¿Las redes nos están volviendo indiferentes a la violencia? La reflexión que invita a detenerse
Cada video, imagen o publicación que compartimos influye en la forma en que percibimos la violencia y en la capacidad de reaccionar ante ella

Las redes moldean nuestra sensibilidad ante la violencia
Lo que debes saber:
- La exposición constante a contenido violento puede insensibilizar nuestra capacidad de reaccionar ante el sufrimiento ajeno.
- Los algoritmos favorecen el contenido que genera mayor impacto, pero los usuarios también tienen responsabilidad en su difusión.
- Recuperar el juicio crítico exige revisar de forma consciente la manera en que consumimos y compartimos información.
Pasa a veces que nos levantamos con una pierna o un brazo dormido. Es una de las sensaciones más extrañas: mientras dormimos, nos ponemos en una posición que insensibiliza una parte de nuestro cuerpo, al punto de no sentirla, como si no estuviera allí. Por suerte, nos pasa en nuestra casa al despertar, con suficiente tiempo para ponerlos en la posición correcta y esperar que la circulación regrese para recuperar el control.
Respecto a la forma en que consumimos contenido, pasa igual. En la forma actual de consumir información, nos hemos puesto en tal posición que nuestra atención ya no circula libremente. Somos insensibles a lo que sucede fuera de nuestros teléfonos; se nos ha adormecido el juicio y nuestra capacidad de respuesta en la realidad.
Cuando el consumo también nos vuelve cómplices
En este caso, no es una obstrucción lo que impide que la atención circule libremente en nuestro psiquismo, sino una apertura demasiado grande, un ensanchamiento de las vías que conducen nuestra atención hacia el placer, haciéndonos sentir que, en comparación, el camino que nos lleva al juicio y a la realidad es estrecho e incómodo.
El resultado, de todos modos, es el mismo: una parte de nosotros se insensibiliza. En el caso de la mala posición al dormir, por una cuestión fuera de nuestro control, en el caso de la manera en que consumimos medios, no. Porque en el placer, incluso en uno que parece tan pasivo como mirar, siempre somos parte activa y cómplice.
Las grandes empresas de tecnología conocen bien frente a qué somos débiles. El tan mencionado algoritmo, al que se le atribuyen capacidades grandiosas, no es más que un gran aprovechador de nuestra tendencia a consumir contenido bajo en pudor y alto en morbosidad. No es que haya detrás una gran ciencia, ni que seamos pobres víctimas cuya dopamina ha sido secuestrada, no nos ayudamos escondiéndonos detrás de nuestro cerebro.
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En el fondo, sabemos que algo no está bien en la forma en que usamos el teléfono y que somos participantes en la cadena de transmisión de contenido que sería mejor manejar con cuidado. Así como la sensibilidad se recupera con cierto displacer, habrá que pasar un momento un tanto desagradable hasta que encontremos otra manera de posicionarnos frente a la información que consumimos. Bien vale el precio de este displacer pasajero recuperar nuestro juicio.