Este 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha que busca reforzar la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Pero cuidar este órgano no depende únicamente de la alimentación o el ejercicio. El estrés crónico, la ansiedad, dormir poco y trabajar durante jornadas demasiado extensas también se han relacionado con la salud cardiovascular.. La evidencia científica ha encontrado conexiones entre la salud mental y el corazón. La American Heart Association (AHA) incluye el estrés crónico y la ansiedad entre los factores psicológicos negativos que pueden influir en la salud cardiovascular. A esto se suman las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los riesgos asociados con las jornadas laborales prolongadas. . Esto no significa que una noche sin dormir, un episodio de ansiedad o un día particularmente estresante provoquen por sí solos una enfermedad cardíaca. La relación es más compleja e involucra respuestas fisiológicas y cambios de comportamiento que, cuando se mantienen en el tiempo, pueden contribuir a elevar el riesgo cardiovascular. . Ante una situación de estrés, el organismo activa mecanismos que lo preparan para responder. El problema puede aparecer cuando esa respuesta se mantiene durante periodos prolongados.. La AHA explica que el estrés crónico puede relacionarse con cambios fisiológicos que afectan la salud cardiovascular. También puede favorecer comportamientos perjudiciales, como comer en exceso, fumar, dormir mal o reducir la actividad físic. La conexión no ocurre únicamente a través de los hábitos. El estrés prolongado puede modificar la liberación de hormonas relacionadas con la respuesta al estrés y está asociado con procesos como inflamación sistémica, presión arterial elevada y otras alteraciones que repercuten en la función cardiovascular. . La ansiedad no es únicamente una sensación emocional. La evidencia recopilada por la AHA muestra que existe una conexión entre la salud psicológica y la cardiovascular y que factores como la ansiedad, el estrés crónico y la depresión están asociados con una peor salud del corazón. . Los estados psicológicos negativos pueden activar respuestas fisiológicas que influyen en factores relacionados con la salud cardiovascular, entre ellos la presión arterial y distintos procesos inflamatorios y metabólicos. La AHA también reconoce vías conductuales y psicológicas que ayudan a explicar esta conexión. . Por ello, prestar atención al estrés o la ansiedad persistentes no solo es importante para el bienestar emocional. La salud psicológica forma parte de una visión integral de la prevención y el cuidado cardiovascular. . El sueño cumple una función esencial en la recuperación del organismo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan que los adultos de entre 18 y 60 años duerman siete o más horas al día. Para las personas de 61 a 64 años, la recomendación es de siete a nueve horas, mientras que a partir de los 65 años es de siete a ocho. . Dormir menos de siete horas de manera habitual está relacionado con problemas de salud que pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El CDC señala, por ejemplo, que durante el sueño normal la presión arterial disminuye; cuando existen problemas de sueño, puede permanecer elevada durante más tiempo. . No se trata únicamente de la cantidad. Entre sus recomendaciones para mantener un sueño saludable, el CDC aconseja acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora todos los días, incluidos los fines de semana. . Las jornadas laborales prolongadas también han sido estudiadas por su relación con la salud cardiovascular. Un análisis conjunto de la OMS y la OIT encontró que trabajar 55 horas o más por semana se asocia con un mayor riesgo de cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular, frente a jornadas de entre 35 y 40 horas semanales. Organización Mundial de la Salud. Según las estimaciones de ambos organismos, en 2016 unas 745.000 muertes por cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular fueron atribuibles a jornadas laborales prolongadas. De ese total, aproximadamente 398.000 correspondieron a accidentes cerebrovasculares y 347.000 a cardiopatía isquémica. . Los metaanálisis utilizados por la OMS y la OIT estimaron que trabajar al menos 55 horas semanales estaba asociado con un 35 % más de riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y un 17 % más de riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica, en comparación con trabajar entre 35 y 40 horas. . Las cifras corresponden a estimaciones poblacionales y no significan que una persona que trabaje más de 55 horas necesariamente desarrollará una enfermedad cardiovascular. Sí muestran que las jornadas excesivamente prolongadas constituyen un factor relevante dentro de la prevención de enfermedades del corazón.. El mensaje del Día Mundial del Corazón, por tanto, va más allá de comer mejor o hacer ejercicio. Dormir lo suficiente, atender la salud mental y evitar que las jornadas excesivas se conviertan en una constante también forman parte del cuidado cardiovascular.