Mundo.Freddy Rodríguez / EXPRESO

Jugar la competencia local mientras se realiza el Mundial no es solamente una cuestión de excesiva confianza de los organizadores en sí mismos y en su “industria”. Es también cosa de desorganización.

Año a año, en las primeras semanas del año, el resto de ligas sudamericanas está en marcha, mientras los clubes del Ecuador que clasifican a las dos instancias iniciales de la Copa Libertadores juegan ahí su primer torneo oficial del año. Chocan con rivales que tienen, al menos, cuatro o cinco partidos a escala interna. Esta desventaja está a la vista por años.

¿Se ha hecho algo para mejorar los calendarios? No. Por eso también hubo que acudir al ridículo de jugar LigaPro durante el Mundial.

No solo los clubes terminan siendo afectados por estas decisiones forzosamente insólitas. La experiencia del hincha se vuelve contradictoria.

Ecuador contó con un buen servicio de televisión abierta de Teleamazonas para la cobertura y transmisión del Mundial. Era cosa de prender la TV y sintonizar gratis este canal en los partidos que transmitió o en sus coberturas informativas.

Si alguien quería otra opción, por ejemplo, estaba Paramount y todos los 104 cotejos por una suscripción de $6, además de DSports, el canal oficial para toda América Latina.

Todas estas son opciones de costo-beneficio muy diferentes a la de Zapping, capaz de cobrar al menos $12 al mes por partidos de dudosa calidad, con transmisiones deficientes en las ya entrañables canchas “radioactivas”, rodeadas de puro cemento desnudo porque la gente no quiere y no puede darse el lujo de ir.

A estas alturas, ya cuesta creer que alguien haya pensado que el Mundial, aún sin Ecuador en la cancha, podía ser plato secundario ante LigaPro.

La depresión total

Barcelona ante Libertad fue uno de los 32 partidos de la LigaPro que se disputaron durante el Mundial.

Barcelona ante Libertad fue uno de los 32 partidos de la LigaPro que se disputaron durante el Mundial.ARCHIVO

Trescientos trece optimistas o masoquistas -califíquelos de la forma que quiera- pagaron boleto para ver Barcelona-Libertad en el estadio Monumental el pasado sábado 18 de julio.

Los diez goles y la generosidad futbolística del Francia-Inglaterra todavía conmovían al planeta cuando toreros y lojanos dieron rienda suelta a toda su somnolencia. ¿Qué podían sentir esos jugadores que, a efectos de ir a cumplir con su trabajo, se privaron de ver uno de los mejores partidos del Mundial?.

Ni hablar de lo que pasaba en Quito, donde la iracundia de la hinchada de Liga se cernía sobre sus jugadores, a los que intentaron linchar en la puerta del vestuario luego de perder frente a Leones. Nada más opuesto al clima de alegría y color de horas antes en Miami.

El absurdo pleno se dio al día siguiente. Quien, para hacer tiempo antes de la finalísima España-Argentina, se daba una vuelta por Zapping para ver en qué andaban Técnico-Aucas se encontraba con un muladar como campo de juego, una cancha de césped pelado y amarillento donde 22 jugadores se sacrificaban ante tribunas vacías.

Argentina y España disputaron la final del Mundial 2026.

Argentina y España disputaron la final del Mundial 2026.EFE

Por si podía pasar algo peor, cuando el tope de la tensión en Nueva Jersey nos llevaba al tiempo extra entre gauchos y españoles, en el Chucho Benítez saltaban a la cancha Guayaquil City y Manta. Nadie más estaba jugando fútbol profesional en las restantes 211 federaciones afiliadas a la FIFA.

Incluso aquellos que revivieron sus torneos poco antes del final de la Copa del Mundo se abstuvieron, sea por recato o por mínima inteligencia, de querer competir con semejante monstruo.

Todo este relato tiene una finalidad: empatizar con el hincha que deberá esperar cuatro años más por otro Mundial y que está obligado a consolarse con la precaria cotidianidad de un medio local que es totalmente opuesto en cuanto a espectacularidad, interés y calidad.

Llegar al 2030 será una cuestión de supervivencia, sobre todo porque se ve difícil que LigaPro evolucione hacia un producto aceptable, sobre todo si no reconoce sus propios límites.

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