
Rally Fiesta de las Flores y las Frutas: entre riesgos y paisajes andinos
Con curvas peligrosas, granizo y temperaturas bajo cero, la carrera demostró la pasión ecuatoriana por los deportes extremos
Rally Fiesta de las Flores y las Frutas. La curva más complicada del prime Loma Gorda-Mula Corral-Tiliví está cerca del mirador del cerro Llillagua, luego de unos 200 metros en pronunciado descenso. Es casi una ‘U’, con vista al despeñadero, cercada por barreras de acero, y a la que los pilotos arriban raudos, reventando sus máquinas.
La altura marca 4.172 metros sobre el nivel del mar; el frío pega entre -2 y 0 grados centígrados. Un pardo y rocoso paisaje andino, silencioso e intimidante. Al fondo, lejos, el volcán Tungurahua; al frente, empinadas laderas donde asoman sembríos y ganado.
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Truenan los motores en su caótica descarga de estallidos metálicos. Los fanáticos se agitan. Arriba, Juan Guerrero, cuencano y ganador del rally, en impecable manejo de su Renault Clio Rally 3, a pura caja. Bajan en tercera, entran a la curva en segunda y, en segundos, salen veloces para repetir la audacia: otra curva y, tras ella, una recta.

Aquí no hay tregua ni miedo. A media mañana, el cielo se tiñó de negro; entre ventiscas heladas, lanzó un abundante aguacero. Luego dejó caer granizo: agua bajando por la magnífica carretera y piedritas de hielo aumentando la tensión. Los pilotos enfrentan el escenario crítico, el riesgo de la carrera y, a veces, graves accidentes.
El perfume de la victoria
En su poderoso Renault Clio Rally 3, los corredores Juan Guerrero y Edin Ríos se hicieron del rally marcando 1 hora, 1 minuto y 21,4 segundos. De cerca, Martín Navas y Daniel Galarza, en su Citroen C3 Rally 2, con 1 hora, 1 minuto y 33,8 segundos. El tercer lugar fue para Diego y Felipe Serrano, que en Opel Corsa Rally 4 sumaron 1 hora, 4 minutos y 3 segundos.
Durante dos primes que EXPRESO presenció en lugares asignados a aficionados, el orden y la prudencia del público estuvieron vigilados por camionetas equipadas con altavoces, a cargo de funcionarios del Municipio de Ambato, Policía Nacional, Agencia de Tránsito de Tungurahua y Cuerpo de Bomberos de Tungurahua.
Adrenalina en Ambato
El abundante granizo blanquea las montañas del frente. Paola Lozada y Paúl Martínez sonríen en su selfie. La joven pareja corre por su empresa: Adrenalina Ambato, dedicada a vídeo y fotografía de turismo y deportes extremos.
Han visto de todo, aunque no olvidan cuando, en 2021, su dron captó la caída del todoterreno de Joffre Yazbeck, unos 200 metros más abajo. “Es lo más duro. Respiramos cuando, por la cámara, los vimos salir del barranco, por sus medios, poco a poco”.
Una legendaria Toyota Stout

A pocos metros del temerario correr de los coches, una legendaria Toyota Stout corona el asfalto, a nada del cielo. “Solo Dios es el dueño”, se lee en la estructura frontal de la capota. Ordenados en el cajón: sacos de papas, zanahorias, ocas y yerbitas que merendarán los conejos y cuyes.
“A 15 dólares el saco de papas”, dice Mike Quinde, uno de los hijos menores de la familia, que cuida la camioneta, sentado en el cajón de madera. En la caída de la montaña, con 72 años, Segundo Quispe trabaja azadón en mano. “Bonito el paso de los carros, nos alegran”, sonríe este gladiador de la montaña.
Jinetes galopando el cielo
Cuatro jinetes regresan luego de arrear el ganado hasta un insólito corral, un cuadrilátero cercado por zanjas cuyo trazado se aprecia perfecto. Cuando pasan por el asfalto -solo para volver al sendero montañoso-, los cascos de sus caballos repican en rítmico compás.

Son los otros protagonistas de la integración nacional que provoca el rally: esos ecuatorianos que, lejos de todo, al pie de las nubes y a pesar de todo, no abandonan su propia carrera por la vida. “Que sí, que se sobrevive, a Dios gracias”, dijo don Quispe, el papero de Los Andes.
Al otro lado de los sucesos, el Chimborazo viste de oro y plata. A ratos, el rey sol le gana a la bruma y pinta preciosas y fugaces acuarelas. Ha de ser ‘Taita’ Dios, iluminando la esperanza de esos compatriotas que habitan en las puertas del cielo.
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