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Trujillo: dirigente politico honesto
La muerte de Julio César Trujillo ha merecido los más elogiosos comentarios con excelsos calificativos, especialmente por su patriótica actuación los últimos 15 meses de su vida, como presidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, en cuya función enfrentó decidida y resueltamente los abusos y corruptelas cometidos en el anterior gobierno.
Ha dejado una gran lección sobre el rédito social que significa la gestión de un directivo político honesto, experimentado, con convicciones, que lucha por lo justo. La generación de su época le debe el haber reivindicado conductas políticas consecuentes con ideales y principios, que lamentablemente en la actualidad no están de moda. El Ecuador de nuestros días le debe un hondo reconocimiento por su aporte a la recuperación democrática e institucional del país, la gran mayoría de ecuatorianos aplaudió su actitud firme, sin falsedades ni acomodo. Obviamente aquello irrita a quienes se sienten evidenciados en su manejo deshonesto de los intereses públicos, lo cual explica el cobarde ultraje del que fue víctima en uno de sus últimos actos como funcionario del organismo que presidió.
Conocí a Julio César Trujillo en sus actividades parlamentarias. A su demostrada honestidad se agrega la de haber sido leal con sus ideas y su militancia política. Lo recuerdo defendiendo sin dobleces al gobierno de Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado; su lucha por defender la democracia le valió el destierro de un gobierno dictatorial militar. Con igual firmeza defendió causas como el reconocimiento de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, de organizaciones de trabajadores, siempre obrando con invariable probidad y apego a su conciencia.
Se destacó también en el ejercicio de la cátedra universitaria al más alto nivel. Constitucionalista probado, entregó un sólido aporte a la academia ecuatoriana, cuando una comisión de juristas del Conesup elaboró un apropiado proyecto de Constitución en los años 2007-2008, que no fue lo suficientemente valorado ni entendido por la Asamblea Constituyente de Montecristi de aquel año.