
Qué son Las Siete Palabras de Jesús y cuándo se las recuerda en Semana Santa
Las Siete Palabras son un tesoro que invita a contemplar el misterio pascual y la imitación de Cristo en el sufrimiento
Las Siete Palabras de Jesús en la Cruz son las frases finales que pronunció el Señor mientras agonizaba en el Calvario, recopiladas de los cuatro Evangelios. Constituyen una devoción tradicional de la Iglesia Católica, que introduce a los fieles en los misterios centrales de la fe, como el perdón, la redención, el sufrimiento salvífico y la entrega total a Dios. Estas palabras resumen la misión de Cristo y enseñan las disposiciones que debemos tener ante la muerte.
Se meditan y celebran principalmente el Viernes Santo como un ejercicio de piedad característico de la Semana Santa. Sus raíces se remontan a las primeras tradiciones de la Iglesia, aunque la forma actual de la práctica fue tomando forma con el paso del tiempo.
Con el correr de los siglos, estas meditaciones se consolidaron en la vida devocional cristiana y se formalizaron especialmente a partir del siglo XVII, cuando comenzaron a celebrarse de manera más estructurada en distintas comunidades.
Aunque el Catecismo de la Iglesia Católica no menciona explícitamente la tradición de recordar estas palabras el Viernes Santo, sí recoge -en el numeral 2605- su profundo sentido espiritual.
Allí las presenta “como ejemplo de oración en el momento culminante de la Pasión. Cuando llega la hora de cumplir el plan amoroso del Padre, Jesús deja entrever la profundidad insondable de su plegaria filial, no solo antes de entregarse libremente, sino también en sus últimas palabras en la Cruz”.
Las Siete Palabras y su significado
- "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23,34). En ella, Jesús perdona y ora por sus enemigos, mostrando la misericordia divina incluso en el colmo del sufrimiento.
- "En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lc. 23,43). Perdona al pecador penitente (el buen ladrón), revelando la promesa de salvación inmediata para quien se arrepiente.
- "Mujer, ahí tienes a tu hijo... Hijo, ahí tienes a tu madre" (Jn. 19,26-27). Entrega lo más querido en la tierra (María) y nos da a María como Madre, constituyéndola Madre espiritual de la humanidad.
- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc. 15,34; Sal. 22,2). Nos enseña el sufrimiento de su alma, expresando el abandono sentido en unión con los pecadores.
- "Tengo sed" (Jn. 19,28). Revela el sufrimiento de su cuerpo, pero también una sed espiritual por las almas.
- "Todo está consumado" (Jn. 19,30). Muestra el cumplimiento de todas las profecías y la obra de la redención, completando el sacrificio por la salvación del mundo.
- "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc. 23,46). Expresa su perfecta resignación a la voluntad del Padre, modelo para nuestra muerte.
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